Escrito por Karl Marx en Londres el 21 de julio de 1872. Publicado en Der Volksstaat (Leipzig), n.º 60, 27 de julio de 1872. Traducimos del texto de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 18 (Berlín, 1962, pp. 105-107), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. La nota de Marx va señalada; las demás son nuestras. Texto original en alemán.

La prensa capitalista alemana os exige que renunciéis a vuestras reivindicaciones de turno de ocho horas y de un 25 por ciento de aumento del salario y que volváis al trabajo, para que la industria alemana no se vea obligada a traer el carbón de Inglaterra y el dinero alemán no se vaya así al extranjero en lugar de pagar trabajo alemán.1

Es la eterna cantinela lastimera de los burgueses en cuanto los obreros se ponen en pie por su cuenta e intentan arrancar alguna reivindicación. En Inglaterra, donde esta vieja canción suena ya desde hace cerca de cuarenta años, nadie le hace caso. Pero en el caso presente merece la pena demostrar que la prensa capitalista quiere engañaros deliberadamente cuando os cuenta que a los dueños de fundiciones y a los fabricantes les basta con escribir a Inglaterra para recibir todo el carbón que quieran.

En Inglaterra el consumo de carbón ha aumentado desde 1869 de una manera nunca vista, por el auge general de la industria inglesa que se ha producido desde entonces, el aumento de las fábricas, el mayor consumo de los ferrocarriles y el rapidísimo crecimiento de la navegación marítima a vapor; pero sobre todo por la colosal expansión de la industria del hierro, que en los tres últimos años ha superado con mucho todos los periodos anteriores de prosperidad. El Daily News, periódico capitalista liberal (número del 15 de julio de este año), dice a este respecto:

«Una de las causas principales de la actual carestía del carbón es sin duda el súbito y extraordinario auge de la industria del hierro. El norte de Inglaterra suministra aproximadamente la cuarta parte de todo el carbón que se extrae en el país. Gran parte de él va a Londres y al sur y al este de Inglaterra; mucho se emplea también en los barcos de vapor; pero recientemente el desarrollo de las fundiciones de hierro de Cleveland» (muy cerca de las minas) «ha creado una súbita demanda local de carbón. El crecimiento de una rama de negocio que hoy consume seguramente no menos de cinco o seis millones de toneladas2 al año dio, como es natural, un impulso enorme a la extracción de carbón. A ello se añadió el rápido auge del distrito de mineral de hierro hematites de la costa occidental. Los altos hornos de Cumberland y de Lancashire se abastecen de combustible casi exclusivamente en la cuenca hullera de Durham y necesitan, según un cálculo moderado, millón y medio de toneladas al año. Los nuevos altos hornos en construcción, solo en el norte de Inglaterra, necesitarán tres cuartos de millón de toneladas al año. A esto se suman nuevos trenes de laminación y nuevos altos hornos en la costa occidental. No es, pues, extraño que la cuestión del combustible se convirtiera pronto en una cuestión vital en todo el norte de Inglaterra, y se comprende que los precios del carbón subieran rápidamente. En el sur de Staffordshire, en Escocia, en el sur de Gales, en Derbyshire, en el oeste de Yorkshire y en otras regiones, las mismas causas produjeron alzas del precio del carbón».

En estas circunstancias, los mineros ingleses hicieron lo mismo que vosotros: pidieron salarios más altos y una jornada más corta. Los propietarios de minas ingleses, muy superiores como siempre a sus competidores alemanes en inteligencia y en experiencia del mundo, no se opusieron en serio, sino que concedieron todas las reivindicaciones. Escuchad lo que sigue contando el Daily News:

«De cuando en cuando se subía el salario… Los mineros pidieron además una reducción sistemática de la jornada. Los expertos afirman ahora que un obrero extrae hoy solo los 3/5 de la cantidad de carbón que extraía antes, con el negocio flojo y salarios más bajos. Podría contratarse para ello a más obreros, pero precisamente no se encuentran de momento. Es verdad que se ha hecho venir a algunos de los distritos agrícolas; pero los picadores necesitan un largo aprendizaje, y el remedio solo puede llegar aquí lenta y gradualmente. Por el momento, los obreros han impuesto en algunas regiones la limitación de la jornada a ocho horas diarias, mientras que en todas partes los aumentos de salario se suceden tan deprisa que no parece quedar otra salida que precios del carbón más altos».

