Escrito por Friedrich Engels en francés el 6 de febrero de 1892 y publicado en traducción italiana en Critica Sociale (Milán), n.º 4, 16 de febrero de 1892. El original francés no está disponible en una edición libre: traducimos de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 22 (Berlín, 1963, pp. 279-281), hecha sobre el manuscrito, sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
En un artículo de la Tribuna1 del 2 de febrero de este año, el conocido Giovanni Bovio2 reprocha a los diputados republicanos italianos que en los últimos tiempos se han pasado al campo monárquico que traten con un desdén excesivo la cuestión de la forma de gobierno. Eso, a decir verdad, no me concierne. Lo que sí me concierne en este asunto es que se sirva de mi artículo sobre el socialismo alemán (Critica Sociale del 16 de enero de 1892)3 para dirigir el mismo reproche a los socialistas alemanes en general y a mí en particular. Dice al respecto lo siguiente:
«De ahí se ve, además, cómo y por qué se equivocan aquellos socialistas que, con Friedrich Engels, hablan de la toma inminente del poder por los socialistas y no precisan qué clase de poder es ese. Engels llega a fijar con pruebas aritméticas (y no es de hoy que el número me parezca una prueba concluyente en la historia) el año, no muy lejano, en que el partido socialista obtendrá la mayoría en el Parlamento alemán. Magnífico; ¿y después?
– Tomará el poder.
– Estupendo; pero ¿cuál? ¿Será un poder real, será republicano, o volverá el partido a la utopía de Weitling,4 superada por el Manifiesto Comunista en enero de 1848?
– Las formas nos son indiferentes.
– ¿De veras?… Pero solo se puede hablar de poder si tiene una forma concreta. Se puede decir que la nueva sustancia, la nueva idea, se creará por sí misma la forma y la sacará de sí misma, pero no se puede ni se debe dejar de lado la forma.»
A lo cual respondo que no acepto de ningún modo la interpretación del honorable Bovio.
Ante todo, yo no he dicho que «el partido socialista obtendrá la mayoría y tomará entonces el poder». Al contrario, he subrayado que hay diez probabilidades contra una de que los que mandan empleen la violencia contra nosotros mucho antes de ese momento; y eso nos llevaría del terreno de las mayorías de votos al terreno de la revolución. Pero sigamos.
«Tomará el poder, pero ¿cuál? ¿Será un poder real, será republicano, o volverá el partido a la utopía de Weitling, superada por el Manifiesto Comunista en enero de 1848?»
Aquí me permito emplear una expresión del honorable Bovio. Hay que ser en verdad un uomo di chiostro, un hombre de claustro, para abrigar la menor duda sobre la naturaleza de ese poder.
Toda la Alemania gubernamental, aristocrática y burguesa reprocha a nuestros amigos del Reichstag que sean republicanos y revolucionarios.
Desde hace cuarenta años, Marx y yo hemos repetido hasta la saciedad que para nosotros la república democrática es la única forma política en la que la lucha entre la clase obrera y la clase capitalista puede tomar primero un carácter general y consumarse después con la victoria decisiva del proletariado.
Seguramente el honorable Bovio no es tan ingenuo como para suponer que un emperador alemán cualquiera iría a buscar a sus ministros en el partido socialista, y que, aun queriendo hacerlo, aceptaría las condiciones que supondrían su abdicación y sin las cuales esos ministros no podrían contar con el apoyo de su partido. Su temor, en cambio, de que podamos «volver a la utopía de Weitling» me da, francamente, una idea bastante cabal de la ingenuidad de mi interlocutor.
¿O quiere dar a entender el honorable Bovio, al hablar de Weitling, que los socialistas alemanes no conceden a la forma social más importancia de la que, según él, conceden a la forma política? Volvería a equivocarse. Debería conocer el socialismo alemán lo bastante para saber que este exige la socialización de todos los medios de producción. ¿De qué manera se llevará a cabo esa revolución económica? Dependerá de las circunstancias en que nuestro partido tome el poder, del momento en que lo consiga y del método con que lo consiga. Como el propio Bovio declara, «la nueva sustancia, la nueva idea, se creará por sí misma la forma y la sacará de sí misma». Con todo, si mañana nuestro partido fuese llamado al poder por un giro inesperado de las cosas, yo sabría muy bien qué programa de acción propondría.
¿«Las formas nos son indiferentes»?
Considero necesario declarar que ni yo ni ningún otro socialista alemán hemos dicho jamás eso ni nada parecido; eso lo ha dicho únicamente el honorable Bovio. Me gustaría saber con qué derecho nos atribuye semejante sciocchezza, semejante necedad.
Por lo demás, si el honorable Bovio hubiese esperado a la segunda mitad de mi artículo (Critica Sociale del 1 de febrero) y la hubiese leído, quizá se habría ahorrado la molestia de confundir a los socialistas revolucionarios alemanes con los republicanos italianos realistas.
6 de febrero de 1892
La Tribuna, diario liberal de Roma. ↩
Giovanni Bovio (1837-1903), filósofo del derecho y diputado republicano italiano. ↩
«El socialismo en Alemania», escrito por Engels en francés para el Almanach du Parti ouvrier pour 1892 y publicado en italiano en Critica Sociale en dos entregas, el 16 de enero y el 1 de febrero de 1892. ↩
Wilhelm Weitling (1808-1871), sastre, el primer teórico del comunismo obrero alemán (años treinta y cuarenta), de un comunismo igualitario, utópico y teñido de religiosidad. ↩