Carta de Friedrich Engels, de diecisiete años, a Friedrich y Wilhelm Graeber, en Barmen, escrita en Bremen el 17 y el 18 de septiembre de 1838 (el lugar y el año los fija la edición). Traducida de Marx/Engels, Gesamtausgabe (MEGA¹), sección I, tomo 2 (Berlín, 1930), pp. 486-492, por la Escuela de marxismo, 2026. Se conserva completa. Las notas son nuestras. Texto original.

... 17 de sept. Primero la tinta negra; luego la roja vuelve a empezar desde el principio.1

Carrissimi! In vostras epistolas haec vobis sit respondentia. Ego enim quum longiter latine non scripsi, vobis paucum scribero, sed in germanico-italianico-latino. Quae quum ita sint,2 así que no vais a recibir ni una palabra más de latín, sino alemán puro, limpio, neto y perfecto. Y para hablar enseguida de un asunto de la mayor importancia, os contaré que mi romance español ha fracasado; el tipo parece un antirromántico, y también tiene pinta de serlo; pero un poema mío propio, Los beduinos, que os mando copiado, lo han metido en otra hoja;3 solo que el tipo me cambió la última estrofa y armó con ello una confusión de mil demonios. Porque parece que no ha entendido aquello de «Con nuestro frac, corte de París, no casa la sencilla camisa del desierto, ni vuestro canto con la literatura», porque le parece barroco. La idea principal es la contraposición entre los beduinos, aun en su estado actual, y el público, que les es del todo ajeno. Por eso ese contraste no puede expresarse solo mediante la descripción desnuda, que se da en las dos partes bien separadas, sino que no cobra verdadera vida hasta el final, con la contraposición y la conclusión de la última estrofa. De paso se expresan además algunos detalles: 1.º, una ligera ironía sobre Kotzebue y sus partidarios,4 con Schiller enfrente como el principio bueno de nuestro teatro; 2.º, el dolor por el estado actual de los beduinos, frente a su estado anterior; estas dos cuestiones secundarias corren paralelas en las dos grandes contraposiciones. Quita ahora la última estrofa, y todo se desmorona; y si el redactor quiere que el final llame menos la atención y termina así: «Ahora saltan por dinero, no por el impulso primigenio de la naturaleza, los ojos apagados, todos mudos, solo uno canta un lamento», el final, en primer lugar, es flojo, porque está hecho de fórmulas ya usadas antes, y en segundo lugar me destruye la idea principal, al poner en su lugar la secundaria: el lamento por el estado de los beduinos y el contraste con su estado anterior. Así que ha causado el siguiente desaguisado: ha destruido por completo 1.º la idea principal y 2.º la trabazón del poema. Por cierto, eso le va a costar al tipo otro Grote (= ½ Sgr.),5 porque va a recibir respuesta mía en forma de sermón. De todos modos, ojalá no hubiera escrito el poema; me ha salido fatal lo de expresar la idea en forma clara y graciosa; las fórmulas de Str. —6 no son más que fórmulas, «tierra de los dátiles» y «Bileduldscherid»7 son una y la misma cosa, o sea, la misma idea dos veces con las mismas palabras, ¡y qué disonancia: schallend Lachen zollt y Mund gewandt!8 Es una sensación peculiar ver así impresos los versos propios: se le han vuelto a uno extraños, y los mira con ojos mucho más críticos que cuando están manuscritos.

Me reí de lo lindo al verme así trasladado a lo público, pero pronto se me pasó la risa; cuando noté los cambios, me entró la rabia y bramé como un bárbaro. Satis autem de hac re locuti sumus!9

Esta mañana encontré en un librero de viejo un libro muy curioso, un extracto de las acta Sanctorum,10 por desgracia solo de la primera mitad del año, con retratos, vidas de los santos y oraciones; pero todo muy breve. Me costó 12 Grote, 6 Sgr., y lo mismo pagué por el Diógenes de Sinope de Wieland, o Σωκράτης μαινόμενος.11

De mi poesía y de su fuerza productiva desespero cada día más desde que leí en Goethe los dos artículos «Para jóvenes poetas»,12 en los que me encuentro retratado tan atinadamente como es posible, y que me han dejado claro que con mis rimas no se hace nada por el arte; con todo, seguiré rimando, porque es un «agradable añadido», como dice Goethe, y quizá haga meter algún poema en una revista, porque otros tipos que son tan burros como yo, y aun más, también lo hacen, y porque con ello no voy a levantar ni a hundir la literatura alemana; pero cuando leo un buen poema, siempre me atraviesa el alma una rabia: ¡que no hayas sido tú capaz de hacerlo! Satis autem de hac re locuti sumus!

