Escrito en Londres, con fecha del 27 de noviembre de 1880, para el mitin internacional convocado en Ginebra en el cincuentenario de la insurrección del 29 de noviembre de 1830; publicado en francés en Le Précurseur (Ginebra), n.º 49, 4 de diciembre de 1880, y en polaco en el folleto del mitin (Ginebra, 1881). El manuscrito no se ha conservado; el texto francés es, con toda probabilidad, el original. Traducido del francés de Le Précurseur, según la transcripción de marxists.org, cotejada con la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 19 (Berlín, 1962, pp. 239-241), hecha sobre el folleto polaco, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en francés.
Ciudadanos:
Tras el primer reparto de su país, polacos expatriados cruzan el Atlántico para defender la gran República americana, entonces naciente; Kościuszko combate al lado de Washington. En 1794, cuando la Revolución francesa resistía a duras penas a las fuerzas de la coalición, el glorioso levantamiento de Polonia la libera. Polonia perdió su independencia, pero la revolución se salvó. Los polacos vencidos se alistaban en los ejércitos sans-culottes y los ayudaban a derribar la Europa feudal. Por último, en 1830, el zar Nicolás y el rey de Prusia iban a ejecutar su complot de una nueva invasión de Francia para restaurar la monarquía legítima, cuando la revolución polaca que hoy celebráis se les cruzó en el camino: «El orden quedó restablecido en Varsovia».1
El grito de «¡Viva Polonia!», que resonó entonces en toda la Europa occidental, no era solo un tributo de simpatía y de admiración a los luchadores patriotas aplastados por la fuerza bruta; aquel grito saludaba a un pueblo cuyos levantamientos, todos tan desastrosos para él mismo, habían frenado siempre la marcha de la contrarrevolución, y cuyos mejores hijos nunca dejaron de hacer su guerra de desquite combatiendo en todas partes bajo la bandera de las revoluciones populares. Por otro lado, el desmembramiento de Polonia cimentó la Santa Alianza, esa máscara de la supremacía del zar sobre todos los gobiernos de Europa. Así pues, el grito de «¡Viva Polonia!» quería decir: muerte a la Santa Alianza, muerte a los partidarios militares de Rusia, de Prusia, de Austria,2 muerte a la dominación mongola sobre la sociedad moderna.
Desde 1830, una vez que la burguesía se hubo adueñado más o menos del poder político en Francia y en Inglaterra, el movimiento del proletariado empezó a acentuarse. Desde 1840, las clases poseedoras de Inglaterra tuvieron que recurrir a la intervención del ejército para resistir al partido cartista, esa primera organización militante de la clase obrera. En el último refugio de la Polonia independiente, en Cracovia, estalla en 1846 la primera revolución política que proclama reivindicaciones socialistas.3 Desde ese momento, Polonia se enajena todas las engañosas simpatías de Europa entera.
En 1847 se reúne clandestinamente en Londres el primer congreso internacional del proletariado. Lanza el Manifiesto comunista, que termina con la nueva consigna revolucionaria: «¡Proletarios de todos los países, uníos!». Polonia tuvo sus representantes en aquel congreso, cuyas resoluciones recibieron la adhesión del ilustre Lelewel y de sus partidarios en un mitin público en Bruselas.4 Los ejércitos revolucionarios de 1848 y 1849, alemanes, italianos, húngaros, rumanos, están llenos de polacos que se distinguen como soldados y como generales. Aunque las aspiraciones socialistas de aquella época fueron ahogadas en la sangre de Junio, la revolución de 1848, no hay que olvidarlo, al abrasar con sus llamas casi toda Europa, hizo de ella momentáneamente una sola comunidad y preparó así el terreno de la Asociación Internacional de los Trabajadores. La insurrección polaca de 1863, al dar lugar a una protesta común de obreros ingleses y franceses contra las fechorías internacionales de sus gobiernos, fue el punto de partida de la Internacional, fundada con el concurso de exiliados polacos.5 Por último, entre ellos encontró la Comuna de París a sus verdaderos capitanes; tras su caída, a los ojos de los consejos de guerra de Versalles, bastaba ser polaco para ser fusilado.6
Fuera de su país, los polacos han desempeñado, pues, un gran papel en la lucha por la emancipación del proletariado; eran, por excelencia, sus guerreros internacionales. Que esta lucha se desarrolle hoy en el seno del propio pueblo polaco, que la apoyen la propaganda y la prensa de los exiliados y que coincida con los esfuerzos sin par de nuestros hermanos rusos, es una razón más para repetir el viejo grito: «¡Viva Polonia!».
¡Salud y fraternidad!
Londres, 27 de noviembre de 1880.
(Firmado) Karl Marx, Friedrich Engels, Paul Lafargue, F. Lessner.7
Tras el aplastamiento de la insurrección polaca de 1830-1831, el ministro francés de Asuntos Exteriores, Sébastiani, anunció a la Cámara en septiembre de 1831: «El orden reina en Varsovia». Tadeusz Kościuszko (1746-1817) había combatido en la guerra de independencia de los Estados Unidos y dirigió el levantamiento polaco de 1794. ↩
Así en el texto francés transcrito («partisans militaires»); la versión alemana de la MEW, hecha sobre el folleto polaco, dice «muerte al despotismo militar de Rusia, de Prusia y de Austria», que parece la lectura correcta. ↩
La insurrección de Cracovia de febrero-marzo de 1846, en la república libre de Cracovia, último resto de la Polonia independiente, que fue después anexionada por Austria. Marx y Engels la saludaron en sus Discursos en el aniversario de la insurrección de Cracovia, en Bruselas, el 22 de febrero de 1848. ↩
Joachim Lelewel (1786-1861), historiador y revolucionario polaco, emigrado en Bruselas; el texto francés transcrito escribe «Lelevel». El congreso aludido es el segundo congreso de la Liga de los Comunistas (noviembre-diciembre de 1847), que encargó a Marx y Engels el Manifiesto. ↩
El 22 de julio de 1863 se celebró en Londres un mitin de obreros ingleses y de delegados franceses en solidaridad con la insurrección polaca; de los contactos allí establecidos salió la reunión del 28 de septiembre de 1864 en St. Martin's Hall, en que se fundó la Asociación Internacional de los Trabajadores. ↩
Entre los jefes militares de la Comuna estuvieron los polacos Jarosław Dąbrowski, que murió en las barricadas, y Walery Wróblewski. ↩
La versión alemana de la MEW añade a las firmas: «Antiguos miembros del Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores». Friedrich Lessner (1825-1910), sastre, militante de la Liga de los Comunistas y de la Internacional. ↩