Escrito por Friedrich Engels el 10 de enero de 1893 y publicado en el Vorwärts (Berlín), n.º 11, 13 de enero de 1893. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 22 (Berlín, 1963, pp. 356-357), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

La prensa burguesa de París anuncia a bombo y platillo que la policía ha descubierto un complot de lo más infame. Unos «nihilistas rusos» se habrían conjurado para mandar al otro mundo al bondadoso zar y autócrata de todas las Rusias; pero la policía velaba, los «malhechores y también atentadores»1 fueron apresados, y el magnánimo padre de la patria rusa quedó a salvo.

Mirado a la luz del día, resulta ahora que los «nihilistas rusos» merecen ese nombre en la medida en que no tienen nihil —nada— que ver con los rusos. Son simplemente polacos, que solo tienen la desgracia de haber nacido bajo el cetro del padrecito de Petersburgo. Gente que vivía en París muy tranquila y retirada y que no era tan simple como para tramar complots de atentados: esa especialidad la dejan hoy las personas sensatas a la policía. Y la mera necesidad de salir ante el público con los nombres polacos de esos «nihilistas rusos» bastó para hacer insostenible, incluso para la policía, todo el pretexto del atentado y del complot. Tuvo que dar instrucciones a su Havas-Reuter2 para que dijera que a esa gente simplemente se la expulsaría de Francia.

¿A qué viene, pues, todo este ruido? Muy sencillo.

Los que gobiernan la república burguesa oportunista-radical3 —ministros, senadores, diputados— están todos complicados en el escándalo de Panamá,4 unos como sobornados, otros como encubridores y cómplices que estaban en el secreto. Pero también son de la opinión de que el público se ha ocupado ya bastante de ese aspecto de su sucia existencia. Piensan: el mundo ya ha hablado bastante de que hemos desacreditado la república con nuestras estafas. Mostremos ahora que somos capaces también de desacreditar políticamente esa república. Mostremos que, arrastrándonos ante el zar, aventajamos al difunto Bismarck5 en seis cuerpos de servilismo. La embajada rusa desea examinar los papeles de la emigración polaca; demostremos nuestro ardiente deseo de ponerle a los pies todo lo que desee: no solo los papeles, también a los polacos mismos de paso, si hace falta, ¡y a Francia entera!

A nosotros nos puede parecer muy bien que la república burguesa se arruine a sí misma de este modo. Sus herederos están a la puerta: esos herederos no serán los monárquicos, que precisamente ahora vuelven a conspirar mucho pero que pese a todo no son peligrosos, sino los socialistas. Pero lo que resulta demasiado incluso para nosotros es la estupidez de esa gente, de los actuales detentadores del poder en Francia. Mendigan el favor y la gracia de la Rusia oficial, le lamen las botas, se rebajan ante esa banda de ladrones rusa, nombran al zar verdadero soberano de Francia y director de la política francesa, y ese zar está en una situación de impotencia que le hace absolutamente imposible prestar a Francia ningún servicio real. El invierno actual demuestra que el hambre se ha declarado permanente en Rusia para años; los recursos del país están agotados para mucho tiempo, y la situación financiera es francamente desesperada. No es Francia la que necesita a Rusia; al contrario, es Rusia la que, sin el apoyo moral de Francia, estaría completamente paralizada. Si estos burgueses franceses tuvieran un poco de inteligencia, podrían obligar a su aliado ruso a todo lo que no cueste dinero ni guerra. En lugar de eso, se postran en el polvo ante él y se dejan explotar para fines de Estado rusos como ni siquiera Prusia en su más profunda humillación. ¡Y encima se creen muy listos y no sospechan cómo se ríen de ellos en Petersburgo, de estos pobres diablos estúpidos!

Paris vaut bien une messe, París bien vale una misa, dijo Enrique IV cuando, pasándose al catolicismo, obtuvo la capitulación de París. La France vaut bien une Marseillaise, Francia bien vale una Marsellesa, dijo Alejandro III cuando, en el momento de su mayor desamparo y desconcierto políticos, el almirante Gervais le puso Francia a los pies.6

  1. «Misse- und auch Attentäter»: juego de palabras con Missetäter (malhechor) y Attentäter (autor de un atentado). ↩

  2. La agencia francesa de noticias Havas, asociada con la británica Reuter. ↩

  3. Los republicanos «oportunistas» (moderados) y los radicales, que se repartían el gobierno de la Tercera República. ↩

  4. El escándalo de la quiebra de la Compañía del Canal de Panamá de Ferdinand de Lesseps, que estalló a finales de 1892 y reveló el soborno de ministros, diputados y periodistas. ↩

  5. Difunto como gobernante: Bismarck, destituido en 1890, vivía todavía (murió en 1898). ↩

  6. En julio de 1891 la escuadra francesa del almirante Gervais visitó Kronstadt, y Alejandro III escuchó en pie y descubierto La Marsellesa; fue el preludio de la alianza franco-rusa. ↩