Cari amici míos,13 ¡cómo se os echa de menos! Cuando pienso en cuántas veces entraba en vuestro cuarto, y allí estaba Fritz tan a gusto detrás de la estufa, con su pipa corta en la boca, y Wilm, con su largo batín, cruzaba el cuarto con un frufrú y no podía fumar más que puros de a 4 pfennig, y soltaba chistes que hacían temblar la habitación, y luego se ponía en marcha el poderoso Feldmann, como el ξανθὸς Μενέλαος,14 y entraba, y luego llegaba Wurm con su levita larga y el bastón en la mano,15 y se empinaba el codo, y entonces se armaba la de Dios, y ahora uno tiene que conformarse con cartas: es una infamia. Ahora bien, que también desde Berlín me escribáis largo y tendido es cosa que constat y naturaliter;16 el correo hasta allí solo tarda un día más que hasta Barmen. Mi dirección la sabéis; por lo demás da igual, porque con nuestro cartero ya he hecho tan buenas migas que siempre me lleva las cartas al escritorio. Honoris causa podéis poner, de todos modos, en el sobre: St. Martini Kirchhof n.º 2.17 Esta amistad con el cartero viene de que nuestros nombres se parecen: se llama Engelke. Hoy se me hace un poco cuesta arriba escribir cartas; anteayer despaché una a Wurm, a Bilk, y hoy otra a Strücker,18 la primera de ocho páginas y la segunda de siete, y ahora vosotros también queréis vuestra ración. Si recibís esta carta antes de ir a Colonia, cumplid el siguiente encargo: cuando lleguéis allí, buscad la Streitzeuggasse, id a la imprenta de Everaert, número 51, y compradme libros populares;19 Sigfrido, Eulenspiegel y Helena ya los tengo; los que más me importan son Octaviano, Los vecinos de Schilda (incompleto en la edición de Leipzig), Los hijos de Aymon, El doctor Fausto, y los demás que vengan con grabados en madera; si los hay místicos, cómpralos también, sobre todo las Profecías de las sibilas. Podéis llegar tranquilamente hasta dos o tres táleros. Luego me los mandáis por la diligencia rápida, me decís el importe y os mandaré una letra de cambio contra mi viejo, que la pagará con gusto. O mejor aún, podéis mandarle los libros a mi viejo, a quien le explicaré todo el asunto, y que me los regale por Navidad o como quiera. Un nuevo estudio para mí es Jacob Böhme;20 es un alma oscura, pero profunda. La mayor parte hay que estudiarla una barbaridad si se quiere pillar algo; es rico en ideas poéticas y un hombre del todo alegórico; su lengua es muy peculiar, todas las palabras tienen un significado distinto del habitual; en lugar de esencia, entidad, dice Qual (tormento); a Dios lo llama Ungrund y Grund (sin fundamento y fundamento), porque no tiene fundamento ni comienzo de su existencia, sino que él mismo es el fundamento de su vida y de toda otra vida. Hasta ahora solo he podido hacerme con tres escritos suyos, de momento bastante, eso sí. Pero aquí quiero copiar mi poema de los beduinos.21

Suena la campana, y enseguida sube con un susurro el telón de seda; atento escucha cada oído cada palabra que allí resuena.

Pero hoy no es Kotzebue, a quien otras veces rendís vuestra sonora carcajada, ni sale tampoco, grave, Schiller, derramando el oro de sus palabras.

Los hijos del desierto, orgullosos y libres, se acercan a vosotros en silencio; el noble orgullo… ya pasó; la libertad… ya se acabó.

Ahí saltan por dinero (así saltaba el muchacho en el desierto, con alegría juvenil), pero todos mudos; solo uno canta un lamento.

La gente se asombra de su fuerza; sí, igual que antes se aplaudía a Kotzebue cuando despachaba sus baratijas, así se les aplaude ahora a ellos.

