Escrito por Friedrich Engels en inglés a comienzos de agosto de 1889 y publicado sin firma en The Labour Elector (Londres), vol. II, n.º 32, 10 de agosto de 1889. Traducido del texto inglés del periódico, según la transcripción de Tony Brown en el Marx-Engels Internet Archive (marxists.org), cotejado con la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 21 (Berlín, 1962), pp. 379-381, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en inglés.
Los partidarios del congreso posibilista de París1 —el inconfundible señor Smith Headingley2 en el Star, el señor H. Burrows y la señora Besant3 en la prensa semanal— repiten una y otra vez que su congreso fue verdaderamente representativo, mientras que en el congreso marxista había gente que no se representaba más que a sí misma y que por esa razón no se atrevió a aceptar el desafío de los posibilistas a enseñarles sus credenciales. Los delegados ingleses al congreso marxista buscarán sin duda, y encontrarán, ocasión de demostrar la falsedad de las acusaciones lanzadas contra ellos; así que por el momento podemos dejar esa parte del asunto y limitarnos a observar que los posibilistas difícilmente podían hacer mayor afrenta al congreso marxista que pedirle que ignorara el procedimiento de verificación de sus propias credenciales, terminado ya el segundo (¿o el tercer?) día, y que sometiera sus credenciales a un nuevo examen; mientras que los posibilistas, en su resolución sobre el asunto, evitaron cuidadosamente comprometerse a que los marxistas examinaran sus credenciales.
Que lo anterior es la manera correcta de ver la cosa, y que los posibilistas, mucho más que los marxistas, tenían motivos para no enseñar sus credenciales más que a los amigos, quedó demostrado con las observaciones que hizo el doctor Adler4 en el congreso marxista sobre lo que había sabido de los delegados posibilistas «austriacos». Como el caso es característico de la manera en que los posibilistas fabricaban delegados verdaderamente representativos, merece reproducirse.
En la lista de delegados posibilistas encontramos bajo «Austria» representadas las siguientes entidades: «Sindicato de Panaderos de Viena», «Federación de la Alta Austria y Salzburgo», «Federación de Trabajadores de Bohemia-Moravia y Silesia». Ahora bien, el doctor Adler, que durante los tres últimos años ha reorganizado el movimiento socialista en Austria con energía, tacto y perseverancia admirables, y que conoce todas las sociedades obreras de todas las ciudades de Austria, dijo al congreso que esas diversas sociedades, sean cuales sean sus otros méritos, tienen un defecto fatal: no existen.
Cuando se supo en París que el congreso marxista se había reunido el domingo y que había delegados de Austria, el lunes se presentaron en él dos austriacos y vieron al doctor Adler. Le contaron que eran panaderos y que llevaban algún tiempo trabajando en París; que un panadero húngaro llamado Dobosy los había contratado como «delegados» para un congreso obrero: ¿era este el mismo congreso? Adler los interrogó y averiguó que los habían contratado para el congreso posibilista, del que tenían tarjetas de miembro; que habían dicho a quienes los contrataron que no representaban absolutamente a nadie más que a sí mismos, y que se les había contestado que eso no importaba, que, siendo Austria un país despótico, no se exigían credenciales en regla; que ahora se encontraban con que los verdaderos delegados austriacos estaban en el otro congreso: ¿qué tenían que hacer? Los delegados austriacos les dijeron que no tenían por qué jugar a delegados en ningún congreso. Bueno, quedaron en verse otra vez. Volvieron uno o dos días después, asistieron a la sesión del congreso marxista y declararon luego que veían ellos mismos que tenían que salir de aquella falsa posición, pero ¿cómo? Se les dijo que devolvieran sus credenciales. No tenían ninguna. Pues devolved vuestras tarjetas de miembro. Prometieron hacerlo y volvieron para decir que lo habían hecho.
Esta es una muestra de lo que los posibilistas y sus partidarios ingleses llaman «estrictamente representativo». Y la imponente lista de sociedades húngaras con nombres tan bien escondidos bajo las erratas que solo en unos pocos se reconoce la pretendida localidad, son, según los verdaderos delegados húngaros en el congreso marxista, igualmente inexistentes fuera del país de las maravillas de la fantasía posibilista. A decir verdad, el amaño es aquí demasiado flagrante. «Círculos de Estudios Sociales y Federación de Croacia, Eslavonia, Dalmacia, Trieste y Fiume»: este pomposo título lleva demasiado a la vista el sello de su origen parisiense. ¡Y pensar que detrás de todo esto no están siquiera... los tres sastres de Tooley Street!5
Se nos dice además que es absolutamente falso que el congreso posibilista fuera un mero congreso de trade unions. El señor Herbert Burrows está muy indignado por semejante calumnia: con la excepción de unos pocos sindicalistas ingleses, «todos los delegados» eran socialistas revolucionarios y como tales representaban a sus respectivas sociedades. Pues bien, por dar un solo ejemplo, ¿qué dice El Socialista de Madrid (26 de julio) de los delegados posibilistas españoles? Que «dicen que representan a 20.000 socialistas, cuando no son más que delegados de sociedades en las que hay sitio tanto para el carlista como para el socialista revolucionario»: clubes enteramente apolíticos, en suma, lo que en Inglaterra se llama trade unions.
En julio de 1889, centenario de la toma de la Bastilla, se reunieron en París dos congresos obreros internacionales: el convocado por los posibilistas franceses (la Federación de Trabajadores Socialistas de Paul Brousse, reformista) con los sindicatos ingleses, y el convocado por los guesdistas y los socialdemócratas alemanes, llamado «marxista», del que nació la Segunda Internacional. ↩
Adolphe Smith Headingley, periodista inglés, colaborador de los posibilistas. La transcripción del periódico dice «Hedingley»; la MEW, «Headungley». ↩
Herbert Burrows y Annie Besant, miembros de la Social Democratic Federation y partidarios del congreso posibilista. ↩
Victor Adler (1852-1918), dirigente de la socialdemocracia austriaca, que había unificado en el congreso de Hainfeld (1888-1889). ↩
Alusión a los tres sastres de Tooley Street (Londres) que, según la anécdota, dirigieron al parlamento una petición encabezada con las palabras «Nosotros, el pueblo de Inglaterra». ↩