Escrita en italiano por Friedrich Engels en Londres el 11 de diciembre de 1872 y publicada en La Plebe (Lodi), n.º 122, del 14 de diciembre de 1872, como cuarta de sus «Cartas desde Londres». El subtítulo es de los editores de la MEW. El original italiano no está disponible en una edición libre; traducimos de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 18 (Berlín, 1962, pp. 191-193), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Londres, 11 de diciembre de 1872

El proceso que el Gobierno inglés ha seguido contra los oradores del mitin irlandés de Hyde Park ha atraído sobre su cabeza una fuerte tormenta. Es cierto que el juez de paz ha impuesto a los acusados una multa de cinco libras esterlinas, pero la vista ha demostrado en varios aspectos la completa ilegalidad de la nueva ordenanza sobre los parques públicos, de modo que el tribunal de apelación, en cuyas manos está ahora el proceso, tendrá que absolver a los acusados.

Y eso no es todo: desde aquel primer mitin no pasa un domingo sin reuniones públicas en Hyde Park, y el Gobierno no se atreve a molestar ni a uno solo de los oradores. Una vez se celebró allí una reunión en favor de los policías, que se habían declarado en huelga; otra vez se celebró el mitin simplemente para afirmar el derecho de reunión en los parques.

¿Una huelga de policías?, preguntaréis. Pues sí, señores: Inglaterra es un país endiablado, en el que la huelga se mete por todas partes. Recuerdo que hace quince años los policemen de Manchester hicieron una huelga por un aumento de salario que a los dos días ya había terminado con un éxito completo. Hace unas semanas, los policías de esta capital amenazaron con la huelga porque se les había negado un aumento de salario de alrededor del 20 %. En el último momento, el Gobierno juzgó prudente conceder todas sus reivindicaciones, pero en represalia castigó al secretario de la sociedad de resistencia que habían formado esos agentes; y como este no quiso someterse al castigo impuesto, fue destituido. Entonces empieza un movimiento de protesta en las filas de la policía y se anuncia la reunión de Hyde Park; el Gobierno vuelve a ceder y amnistía a los rebeldes antes incluso de que se celebre la reunión, aunque con excepción del citado secretario. Esto prueba cómo en Inglaterra, bajo una apariencia del todo aristocrática, el espíritu burgués lo ha penetrado todo. En efecto, ¿qué otra nación es tan burguesa que pueda permitirse sociedades de resistencia y huelgas de policías?

Las noticias que nos llegan sobre la actitud de las distintas federaciones de la Internacional ante las resoluciones del Congreso de La Haya son muy satisfactorias. En Holanda (cuyos delegados habían votado con la minoría) se han adoptado en un congreso regional resoluciones que responden al verdadero espíritu de la gran Asociación. Se ha decidido allí actuar de acuerdo con los estatutos y los reglamentos administrativos del Consejo General de Nueva York, reservándose, por lo demás, el derecho de presentar las objeciones que se juzguen necesarias al congreso general que debe celebrarse en septiembre de 1873, y no reconocer a ningún otro congreso el derecho de decidir sobre los intereses generales de la Asociación.

También en España, donde los jefes de la minoría de La Haya creían ser dueños absolutos de la situación, el buen sentido de los obreros se abre paso. Los partidarios de la Alianza que están a la cabeza del Consejo Federal han convocado un congreso regional en Córdoba para el 25 de diciembre. Según el orden del día adoptado en el anterior Congreso de Zaragoza, ese congreso debería ocuparse de poner la organización federal española de acuerdo con las resoluciones que adopte el congreso general de la Internacional. Pero el Consejo Federal, por el contrario, ha puesto en el orden del día la elección entre las resoluciones del Congreso de La Haya de la Internacional y las del congreso de la Anti-Internacional de Saint-Imier.1 Eso es una violación flagrante de los Estatutos Generales. Y por eso la Nueva Federación Madrileña ha dirigido un llamamiento a todas las federaciones verdaderamente internacionales (las que reconocen los Estatutos Generales y las resoluciones de los congresos) para elegir un nuevo Consejo Federal provisional. A esa invitación se han adherido ya federaciones y secciones importantes, como las de Lérida, Badalona, Denia, Pont de Vilumara; además, las federaciones de Gracia, Toledo, Alcalá y gran número de las de Cádiz y Valencia se han declarado contra el actual Consejo Federal. En Gracia, un suburbio industrial de Barcelona, la federación local, que cuenta con 500 hombres, tras una discusión de tres noches con los aliancistas de Barcelona, aceptó por unanimidad todas las resoluciones de La Haya y decidió reprobar a los delegados españoles por su actitud en el último congreso general. En Valencia, el mismo Consejo Federal se vio en peligro de ser derrotado en la asamblea general, de modo que impidió una votación que podía resultarle desfavorable; el asunto acabó en escisión. En España estamos solo al principio de este camino; dentro de unas semanas el movimiento será lo bastante fuerte para demostrar que los obreros españoles no quieren permitir que se desorganice la Internacional en beneficio de los jefes de unas cuantas sociedades secretas.

En el Congreso de La Haya se habló de un tal Bousquet, secretario de la comisaría de policía de Béziers, que se había infiltrado en las filas de la Internacional, aunque ya había sido expulsado de ella por el anterior Consejo General a propuesta de su sección. Este buen hombre, al que después el señor Thiers ascendió a sargento de policía en su ciudad, ha encontrado un defensor en el n.º 21 del Bulletin Jurassien. No hay que asombrarse mucho de ello, después de que de las filas de la Federación del Jura hayan salido los buenos Albert Richard y Gaspard Blanc, hoy secuaces del señor Luis Napoleón.2

F. Engels

  1. El congreso celebrado en Saint-Imier (Suiza) el 15 y 16 de septiembre de 1872 por los partidarios de Bakunin, con delegados del Jura, Italia, España y Francia, que rechazó las resoluciones de La Haya. ↩

  2. Albert Richard (1846-1925) y Gaspard Blanc, bakuninistas de Lyon, participantes en el intento de insurrección de septiembre de 1870 en esa ciudad, que en 1872 publicaron un folleto en favor de la restauración del Imperio de Luis Napoleón Bonaparte. ↩