Escrito por Friedrich Engels en francés a mediados de abril de 1893 y publicado en traducción española en El Socialista (Madrid), 1 de mayo de 1893. No hemos encontrado en una edición libre ni el borrador francés ni el texto de El Socialista; se traduce de la versión alemana, hecha sobre el borrador, de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 22 (Berlín, 1963, pp. 405-406), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
La revolución del proletariado lo trastoca todo, al parecer, hasta la cronología. Así, al menos en España, el Primero de Mayo viene después del Dos de Mayo, diga lo que diga el calendario. Los obreros españoles celebraban antes el Dos de Mayo; hoy celebran el primero de este mes.
Del Dos al Primero de Mayo, ¡qué gran progreso para nosotros! En efecto, ¿qué había ocurrido el 2 de mayo de 1808? De un lado, la invasión extranjera; del otro, el pueblo de Madrid.1 Parece bastante sencillo. Sin embargo, la situación era extraordinariamente complicada. Para combatir la invasión extranjera y la tiranía de Napoleón, el pueblo español tuvo que luchar al mismo tiempo contra la Revolución francesa,2 y para recuperar su independencia ese mismo pueblo español se vio obligado a restablecer el despotismo del fanático idiota Fernando VII, apoyado por la nobleza y el clero.
Lo mismo ocurrió también en Italia y en Alemania, e incluso en la propia Francia. Italia y Alemania solo pudieron librarse del yugo de Napoleón entregándose sin resistencia a la reacción monárquica, feudal y clerical.
Así es como las guerras entre pueblos dificultan y complican las situaciones que parecen tan sencillas y claras.
¡Pero el progreso del Dos al Primero de Mayo es enorme! El Primero de Mayo significa una situación inequívoca y clara, dos campos netamente distintos y violentamente opuestos: de un lado, el proletariado internacional, que avanza hacia la victoria bajo la bandera roja de la emancipación universal; del otro, las clases poseedoras y reaccionarias de todos los países, unidas para defender sus privilegios de explotadores. La lucha está entablada, la bandera roja desplegada, la victoria es segura: ¡adelante!
En el borrador, tachado: «Detrás del ejército extranjero, Napoleón, el llamado representante de la revolución burguesa, en realidad un déspota dentro de su país y un conquistador frente a los pueblos vecinos. Detrás del pueblo de Madrid, la realeza de los Borbones imbéciles, la nobleza feudal, el clero. Un extraño embrollo». ↩
En el borrador seguía, tachado: «de la que Napoleón era hijo». ↩