Escrito en inglés por Friedrich Engels y publicado sin firma en The Pall Mall Gazette (Londres), núm. 1854, del 21 de enero de 1871, como una de sus «Notas sobre la guerra» («Notes on the War»). Traducimos del original inglés, según la transcripción de Tony Brown del texto del periódico en el Marx-Engels Archive (marxists.org), cotejada con la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 17 (Berlín, 1962, pp. 243-246), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en inglés.

Ha sido una semana de lo más desgraciada para las armas francesas. Tras la derrota de Chanzy1 vino el rechazo de Bourbaki2 ante Belfort, y ahora llega el revés que, según los partes prusianos, acaba de sufrir Faidherbe3 delante de San Quintín.

Sobre el fracaso de Bourbaki no puede haber error. Desde el encuentro de Villersexel, el día 9, ha mostrado en sus movimientos una lentitud que indicaba o indecisión por parte del general o falta de fuerza por parte de las tropas. El ataque contra las posiciones atrincheradas que Werder4 había preparado para proteger el sitio de Belfort, al otro lado del Lisaine (o Isel en otros mapas), no empezó antes del 15, y en la tarde del 17 Bourbaki renunció a él, desesperado. Ahora ya no cabe duda de que la expedición se emprendió con fuerzas insuficientes. El 15.º Cuerpo se había dejado cerca de Nevers; del 19.º no sabemos nada desde hace un mes; las tropas traídas de Lyon se reducen a un cuerpo de ejército, el 24.º. Ahora oímos que se envían a toda prisa refuerzos considerables a Dijon, pero, frente a los fuertes refuerzos que llegan rápidamente al otro lado, no permitirán a Bourbaki reanudar de inmediato la ofensiva.

Cabe preguntarse si Bourbaki debía haber llevado a sus tropas jóvenes al asalto de posiciones atrincheradas defendidas con fusiles de retrocarga; pero todavía sabemos poco de las condiciones tácticas en que se libró el combate de tres días: puede que no pudiera obrar de otro modo.

Que el cuartel general prusiano no miró la expedición de Bourbaki con el mismo desdeñoso encogimiento de hombros que la mayoría de la gente aquí en Londres lo demuestra el extremo celo con que tomó medidas para hacerle frente. Esas medidas no dejan duda de que el movimiento de Bourbaki se conoció en Versalles en cuanto inició su marcha hacia el este, si no antes. El 2 de enero el 2.º Cuerpo recibió orden de marchar desde París en dirección sudeste, hacia la cuenca del Alto Sena. Por las mismas fechas, Zastrow5 dejó los alrededores de Metz con la 13.ª División en dirección a Châtillon. Inmediatamente después de la toma de Rocroi, el día 9, se ordenó a la 14.ª División (la otra que quedaba del 7.º Cuerpo de Zastrow) que marchara de Charleville hacia París y desde allí siguiera al 2.º Cuerpo; y ya el 15 encontramos a su vanguardia (un batallón del 77.º Regimiento) combatiendo cerca de Langres. Al mismo tiempo se enviaban a toda prisa tropas de la Landwehr6 desde Alemania hacia el sur de Alsacia, y es evidente que Manteuffel7 no debe su nuevo mando a otra causa que a este primer movimiento serio contra el punto más débil de toda la línea alemana. Si Bourbaki hubiera llevado fuerzas suficientes para derrotar a Werder, habría podido arrojarlo al valle del Rin, interponer la cadena de los Vosgos entre Werder y sus propias tropas y marchar con el grueso de sus fuerzas contra esos refuerzos, a los que habría podido atacar por separado a medida que llegaban de distintas direcciones. Habría podido avanzar hasta el ferrocarril de París a Estrasburgo, en cuyo caso es muy dudoso que hubiera podido mantenerse el cerco de París. Su derrota no prueba nada contra la estrategia de su movimiento: prueba solo que se llevó a cabo con fuerzas insuficientes. El autor de estas Notas sigue opinando que el plan más corto y más seguro para socorrer París es un ataque contra el ferrocarril de Estrasburgo a París, la única línea férrea directa que tienen los alemanes, pues ahora sabemos que la otra línea, por Thionville y Mézières, sigue impracticable, y lo seguirá todavía durante algún tiempo, por la voladura de un túnel en las Ardenas. Este es, dicho sea de paso, el segundo caso en esta guerra en que la demolición de un túnel paraliza un ferrocarril durante meses, mientras que la destrucción de puentes y viaductos se ha reparado en todos los casos en un tiempo increíblemente corto.

