Escrito en inglés por Friedrich Engels el 22 o el 23 de abril de 1872. Publicado sin firma en The Eastern Post (Londres), n.º 187, 27 de abril de 1872. Traducimos del texto del periódico, transcrito por Tony Brown para el Marxists Internet Archive, cotejado con la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 18 (Berlín, 1962, pp. 77-78), por la Escuela de marxismo, 2026. El título es de los editores. Las notas son nuestras. Texto original en inglés.

Se sabe desde hace algún tiempo que los gobiernos de Alemania, Austria e Italia han urdido una conjura para dar caza a los internacionales. Cómo funciona esa conjura puede verse por los hechos siguientes. Un destacado miembro de la Internacional en Milán, el ciudadano Theodor Cuno,1 prusiano de nacimiento e ingeniero, que había perdido su puesto en un gran taller de maquinaria, fue detenido el 25 de febrero, y le fueron incautados todos sus papeles y todas las fotografías que tenía (incluida la de su padre, etc.). Lo trasladaron encadenado a Verona, donde lo tuvieron preso casi un mes entre ladrones y asesinos, y tratado exactamente como ellos, mientras sus papeles se enviaban a Roma para que los examinaran. El 29 de marzo, encadenado a un delincuente común, lo llevaron a la frontera y lo entregaron a las autoridades austriacas. Allí se le permitió por primera vez conocer el motivo de todo aquello. ¡Cuál no sería su asombro al leer que lo habían detenido porque

«estaba en Milán ocioso, como vagabundo y sin medios de subsistencia, y era además un peligroso agente del partido socialista internacional, y por todas estas razones se le expulsaba del reino de Italia»!

Pues bien, lejos de estar ocioso, el 1 de marzo debía haber entrado a ocupar un puesto muy lucrativo en Como como director de una fábrica, y lejos de estar sin medios de subsistencia, ¡las autoridades italianas, al despedirse de él, tuvieron que entregarle 111 francos de su propio dinero! Los austriacos no lograron explicarse esta contradicción, pero, en vez de dejarlo libre, lo pusieron a cargo de un policía que tenía que acompañarlo, a costa del propio Cuno, hasta la frontera bávara; y así Cuno no solo tuvo que pasar otras siete noches en la cárcel, sino también gastarse la mayor parte de su dinero. En la frontera bávara, gracias sin duda a la falta de instrucciones adecuadas, y también a la llana estupidez de la policía bávara, consiguió saber que se había enviado un telegrama a sus parientes, y al recibirse una respuesta satisfactoria lo pusieron por fin en libertad. Parece, pues, que la liga policial europea contra la Internacional es una realidad. A Cuno se le podía haber llevado a la frontera suiza y dejado allí en libertad; pero no: había que entregarlo a los austriacos, y estos a los bávaros, para que lo mandaran de cárcel en cárcel como a un delincuente común. Ahí tienen el liberalismo de las monarquías constitucionales «libres».

  1. Theodor Cuno (1846-1934), ingeniero alemán, fundador de la sección de la Internacional en Milán y corresponsal de Engels en la lucha contra los bakuninistas italianos; fue delegado en el Congreso de La Haya (septiembre de 1872) y emigró después a los Estados Unidos, donde siguió militando en el movimiento obrero. ↩