Apunte de Friedrich Engels, escrito en inglés hacia el 14 de mayo de 1872, de su propia intervención en la sesión del Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores de ese día; manuscrito, publicado por primera vez en 1961. El original inglés no está disponible en una edición libre; traducimos de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 18 (Berlín, 1962, pp. 79-81), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es de los editores de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

El ciudadano Engels dijo que el verdadero sentido de la propuesta que se discutía era someter las secciones irlandesas a la jurisdicción del Consejo Federal británico, cosa que las secciones irlandesas no consentirían jamás, y que el Consejo General no tenía ni el derecho ni el poder de imponérsela. Según los Estatutos y el Reglamento, este Consejo tampoco tenía poder para obligar a ninguna sección o rama a reconocer la supremacía de ningún consejo federal. Estaba obligado, eso sí, a consultar al consejo federal correspondiente antes de admitir o rechazar una rama nueva que se hallara dentro de su jurisdicción. El ciudadano Engels hizo constar con energía que las secciones irlandesas de Inglaterra estaban tan poco sometidas a la jurisdicción del Consejo Federal británico como las secciones francesas, alemanas o italianas de este país.1 Los irlandeses formaban en todos los aspectos una nacionalidad propia y bien definida, y el hecho de que se sirvieran de la lengua inglesa no podía privarles del derecho, común a todos, de tener una organización nacional independiente dentro de la Internacional.

El ciudadano Hales2 había hablado de las relaciones entre Inglaterra e Irlanda como si fueran de lo más idílicas, como las de Inglaterra y Francia en tiempos de la guerra de Crimea, cuando las clases dominantes de los dos países no se cansaban de colmarse de elogios y todo respiraba la armonía más perfecta. Pero el caso era muy distinto. Ahí estaba el hecho de siete siglos de conquista y opresión inglesa de Irlanda, y mientras durase esa opresión, pedir a los obreros irlandeses que se sometieran a un Consejo Federal británico era burlarse de ellos. La posición de Irlanda frente a Inglaterra no era la de un igual: era la de Polonia frente a Rusia. ¿Qué se diría si el Consejo General invitara a las secciones polacas a reconocer la supremacía de un Consejo Federal ruso en Petersburgo, o llamara a las secciones de la Polonia prusiana, de Schleswig del Norte y de Alsacia a someterse a un consejo federal en Berlín? Pues lo que se pedía a las secciones irlandesas era en el fondo lo mismo. Si miembros de la Internacional pertenecientes a una nación conquistadora pedían a la nación que había sido conquistada y seguía oprimida que olvidara su nacionalidad y su situación específicas, que «dejara a un lado las diferencias nacionales», etc., eso no sería internacionalismo, sino ni más ni menos que predicarle la sumisión al yugo, e intentar justificar y perpetuar el dominio del conquistador con la capa del internacionalismo. Eso sancionaría la opinión, demasiado extendida entre los obreros ingleses, de que son seres superiores a los irlandeses y tan aristócratas como se creían frente a los negros los blancos más miserables de los estados esclavistas.

En un caso como el de los irlandeses, el verdadero internacionalismo tiene que basarse necesariamente en una organización nacional independiente; los irlandeses, como las demás nacionalidades oprimidas, solo pueden entrar en la Asociación en pie de igualdad con los representantes de la nación conquistadora y protestando contra la conquista. Por eso las secciones irlandesas no solo tenían derecho, sino que estaban obligadas, a declarar en el preámbulo de sus estatutos que su primer y más urgente deber como irlandeses es conquistar su propia independencia nacional. El antagonismo entre los obreros irlandeses y los ingleses en Inglaterra había sido siempre uno de los medios más poderosos de mantener la dominación de clase en Inglaterra. Él recordaba el tiempo en que vio cómo los irlandeses echaban a Feargus O'Connor y a los cartistas ingleses del Hall of Science de Manchester.3 Ahora se presentaba por primera vez una ocasión favorable para que obreros ingleses e irlandeses actuaran juntos por su emancipación común, un resultado que no había logrado ningún movimiento anterior en su país. ¡Y antes de haberlo conseguido se les pedía que dictaran a los irlandeses y les dijeran que no llevaran el movimiento a su manera, sino que se plegaran a la dirección de un consejo inglés! Pues bien, eso equivalía a introducir en la Internacional el sojuzgamiento de los irlandeses por los ingleses. Si los autores de la propuesta estaban tan rebosantes de verdadero espíritu internacional, que lo demostraran trasladando la sede del Consejo Federal británico a Dublín y poniéndolo bajo un consejo de irlandeses.

En cuanto a los supuestos choques entre ramas irlandesas e inglesas, los habían provocado miembros del Consejo Federal británico al intentar inmiscuirse en los asuntos de las secciones irlandesas para llevarlas a renunciar a su carácter específicamente nacional y a ponerse bajo la dirección del Consejo británico.

Además, las secciones irlandesas de Inglaterra no podían separarse de las secciones irlandesas de Irlanda; no era admisible que unos irlandeses dependieran de un consejo federal de Londres y otros de uno de Dublín. Las secciones irlandesas de Inglaterra eran nuestra base de operaciones respecto de los obreros irlandeses de Irlanda; estaban más adelantadas, porque vivían en condiciones más favorables, y solo por su mediación podía propagarse y organizarse el movimiento en Irlanda. ¿Y se iba a destruir de buen grado la propia base de operaciones y a renunciar al único medio por el que Irlanda podía ganarse eficazmente para la Internacional? Pues no había que olvidar que las secciones irlandesas, y con razón, no consentirían jamás en abandonar su organización nacional independiente y someterse al Consejo británico. La cuestión se reducía, pues, a esto: ¿se deja a los irlandeses entre ellos o se les expulsa de la Asociación? Si el Consejo aprobaba la propuesta, que les dijera a los obreros irlandeses, más o menos con estas palabras, que después del dominio de la aristocracia inglesa sobre Irlanda y del dominio de la burguesía inglesa sobre Irlanda les esperaba ahora el dominio de la clase obrera inglesa sobre Irlanda.

  1. En el libro de actas del Consejo General se lee además aquí: «o polacas». ↩

  2. John Hales (nacido en 1839), tejedor, secretario general del Consejo General de la Internacional en 1871-1872 y figura del Consejo Federal británico; poco después del Congreso de La Haya encabezó la escisión reformista de la federación británica. ↩

  3. Feargus O'Connor (1794-1855), irlandés, jefe del ala radical del cartismo. Engels vivió en Manchester de finales de 1842 a 1844; en esos años los irlandeses partidarios de Daniel O'Connell y de la derogación de la Unión con Gran Bretaña, aliados de los liberales, se enfrentaban a menudo con los cartistas. El Hall of Science era el local de los owenistas en Manchester, donde se celebraban también reuniones cartistas. ↩