Escrito en inglés por Friedrich Engels y publicado sin firma en The Pall Mall Gazette (Londres), núm. 1858, del 26 de enero de 1871, como una de sus «Notas sobre la guerra» («Notes on the War»). Traducimos del original inglés, según la transcripción de Tony Brown del texto del periódico en el Marx-Engels Archive (marxists.org), cotejada con la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 17 (Berlín, 1962, pp. 247-249), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en inglés.
Estamos otra vez en un período crítico de la guerra, que puede resultar ser el período crítico. Desde el momento en que supimos que el Gobierno había racionado el pan en París, ya no podía caber duda de que había llegado el principio del fin. Cuánto tardaría en seguirle la oferta de rendición era una mera cuestión de detalle. Suponemos, pues, que se piensa rendir a unos 220.000 sitiadores una fuerza sitiada de unos 500.000 hombres armados, en las condiciones que los sitiadores tengan a bien imponer. Está por ver si será posible llevarlo a cabo sin otra lucha; en todo caso, una lucha así no podría alterar sustancialmente el estado de cosas. Que París resista otras dos semanas, o que una parte de esos 500.000 hombres armados consiga abrirse camino a través de las líneas del cerco, no afectará mucho al curso ulterior de la guerra.
No podemos dejar de hacer responsable principal de este desenlace del sitio al general Trochu.1 Desde luego, no era el hombre que podía formar un ejército con el material, sin duda excelente, que tenía en sus manos. Tuvo casi cinco meses para hacer soldados de sus hombres; y sin embargo, al final, no parecen combatir mejor que al principio del sitio. La última salida desde el Valérien2 se llevó a cabo con mucho menos empuje que la anterior a través del Marne; parece haber en ella bastante de exhibición teatral y poco de la rabia de la desesperación. No sirve decir que las tropas no estaban en condiciones de lanzarse al asalto de parapetos guarnecidos por veteranos alemanes. ¿Por qué no lo estaban? Cinco meses son tiempo suficiente para hacer soldados muy respetables de los hombres que Trochu tenía a sus órdenes, y no hay circunstancias más adecuadas para ese fin que las del sitio de un gran campo atrincherado. Sin duda, después de las salidas de noviembre y diciembre, los hombres se habían desanimado; pero ¿era porque conocían su inferioridad frente a sus adversarios, o porque habían perdido toda fe en la pretendida determinación de Trochu de llevar la lucha hasta el final? Todos los informes de París coinciden en atribuir la falta de éxito a la falta de confianza de los soldados en el mando supremo. Y con razón. Trochu, no debemos olvidarlo, es orleanista,3 y como tal vive con un miedo físico a La Villette, a Belleville y a los demás barrios «revolucionarios» de París. Los temía más que a los prusianos. No se trata de una mera suposición o deducción nuestra. Sabemos, por una fuente que no admite duda, de una carta enviada desde París por un miembro del Gobierno en la que se dice que por todas partes se apremiaba a Trochu para que tomara enérgicamente la ofensiva, pero que él se negaba una y otra vez, porque ese camino podía entregar París a los «demagogos».
