Escrita en italiano por Friedrich Engels en Londres el 13 de febrero de 1877 y publicada en La Plebe, n.º 7, 26 de febrero de 1877. El original italiano no está disponible en una edición libre; traducimos de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 19 (Berlín, 1962, pp. 89-90), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

¡Mi querido Bignami!1

Su corresponsal en Berlín le habrá comunicado todos los detalles de las elecciones en Alemania.2 Nuestro triunfo ha sido tan grande que ha llenado de espanto a la burguesía alemana y a la extranjera; aquí en Londres la repercusión se ha notado en toda la prensa. Lo más notable no es el número de nuevas circunscripciones que hemos ganado, aunque vale la pena saber que el emperador Guillermo, el rey de Sajonia y el principillo más pequeño de Alemania (el príncipe de Reuss)3 viven los tres en circunscripciones representadas por obreros socialistas, de modo que ellos mismos están representados por socialistas. Lo importante es que, además de las mayorías, hemos obtenido fuertes minorías tanto en las grandes ciudades como en el campo: en Berlín, 31.500 votos; en Hamburgo, Barmen-Elberfeld, Núremberg y Dresde, 11.000 cada una. No solo en las comarcas rurales de Schleswig-Holstein, de Sajonia y de Brunswick, sino incluso en el baluarte del feudalismo, en Mecklemburgo, hemos ganado una fuerte minoría entre los jornaleros del campo. El 10 de enero de 1874 obtuvimos 350.000 votos; el 10 de enero de 1877, por lo menos 600.000. La elección nos da la posibilidad de calcular nuestras fuerzas; ahora los batallones pueden decirle a usted qué tamaño tienen los cuerpos de ejército del socialismo alemán que pasan revista en los días de elecciones. El efecto moral es enorme, tanto en el partido socialista, que comprueba con alegría sus progresos, como en los obreros que todavía son indiferentes y en nuestros enemigos; y está bien que una vez cada tres años se cometa el pecado mortal de ir a votar. Los señores abstencionistas4 pueden decir lo que quieran; un solo hecho como las elecciones del 10 de enero vale más que todas sus frases «revolucionarias». Y cuando digo batallones y cuerpos de ejército, no hablo en sentido figurado. Por lo menos la mitad, quizá incluso más, de esos hombres de veinticinco años (es la edad mínima) que han votado por nosotros han estado dos o tres años en filas, saben manejar muy bien el fusil de aguja y el cañón rayado y pertenecen a la reserva del ejército. Unos cuantos años más de progresos como estos, y la reserva y la Landwehr5 (tres cuartas partes del ejército en pie de guerra) estarán tan de nuestro lado que el conjunto quedará desorganizado y cualquier guerra ofensiva podrá hacerse imposible.

Pero habrá gente que diga: ¿por qué, con semejantes fuerzas, no hacéis enseguida la revolución? Por esta razón: como todavía no tenemos más que 600.000 votos de cinco millones y medio, y esos votos están dispersos aquí y allá por no sé cuántos Estados, seguro que seríamos derrotados, y con levantamientos irreflexivos y locuras aniquilaríamos un movimiento que solo necesita un poco de tiempo para llevarnos a un triunfo seguro. Está claro que no se nos va a dejar la victoria así como así, que los prusianos no se quedarán mirando con los brazos cruzados cómo todo su ejército se infecta de socialismo sin tomar contramedidas; pero cuanta más reacción y opresión haya, más subirán las aguas, hasta que acaben por llevarse los diques. ¿Sabe usted lo que ocurrió en Berlín? La noche del 10 del mes pasado, una multitud que la propia policía calculó en 22.000 personas cerraba todas las calles próximas al Comité socialista. Gracias a la organización y la disciplina perfectas de nuestro partido, este comité había sido el primero en recibir los resultados definitivos de las elecciones. Cuando se anunció el resultado, la multitud lanzó un viva entusiasta... ¿a quién? ¿a los elegidos? No: «¡a nuestro agitador más activo, al fiscal real Tessendorf!».6 Siempre se ha distinguido por sus procesos contra los socialistas, y con sus violencias ha duplicado nuestro número.

Así respondieron los nuestros a las medidas de fuerza: no solo no se dejan impresionar por ellas, sino que incluso las provocan como el mejor medio de agitación.

Un saludo fraternal de su

F. Engels

  1. Enrico Bignami (1844-1921), periodista socialista italiano, director de La Plebe, periódico de Lodi y después de Milán que fue órgano de la Federación de la Alta Italia de la Internacional y publicó numerosas correspondencias de Engels. ↩

  2. Las elecciones al Reichstag del 10 de enero de 1877. Los socialdemócratas (el Partido Socialista Obrero de Alemania, unificado en Gotha en 1875) obtuvieron cerca de medio millón de votos y doce escaños; Engels da aquí la cifra que corría en las primeras noticias. ↩

  3. Los pequeños principados de Reuss, en Turingia (con su capital en Greiz y en Gera), que formaban parte del Imperio alemán. ↩

  4. Los bakuninistas («anarquistas»), que condenaban toda participación en las elecciones. ↩

  5. En el ejército prusiano, segunda línea de la reserva, formada por los hombres que ya habían cumplido el servicio en filas y en la reserva. ↩

  6. Hermann Tessendorf (1831-1895), fiscal de Berlín, que dirigió desde 1874 una larga serie de procesos contra los socialdemócratas y sus asociaciones. ↩