¡Hijos del desierto, ágiles y fuertes! Antes cruzabais bajo el sol del mediodía las arenosas tierras de Marruecos y el apacible valle de los dátiles.

Recorríais los jardines del país de Bileduldscherid; al pillaje iba el ánimo valiente, al combate el paso de los corceles.

Antes os sentabais al resplandor de la luna junto a la fuente de las palmeras en la tierra seca, y una boca hermosa os trenzaba con destreza la guirnalda multicolor de los cuentos encantadores.

Dormíais en la estrecha tienda, en brazos del amor, llenos de sueños, hasta que la luz de la mañana aclaraba el cielo y resonaba el bramido de los camellos.

¡Volved a casa, huéspedes extraños! Con nuestro frac, corte de París, no casa la sencilla camisa del desierto, ni vuestro canto con la literatura.

El 18.

Cur me poematibus exanimas tuis,22 exclamaréis. Pero ahora os voy a atormentar mucho más con ellos, o más bien por ellos. Guilelmus tiene todavía un cuaderno de versos míos, tal como los escribí. Os pido que me lo devolváis, y de esta manera: podéis cortarle todo el papel en blanco y meterme luego en cada una de vuestras cartas una hoja en cuarto, que eso no encarece el porte. En caso de apuro, también algún otro trozo, si lo empaquetáis con maña y prensáis bien la carta antes de mandarla, por ejemplo metiéndola una noche entre un par de diccionarios; así los tipos no notan nada. La hoja adjunta para Blank23 se la haréis llegar, supongo. Me está saliendo una correspondencia tremendamente extensa: con vosotros a Berlín, con Wurm a Bonn, y lo mismo a Barmen y a Elberfeld; pero si no la tuviera, ¿cómo iba a matar el tiempo infinito que tengo que pasar en el escritorio sin poder siquiera leer? Anteayer estuve en casa de mi viejo, id est principalis,24 cuya mujer recibe el nombre de die Altsche (en italiano alce, que es el ante y se pronuncia exactamente igual),25 en el campo, donde vive su familia, y me lo pasé muy bien. El viejo es un tipo estupendo, siempre les echa la bronca a sus chicos en polaco: ¡Ledschiaken, Kaschuben!26 A la vuelta me esforcé por darle a un filisteo que venía con nosotros una idea de la belleza del bajo alemán, pero vi que es imposible. Un filisteo así es, desde luego, un alma desgraciada, pero al mismo tiempo felicísima en su estupidez, que tiene por la mayor sabiduría. La otra noche estuve en el teatro; daban Hamlet, pero de pena. Así que mejor me callo del todo. Que os vayáis a Berlín está muy bien: allí os ofrecerán de arte tanto como en ninguna otra universidad, salvo Múnich; en cambio la poesía de la naturaleza, esa falta: ¡arena, arena, arena! Aquí es mucho mejor; los caminos de fuera de la ciudad son casi todos muy interesantes y muy amenos por la variedad de los grupos de árboles; pero los montes, ¡ay, los montes!, eso sí que es cosa de órdago. Además, en Berlín falta la poesía de la vida estudiantil, que en Bonn es la mayor, y a la que no poco contribuye el andar vagando por los poéticos alrededores. Bueno, también vosotros iréis a parar a Bonn. Querido Wilhelm, me encantaría a rabiar contestar a tu ingeniosa carta con el mismo ingenio, si no me faltara en general todo ingenio y, en particular, ahora mismo las ganas, que uno no se puede dar a sí mismo y sin las cuales todo sale forzado. Pero siento que esto se acaba, que se me va de la cabeza toda idea, como si la vida me la robaran. El tronco de mi espíritu, del todo deshojado, pues todos mis chistes salen a tornillo apretado, y el meollo de la cáscara ya se lo han sacado. Y mis macamas27 apenas merecen tal nombre, mientras que las tuyas le quitaron a Rückert el renombre; estas que escribo yo tienen gota en el cuerpo: cojean, se tambalean, se hunden, sí, ya se hundieron en el abismo del olvido, sin subir a la cumbre de lo leído. ¡Ay, qué desdicha!, aquí sentado en mi cuartucho, y aunque me diera en la cabeza con un martillo mucho, no saldría más que agua, con gran estruendo y ruido. Pero eso no vale un piojo: el espíritu no tiene ahí su nido. Anoche, al irme a la cama, me di con la cabeza y sonó igual que cuando se golpea un recipiente con agua y el agua chapotea contra el otro lado. Me tuve que reír al ver que me restregaban la verdad por las narices de un modo tan crudo. ¡Sí, agua, agua! En mi cuarto, por lo demás, hay fantasmas; anoche oí una carcoma de la muerte28 dar golpes en la pared; en la callejuela de al lado alborotan patos, gatos, perros, mozas y personas. Por cierto, os exijo una carta igual de larga, si no más, et id post notas, y eso como Dios manda.29