A esto se añade otra circunstancia. Las capas superiores de carbón están agotadas en casi toda Inglaterra, y hay que explotar cada vez a mayor profundidad. Escuchad de nuevo el artículo del Daily News:

«Los mejores yacimientos de estas valiosas capas de carbón del sur de Staffordshire han sido vaciados. En muchas partes de esta comarca, antes tan rica en carbón, las minas están agotadas, y las escombreras se convierten cada vez más de nuevo en tierras de labor y de pasto, aunque todavía hay miles de acres» (de escombreras) «yermos. Sin embargo, los recursos del distrito no se han agotado todavía. Se abren pozos más profundos alrededor de la antigua cuenca… Pero tal como están las cosas, incluso con los medios más modernos resulta cada vez más costoso subir el carbón, a lo que se añade que las minas quedan más lejos de las fundiciones… Lo que hemos dicho del sur de Staffordshire vale para muchas otras regiones. El carbón hay que sacarlo de mayor profundidad y transportarlo a grandes distancias hasta su destino».

La consecuencia es que los precios del carbón, para entrega a pie de mina, «se han duplicado», como dice el Daily News, y que se ha producido una verdadera penuria de carbón que ocupa la atención de todo el país. Otro periódico, el principal periódico económico de los capitalistas ingleses, The Economist del 13 de julio, dice:

«Desde comienzos de este año el carbón no ha dejado de subir de precio, hasta estar ahora entre un 60 y un 100 por ciento más caro que hace un año… Antes de que pasen una o dos semanas el alza puede superar con mucho el 100 por ciento, sin que haya ningún signo serio de que no vaya a seguir aumentando. La exportación de carbón en junio de este año fue de 1.108.000 toneladas, o un 4 por ciento más que en junio del año pasado, pero su valor fue de 758.000 libras esterlinas, o un 53 por ciento más. Este año el valor del carbón exportado en junio fue en promedio de 13 chelines y 9 peniques» (o 4 táleros y 17 1/2 groschen) «por tonelada; el año pasado, de 9 chelines y 4 peniques» (o 3 táleros y 3 1/2 groschen).

The Spectator, un tercer periódico capitalista (20 de julio), señala también que en Londres el buen carbón doméstico ha subido de 23 chelines, o 7 táleros y 20 groschen, a 35 chelines, u 11 táleros y 20 groschen.

Por estos hechos podéis ver lo que valen las amenazas de los dueños de fundiciones y de los fabricantes de traer su carbón de Inglaterra. El señor Alfred Krupp puede dictar todos los ucases que quiera:3 el carbón inglés tendrá que pagarlo más caro que el del Ruhr, y está muy por ver que llegue siquiera a conseguirlo.

En mi calidad de secretario del Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores para Alemania, he considerado un deber poner estos hechos en vuestro conocimiento.

Karl Marx

Londres, 21 de julio de 1872

  1. Desde junio de 1872 miles de mineros de la cuenca del Ruhr, en torno a Essen, estaban en huelga por el turno de ocho horas y un aumento del 25 por ciento; la huelga, una de las mayores vistas hasta entonces en Alemania, terminó a finales de julio sin lograr sus objetivos. ↩

  2. (Nota de Marx.) La tonelada inglesa equivale casi exactamente a 2.000 libras aduaneras o a 1.000 kilogramos. ↩

  3. Alfred Krupp (1812-1887), dueño de la gran fábrica de acero y de cañones de Essen, se dirigía a sus obreros con reglamentos y proclamas de tono autoritario. Ucase: decreto del zar. ↩