La caída de París parece, pues, ya casi segura. Será un golpe duro para la nación francesa, inmediatamente después de San Quintín, Le Mans y Héricourt, y su efecto moral en estas circunstancias será muy grande. Además, se avecinan en el sudeste acontecimientos que pueden convertir ese golpe en moralmente aplastante. Bourbaki4 parece demorarse en los alrededores de Belfort de un modo que da a entender que no comprende en absoluto su situación. El 24.º Cuerpo, al mando de Bressolles,5 estaba todavía el 24 en Blâmont, a unas doce millas al sur de Montbéliard y muy cerca de la frontera suiza; y aun suponiendo que fuera la retaguardia de Bourbaki, no es de esperar que los otros dos cuerpos que llevaba consigo estuvieran lejos. Entretanto, vemos que destacamentos prusianos habían cortado ya el 21, en Dole, el ferrocarril entre Besanzón y Dijon; que desde entonces han ocupado Saint-Vit,6 otra estación de la misma línea más cercana a Besanzón, y que así limitan la retirada de Bourbaki hacia Lyon a la estrecha franja entre el Doubs y la frontera suiza, una región de cadenas montañosas y valles longitudinales paralelos donde una fuerza relativamente pequeña puede encontrar muchas posiciones desde las que detener la retirada de un ejército como el que ha demostrado ser el de Bourbaki. Suponemos que esos destacamentos del Doubs son la 13.ª División del 7.º Cuerpo de Zastrow,7 o quizá una parte del 2.º Cuerpo de Fransecky,8 que apareció el 23 en Dijon. El 60.º Regimiento, que con el 21.º forma la 8.ª Brigada (o 4.ª Brigada del 2.º Cuerpo), fue rechazado delante de esa ciudad por Garibaldi9 y perdió su bandera.10 Como Garibaldi no tiene a lo sumo más que 15.000 hombres, no podrá sostener la ciudad frente a las fuerzas superiores que con seguridad habrán llegado entretanto ante ella. Será rechazado, y el avance prusiano continuará hacia el Doubs y más allá. A menos que Bourbaki haya aprovechado bien entretanto las piernas de sus hombres, puede verse empujado con todo su ejército dentro de la fortaleza de Besanzón, para repetir lo de Metz, o a un rincón del Jura pegado al territorio suizo, y obligado a deponer las armas a uno u otro lado de la frontera. Y aunque escapara con la mayor parte de sus tropas, es casi seguro que tendrá que sacrificar gran número de rezagados, mucho bagaje y quizá artillería.
Después de los tres días de combate en Héricourt, Bourbaki no tenía nada que hacer ni un día más en su posición expuesta cerca de la frontera, con refuerzos prusianos en marcha hacia sus comunicaciones. Sus intentos de socorrer Belfort habían fracasado; había desaparecido toda posibilidad de un nuevo movimiento ofensivo en esa dirección; su posición se volvía cada día más peligrosa, y solo una rápida retirada podía salvarlo. Según todas las apariencias, también ha descuidado eso, y si su imprudencia condujera a un segundo Sedan, el golpe para el pueblo francés podría ser moralmente abrumador.
Moralmente, decimos, porque materialmente no tiene por qué serlo. Alemania no está, ni mucho menos, tan agotada como pretende Gambetta,11 pero Alemania despliega en este mismo momento una fuerza absoluta y relativa mayor de la que volverá a desplegar en muchos meses. Durante algún tiempo, las fuerzas alemanas tendrán que disminuir, mientras que nada impide que las fuerzas francesas, incluso después de la rendición de la guarnición de París y de Bourbaki, si se llegara a eso, vuelvan a aumentar. Los propios prusianos parecen haber renunciado a toda esperanza de poder conquistar y ocupar Francia entera; y mientras el bloque compacto de territorio del sur siga libre, y mientras en el norte no se abandone la resistencia, pasiva y ocasionalmente activa (como la voladura del puente del Mosela cerca de Toul),12 no vemos cómo puede obligarse a Francia a ceder, a menos que esté cansada de la guerra.
Louis-Jules Trochu (1815-1896), general francés, gobernador militar de París y presidente del Gobierno de la Defensa Nacional. ↩
El fuerte del Mont-Valérien, al oeste de París, desde el que partió la salida de Buzenval del 19 de enero de 1871. ↩
Partidario de la casa de Orleans, la rama menor de los Borbones que reinó en Francia con Luis Felipe (1830-1848). ↩
Charles-Denis Bourbaki (1816-1897), general francés, jefe del Ejército del Este. ↩
Charles Bressolles (1816-1898), general francés, jefe del 24.º Cuerpo. ↩
En el original, «St. Vith», nombre de una ciudad belga; la versión alemana de la MEW da «St. Vit». ↩
Heinrich von Zastrow (1801-1875), general prusiano, jefe del 7.º Cuerpo. ↩
Eduard von Fransecky (1807-1890), general prusiano, jefe del 2.º Cuerpo. ↩
Giuseppe Garibaldi (1807-1882) mandaba el Ejército de los Vosgos, formado por voluntarios franceses y extranjeros, que defendía Dijon. ↩
La bandera que los garibaldinos tomaron en Dijon el 23 de enero de 1871 era la del 61.º Regimiento prusiano. ↩
Léon Gambetta (1838-1882), ministro del Interior y de la Guerra del Gobierno de la Defensa Nacional. ↩
El puente del ferrocarril sobre el Mosela en Fontenoy, cerca de Toul, volado por francotiradores el 22 de enero de 1871. ↩