El cantoral más extraordinario que existe es sin discusión el de aquí;30 contiene todos los nombres famosos de la poesía alemana: Goethe (la canción «Tú que vienes del cielo»), Schiller («Tres palabras de la fe»), Kotzebue y muchos otros. También canciones de la vacuna,31 y demás disparates por el estilo. Es una barbarie sin igual; quien no lo ve, no lo cree; y encima, un destrozo espantoso de todos nuestros hermosos himnos, un crimen del que también se ha hecho culpable Knapp en su Liederschatz.32 A propósito de que estamos haciendo una expedición de jamones a las Indias Occidentales, me viene a la memoria la siguiente historia, de lo más interesante: una vez uno mandó jamones a La Habana; la carta con la factura llega más tarde, y el destinatario, que ya ha notado que faltaban doce piezas, ve ahora anotado en la factura: «Comido por las ratas ..... 12 piezas». Pero esas ratas eran los jóvenes del escritorio, que se habían zampado esos jamones; y se acabó la historia. Mientras me permito llenar el espacio que queda con la captura y la representación pictórica de exterioridades (Dr. He),33 os confieso que de mi viaje difícilmente os podré hacer llegar gran cosa, porque se lo he prometido antes que a nadie a Strücker y a Wurm; ya me temo que a ellos se lo tendré que escribir dos veces, y tres veces toda la monserga, mezclada con muchos disparates, sería ya demasiado. Pero si Wurm os quiere mandar el cuaderno, que de todos modos difícilmente recibirá antes de fin de año, me parece bien; si no, no os puedo ayudar hasta que vayáis vosotros mismos a Bonn.

Un genio à la mode.
Un tonto à la mode.34

Su más seguro servidor
Friedrich Engels.

Saludad a P. Jonghaus;35 puede meteros una carta para mí con la vuestra; también le habría escrito a él, pero seguro que el tipo anda de viaje. Respuesta pronto. ¡¡¡¡¡¡¡Vuestra dirección de Berlín!!!!!!!

[En el reverso, la dirección:]

Al señor Friedrich Graeber, en casa del señor pastor Graeber, Barmen. Franco de porte.

  1. Según la edición, desde «El 18» la carta está escrita con tinta roja, hoy muy desvaída, en sentido transversal sobre el texto anterior. ↩

  2. Latín macarrónico, a propósito: «¡Queridísimos! Que esto os sirva de respuesta a vuestras cartas. Pues como hace mucho que no escribo en latín, os escribiré poco, pero en germano-italiano-latino. Siendo así las cosas…». ↩

  3. «Die Beduinen», el primer texto de Engels que llegó a imprenta, salió sin firma en el Bremisches Conversationsblatt, n.º 40, del 16 de septiembre de 1838. La MEGA¹ da las dos versiones: la impresa, con la última estrofa cambiada por el redactor, y la que Engels copia en esta carta. Engels y los Graeber estaban a punto de marcharse a estudiar fuera: los dos hermanos, teología en Berlín. ↩

  4. August von Kotzebue (1761-1819), autor de comedias y dramas sentimentales de enorme éxito, que Engels y sus amigos tenían por el colmo de la trivialidad. ↩

  5. El Grote era una moneda pequeña de Bremen; Sgr., el Silbergroschen prusiano. ↩

  6. Así, abreviado y con raya, en la edición: puede ser «estrofa» (Strophe) con el número sin poner, aunque la traducción inglesa de la MECW entiende «Strücker», el amigo que se nombra más abajo. ↩

  7. Biled ul Dscherid, «país de las palmas», nombre que daban los geógrafos europeos a la región de oasis del sur de Túnez y Argelia. ↩

  8. «Rendís sonora carcajada» y «boca diestra»: dos versos del poema, que Engels encuentra malsonantes. ↩

