Escrito por Friedrich Engels el 13 de marzo de 1893 y publicado en el número especial del Primero de Mayo de la editorial del Vorwärts (Berlín), 1 de mayo de 1893. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 22 (Berlín, 1963, pp. 400-401), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
¿De qué mejor puedo hablar hoy a los obreros alemanes que de la próxima fiesta del Primero de Mayo aquí en Inglaterra, que precisamente este año va a tener una importancia especial? Si Alemania ya no es «el piadoso cuarto de los niños» de Heinrich Heine, tampoco la Inglaterra de hoy es ya el país modelo de los melindrosos de cátedra alemanes,1 el país donde las buenas Trade Unions y el progreso legal se encargan de que las quimeras socialistas no encuentren terreno. Eso se acabó de una vez para siempre. La clase obrera de Inglaterra, tras sus gloriosas luchas y sus derrotas finales de la época cartista, ha necesitado mucho tiempo para volver a ponerse en movimiento. Pero, sin duda alguna, vuelve a estar en movimiento. Lo que existía aquí de organizaciones socialistas no pasaba hasta hace poco de la medida de meras sectas, al lado de las cuales las viejas Trade Unions podían aparecer, en efecto, como una gran potencia. De ahí las afirmaciones de los amansados de la universidad alemanes de que los obreros ingleses no querían abolir el sistema del salario, sino solo «ennoblecerlo». Pero ¿cómo están hoy las cosas? Las masas obreras despiertan cada vez más a la consciencia de que su salvación no está tanto en arrancar salarios más altos y jornadas más cortas en la lucha contra los distintos empresarios, sino sobre todo en la conquista de los derechos políticos, del Parlamento, por la clase obrera organizada como partido propio.2 Esto se mostró por primera vez en las elecciones generales de 1892. Los obreros sacaron adelante a tres de sus candidatos en lucha contra los dos viejos partidos, y además dieron a estos, en más de veinte distritos, un rudo anticipo de su fuerza, hasta entonces sin usar.3 Eso elevó extraordinariamente la confianza de los obreros en sí mismos.
En Inglaterra, incluso con el actual sufragio restringido, los obreros tienen la mayoría absoluta en por lo menos 150 distritos electorales. Si sale adelante la reforma electoral presentada por el gobierno, en 200. Y además, ya ahora, en la mayoría de todos los distritos los votos obreros son los que inclinan la balanza. Lo que significa en estas condiciones el despertar de los obreros a la consciencia de clase salta a la vista. Los obreros no tienen más que quererlo, e Inglaterra no podrá ser gobernada sin su voluntad.
Este despertar se muestra también en los preparativos de la fiesta del Primero de Mayo de este año. Por primera vez las negociaciones transcurren sin tropiezos, sin peleas ni celos, con un entusiasmo unánime. Y lo que es más:
Los socialistas tienen la dirección, y por primera vez la fiesta tendrá un carácter indiscutiblemente socialdemócrata.
13 de marzo de 1893
Friedrich Engels
Kathedersänftlinge, juego con Kathedersozialisten, «socialistas de cátedra»: los profesores alemanes partidarios de reformas sociales desde el Estado, como Brentano o Schmoller, que ponían a Inglaterra y sus sindicatos como ejemplo de evolución pacífica. Más abajo, Universitätszähmlinge, «amansados de la universidad», con el mismo sentido. ↩
En el manuscrito: «sino en la conquista del Parlamento, del poder político». ↩
En las elecciones de julio de 1892 salieron elegidos, como candidatos obreros independientes de los dos grandes partidos, Keir Hardie, John Burns y Havelock Wilson. ↩