Escrita en italiano por Friedrich Engels en Londres el 14 de noviembre de 1872 y publicada en La Plebe (Lodi), n.º 117, del 17 de noviembre de 1872, como tercera de sus «Cartas desde Londres». El subtítulo es de los editores de la MEW. El original italiano no está disponible en una edición libre; traducimos de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 18 (Berlín, 1962, pp. 188-190), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Londres, 14 de noviembre [de 1872]

El Gobierno liberal inglés mantiene actualmente en sus cárceles nada menos que a 42 presos políticos irlandeses,1 a los que trata no solo como a ladrones y asesinos, sino mucho peor, con una crueldad del todo extraordinaria. En los buenos tiempos del rey Bomba,2 el señor Gladstone, jefe del actual ministerio liberal, emprendió un viaje por Italia y visitó en Nápoles a los presos políticos; de vuelta a Inglaterra, publicó un folleto en el que denunciaba ante Europa al Gobierno napolitano por el trato indigno que daba a los presos políticos.

Eso no impide al mismo señor Gladstone tratar de la misma manera a los condenados políticos irlandeses que todavía tiene bajo siete llaves. Los internacionalistas irlandeses de Londres decidieron organizar en Hyde Park (el parque público más extenso de Londres, donde en las épocas agitadas se celebran todas las grandes reuniones públicas) una manifestación monstruo por una amnistía general. Se pusieron en contacto con todas las sociedades democráticas de Londres y formaron un comité del que formaban parte, entre otros, Mac Donnel (irlandés), Murray (inglés) y Lessner (alemán), todos ellos miembros del anterior Consejo General de la Internacional.3

Surgió una dificultad. En la última legislatura del Parlamento, el Gobierno había hecho aprobar una ley que le daba derecho a regular mediante ordenanzas las reuniones públicas en los parques de Londres.4 Se valió de ella e hizo fijar una ordenanza que obligaba a quienes tuvieran intención de celebrar una de esas reuniones públicas a comunicarlo por escrito a la policía con dos días de antelación, indicando los nombres de los oradores. Esa ordenanza, cuidadosamente ocultada a la prensa londinense, suprimía de un plumazo uno de los derechos más queridos por el pueblo trabajador de Londres: el derecho a celebrar reuniones públicas en los parques cuando quisiera y como quisiera. Someterse a esa ordenanza habría significado renunciar al derecho del pueblo.

Los irlandeses, que forman el elemento más revolucionario de la población, no eran hombres capaces de semejante debilidad. El comité decidió por unanimidad hacer como si desconociera la existencia de la ordenanza y celebrar su reunión a despecho del Gobierno.

El domingo pasado, hacia las tres, dos cortejos interminables, con bandas de música y banderas, se dirigieron a Hyde Park. Las bandas tocaban canciones nacionales irlandesas y La Marsellesa; casi todas las banderas eran irlandesas (verdes, con un arpa de oro en el centro) y rojas. A la entrada del parque había pocos policías, de modo que los cortejos pudieron entrar sin encontrar ninguna resistencia, se reunieron en el lugar fijado y empezaron los discursos.

Había allí al menos treinta mil asistentes, de los que, calculando por lo bajo, la mitad llevaba una cinta verde o una hoja verde en el ojal de la chaqueta para manifestar su nacionalidad irlandesa; los demás eran ingleses, alemanes, franceses. La multitud era demasiado numerosa para poder oír los discursos, y por eso se organizó, junto al primero, un segundo mitin, en el que otros oradores hablaron sobre la misma causa. Se aprobaron resoluciones enérgicas que exigían una amnistía general y la abolición de las leyes de excepción que imponían a Irlanda un estado de sitio permanente. Hacia las cinco volvieron a formarse los cortejos y la multitud abandonó el parque después de haber pisoteado la ordenanza del ministerio Gladstone.

Es la primera vez que se celebra en Hyde Park una manifestación irlandesa, y tuvo un gran éxito: ni siquiera la prensa burguesa de Londres pudo negarlo. Es la primera vez que los elementos ingleses e irlandeses de nuestra población se unen cordialmente. Esos dos elementos de la clase obrera, cuya enemistad mutua servía de maravilla a los intereses del Gobierno y de las clases ricas, se dan ahora la mano; y este hecho feliz lo debemos sobre todo a la influencia del anterior Consejo General de la Internacional, que siempre había dirigido todos sus esfuerzos a preparar la alianza entre los obreros de las dos naciones sobre la base de una completa igualdad. La reunión del 3 de noviembre abrirá una nueva era en el movimiento obrero de Londres.

Pero, diréis, ¿qué hace el Gobierno? ¿Se resignará así como así a que se le trate de esta manera? ¿Dejará que se pisotee impunemente su ordenanza?

Pues bien, lo que ha hecho es esto: junto a la tribuna de Hyde Park había apostado a dos comisarios de policía con dos agentes, que anotaron los nombres de los oradores. Al día siguiente, los dos comisarios denunciaron a los oradores ante el juez de paz. El juez los ha citado y tendrán que comparecer ante él el próximo sábado. Este modo de proceder demuestra de sobra que no se quiere montarles un gran proceso. Parece que el Gobierno se tragará la derrota que le han infligido los irlandeses o, como se dice aquí, los fenianos,5 y se contentará con una pequeña multa. En cualquier caso, la vista será interesante, y os informaré de ella en una de mis próximas cartas. Pero desde ahora es completamente seguro que los irlandeses, gracias a su energía, han salvado el derecho del pueblo de Londres a reunirse en los parques cuando y como quiera.

F. Engels

  1. Fenianos condenados tras el levantamiento de 1867 y los procesos de los años siguientes. La campaña por su amnistía, que el Consejo General de la Internacional apoyó en 1869, seguía abierta. ↩

  2. Apodo de Fernando II, rey de las Dos Sicilias (1830-1859), por el bombardeo de las ciudades sublevadas en 1848. Gladstone visitó las cárceles de Nápoles en el invierno de 1850-1851 y publicó en 1851 sus Two Letters to the Earl of Aberdeen sobre los procesos políticos del Gobierno napolitano. ↩

  3. Joseph Patrick MacDonnell (1847-1906), feniano irlandés, secretario para Irlanda del Consejo General en 1871-1872; Charles Murray, zapatero, y Friedrich Lessner (1825-1910), sastre, antiguo miembro de la Liga de los Comunistas, ambos miembros del Consejo General. ↩

  4. La Parks Regulation Act de 1872. ↩

  5. Los fenianos, miembros de la Hermandad Republicana Irlandesa, organización secreta fundada en 1858 que luchaba por la independencia de Irlanda. ↩