Escrito por Friedrich Engels en marzo o a comienzos de abril de 1893 y publicado en el número especial del Primero de Mayo de la editorial de la Arbeiter-Zeitung (Viena), 1893. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 22 (Berlín, 1963, p. 402), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Londres. Se me ha pedido que dirija unas palabras a los camaradas austriacos en su periódico del Primero de Mayo. ¿Qué puedo decirles? Cómo hay que celebrar un Primero de Mayo lo saben ellos mejor que yo. Lo han demostrado desde el principio. Desde 1890, los obreros austriacos han enseñado año tras año a sus hermanos de todos los demás países lo que es una verdadera fiesta del Primero de Mayo en el sentido del proletariado. En ninguna parte se les ha podido igualar, ni siquiera imitar.

En efecto, la fiesta del Primero de Mayo tiene en Austria una importancia mucho mayor que en otras partes. En Alemania se podían señalar en 1890 las elecciones al Reichstag recién celebradas, que habían sido una revista tan grandiosa de la combativa clase obrera alemana que cualquier fiesta de mayo palidecía a su lado.1 En Francia, el Primero de Mayo de 1892 coincidió con las elecciones municipales por sufragio universal, que también dieron a los obreros victorias enormes; ese Primero de Mayo había que trabajar por la causa del proletariado, no celebrarla. Pero en Austria los obreros no tienen todavía derecho de voto, y sobre lo que pasa con su libertad de prensa y su derecho de asociación y de reunión informa, cuando se le pregunta en el Consejo del Imperio, el señor consejero ministerial barón von Czapka. Y por eso los obreros austriacos tienen razón, y siempre la tienen, cuando insisten en todas las circunstancias en su fiesta de mayo, rigurosamente cumplida. Para los obreros de otros países esta fiesta es un asunto predominantemente internacional; por eso puede ocurrir que tenga que pasar a segundo plano por circunstancias nacionales particulares. Para los austriacos no es solo un asunto internacional, sino también, y quizá predominantemente, un asunto nacional, y por eso entre ellos ocupa siempre y en todo caso el primer lugar.

Ojalá también este año transcurra tan brillantemente como hasta ahora.

  1. En las elecciones al Reichstag del 20 de febrero de 1890, todavía bajo la ley contra los socialistas, la socialdemocracia obtuvo cerca de 1,4 millones de votos y se convirtió en el partido más votado. ↩