En cuanto a Chanzy, es evidente que cometió un error muy grande al aceptar siquiera una batalla campal. Tenía que estar al tanto del movimiento de Bourbaki desde hacía casi un mes; tenía que saber que ese era el verdadero movimiento para socorrer París y que entretanto podía caerle encima todo el peso del ejército de Federico Carlos.8 No estaba obligado a aceptar la batalla; al contrario, podía haber arrastrado a su adversario más lejos de lo que a este le convenía, con una retirada lenta y continuos combates de retaguardia como los que le dieron fama en diciembre. Tuvo tiempo de sobra para enviar sus almacenes a lugares seguros, y podía elegir entre retirarse a Bretaña, con sus puertos de guerra fortificados, o, por Nantes, al sur del Loira. Además, Federico Carlos, con todas sus fuerzas, no habría podido seguirlo muy lejos. Una retirada militar de ese tipo habría estado más en consonancia con lo que hasta ahora sabemos de Chanzy; y como tenía que saber que los nuevos refuerzos que había recibido aún no estaban en condiciones de librar una acción general, ni por equipo, ni por armamento, ni por disciplina, no podemos sino llegar a la conclusión de que la batalla delante de Le Mans se libró no por razones militares, sino políticas, y que el responsable no es Chanzy, sino Gambetta.9 En cuanto a la retirada de Chanzy ahora, la derrota anterior la hace, desde luego, mucho más difícil; pero Chanzy sobresale en las retiradas y, hasta el momento, los vencedores no parecen haber dañado de manera sustancial la cohesión de su ejército. De otro modo tendrían pruebas tangibles que mostrar de su afirmación de que ese ejército «da señales de disolución». No es seguro que la retirada del ejército de Chanzy sea realmente excéntrica. En todo caso, del hecho de que una parte de sus tropas se haya retirado hacia Alençon y otra hacia Laval no se sigue necesariamente que la primera vaya a ser empujada a la península del Cotentin, hacia Cherburgo, y la otra a la de Bretaña, hacia Brest. Como la flota francesa puede ir de vapor de un puerto al otro en pocas horas, ni siquiera eso sería un desastre grave. En Bretaña, el terreno, con sus numerosos setos espesos (tan espesos como los de la isla de Wight, solo que mucho más abundantes), se presta extraordinariamente a la defensa, sobre todo por tropas bisoñas, cuya inferioridad casi desaparece allí. No es probable que Federico Carlos se enrede en un laberinto donde los ejércitos de la Primera República lucharon durante años contra una simple insurrección campesina.10

La conclusión a la que hemos de llegar sobre toda la campaña de enero es esta: que los franceses la perdieron en todas partes por intentar hacer demasiadas cosas distintas a la vez. Solo pueden esperar vencer concentrando sus masas en un punto, a riesgo de verse rechazados temporalmente en los demás, donde, por supuesto, deben evitar las batallas campales. Si no lo hacen, y pronto, puede darse París por perdido. Pero si obran según este viejo principio acreditado, todavía pueden vencer, por negras que se les pongan hoy las cosas. Los alemanes han recibido ya todos los refuerzos que pueden esperar para los tres meses próximos, mientras que los franceses deben de tener en sus campamentos de instrucción por lo menos de doscientos a trescientos mil hombres, que en ese tiempo estarán preparados para hacer frente al enemigo.

  1. Antoine Chanzy (1823-1883), general francés, jefe del 2.º Ejército del Loira, derrotado en la batalla de Le Mans (10-12 de enero de 1871). ↩

  2. Charles-Denis Bourbaki (1816-1897), general francés, jefe del Ejército del Este, rechazado en la batalla del Lisaine (15-17 de enero de 1871). ↩

  3. Louis Faidherbe (1818-1889), general francés, jefe del Ejército del Norte, derrotado en San Quintín el 19 de enero de 1871. ↩

  4. August von Werder (1808-1887), general prusiano, jefe del 14.º Cuerpo, que operaba en el este de Francia. ↩

  5. Heinrich von Zastrow (1801-1875), general prusiano, jefe del 7.º Cuerpo. ↩

  6. La reserva territorial del ejército prusiano. ↩

  7. Edwin von Manteuffel (1809-1885), general prusiano, puesto en enero de 1871 al frente del nuevo Ejército del Sur, formado para hacer frente a Bourbaki. ↩

  8. Federico Carlos de Prusia (1828-1885), sobrino del rey Guillermo I, jefe del II Ejército alemán. ↩

  9. Léon Gambetta (1838-1882), ministro del Interior y de la Guerra del Gobierno de la Defensa Nacional, cuya delegación estaba entonces en Burdeos. ↩

  10. La insurrección realista de la Vendée y la chouannerie (1793-1796 y años siguientes) en el oeste de Francia. ↩