  9. «¡Pero basta ya de hablar de esto!» (latín). ↩

  10. Las Acta Sanctorum, la gran colección de vidas de santos que los jesuitas bolandistas empezaron a publicar en Amberes en el siglo XVII, ordenada según el calendario. ↩

  11. Christoph Martin Wieland (1733-1813), Dialoge des Diogenes von Sinope (Leipzig, 1770), cuyo otro título es el griego «Sócrates enloquecido». ↩

  12. Johann Wolfgang Goethe, «Für junge Dichter» (1831) y «Noch ein Wort für junge Dichter» («Otra palabra para jóvenes poetas»). ↩

  13. «Queridos amigos» (italiano). ↩

  14. «El rubio Menelao», epíteto homérico. Gustav Feldmann (nacido en 1820), compañero de Engels en el instituto de Elberfeld, iba a estudiar derecho. ↩

  15. Gustav Wurm (1819-1888), compañero de Engels en el instituto, estudiaba filología. ↩

  16. «Consta» y «naturalmente» (latín). ↩

  17. La casa del pastor Georg Gottfried Treviranus, donde Engels vivía de pensión, junto a la iglesia de San Martín de Bremen. ↩

  18. Otro amigo de juventud de Engels, del que la MEGA¹ no da más datos. ↩

  19. Los Volksbücher, versiones en prosa de leyendas y novelas medievales impresas en pliegos baratos, con grabados, para el pueblo. Engels les dedicó un artículo al año siguiente, «Die deutschen Volksbücher», en el Telegraph für Deutschland (noviembre de 1839). ↩

  20. Jacob Böhme (1575-1624), zapatero de Görlitz y místico protestante. ↩

  21. Según la edición, el poema no lleva separación de estrofas; las separamos aquí en cuartetas, como indica la rima y como Engels las cuenta («la última estrofa»). ↩

  22. «¿Por qué me matas con tus poemas?», parodia del comienzo de la oda de Horacio II, 17: Cur me querelis exanimas tuis? («¿Por qué me matas con tus quejas?»). ↩

  23. Wilhelm Blank (1821-1892), compañero de Engels en el instituto de Elberfeld; luego fue militar. ↩

  24. «Es decir, el principal» (latín): el cónsul Heinrich Leupold (muerto en 1865), dueño de la casa de comercio de Bremen donde Engels hacía el aprendizaje. ↩

  25. Juego de palabras: Altsche («la vieja», en dialecto) suena como el italiano alce. ↩

  26. Insultos «polacos»: los casubios son un pueblo eslavo de Pomerania; Leupold había nacido en Silesia. ↩

  27. Las macamas, relatos árabes en prosa rimada; Friedrich Rückert (1788-1866) había publicado una célebre versión alemana de las de Al-Hariri (1826). Engels se pone aquí a escribir en prosa rimada. ↩

  28. Totenuhr, «reloj de la muerte»: el golpeteo de la carcoma en la madera, que la superstición tenía por anuncio de una muerte en la casa. ↩

  29. Et id post notas, «y eso según las notas», juega con la expresión alemana nach Noten, «según las notas», es decir, «como es debido». ↩

  30. El Christliches Gesangbuch zur Beförderung öffentlicher und häuslicher Andacht (Bremen, 1812; 2.ª ed., 1837). Las dos piezas citadas son el «Wandrers Nachtlied» de Goethe y «Die Worte des Glaubens» de Schiller. ↩

  31. Canciones que recomendaban la vacuna contra la viruela. ↩

  32. Albert Knapp (1798-1864), poeta religioso, Evangelischer Liederschatz für Kirche und Haus (Stuttgart, 1837), antología de himnos «arreglados según las necesidades de nuestro tiempo». ↩

  33. Alusión que no hemos podido aclarar. ↩

  34. En el manuscrito, aquí, dos dibujos de Engels: a la izquierda, una cabeza de frente con melena, bigote y barba; a la derecha, un perfil de nariz y mentón salientes. Las leyendas (que leemos en la reproducción de la edición) son «Ein Genie à la mode» y «Ein Dummkopf à la mode». ↩

  35. Peter Jonghaus (nacido en 1816), de Barmen, compañero de instituto, iba a estudiar teología en Berlín. ↩