Carta de Friedrich Engels, de diecisiete años, a su hermana Marie (1824-1901), de catorce, en Barmen, escrita en Bremen el 9 y el 10 de octubre de 1838. Traducida de Marx/Engels, Gesamtausgabe (MEGA¹), sección I, tomo 2 (Berlín, 1930), pp. 571-574, por la Escuela de marxismo, 2026. Se conserva completa. Las notas son nuestras. Texto original.
Bremen, 9 de oct. de 1838.
Querida Marie:
¡Por fin cuatro páginas llenas! Bueno, pues ahora te voy a alabar hasta que te cruja el pellejo, como suele decirse. Lo de montar a caballo se ha acabado, por desgracia, y por eso los domingos suelo quedarme en casa, aunque también me lo paso muy bien: o hago que me toquen y me canten algo, o escribo, y por la noche se arma toda clase de locuras; anteayer, que como es sabido era domingo, metimos un anillo en una taza llena de harina y jugamos al conocido juego de sacarlo con la boca. Nos tocó a todos, a la señora del pastor, a las chicas, al pintor y a mí también,1 mientras el señor pastor estaba sentado en el sofá, en un rincón, y miraba el tejemaneje entre el humo de un cigarro. La señora del pastor no podía aguantarse la risa cuando tenía que sacarlo, y se puso de harina hasta arriba, y cuando le tocó al pintor, tosió dentro con todas sus fuerzas, de modo que la harina salió resoplando a derecha e izquierda y se le posó como una niebla sobre el batín verde y rojo. Luego nos tiramos la harina a la cara unos a otros; yo me pinté de negro con un corcho, y todos se echaron a reír, y cuando yo también empiezo a reírme, ellos no tienen más remedio que reírse cada vez más fuerte, cada vez más a gusto, y entonces yo me reía tan alto: je je je je je, y todos los demás detrás: ji ji ji ji ji, ja ja ja ja ja; era igualito que en el cuento en que el judío tiene que bailar entre las zarzas,2 hasta que al final me pidieron que parara, por el amor de Dios.
Mira que sigues siendo una buena gansa: si Jettchen Trost3 te aburre, ¿por qué no la mandas a paseo?
Ahora la gansa empieza a echarme sermones; es enternecedor. A ver, gansa, ¿no conoces el refrán: donde las dan las toman? ¿No sabes que, por muy pequeño que escribas tú, yo escribo el doble de pequeño? Pero vamos a acabar con este asunto: si tú me escribes cuatro páginas, yo te devuelvo cuatro páginas, y se acabó. Además, si supieras cuántas cartas he escrito esta semana y cuántas tengo todavía que escribir, te apiadarías de mí y te conformarías con dos páginas. Pregúntale a Strücker cuánto le he escrito, pregúntale a Wurm..., pero no, que no está;4 bueno, pues te lo digo yo: por lo menos 12 páginas como esta, y luego otro tanto escrito de través con tinta roja.5 Claro que él me escribe otro tanto. Y luego tengo que escribirles a madre, a Hermann, a August, a Rudolf;6 ¿cómo voy a dar abasto? Creo que, como tú también puedes leer las otras cartas, la próxima vez serás justa y me pedirás solo la mitad de lo que tú me escribes. Dices que a Anna la pongo por las nubes; no, so god over nit, dat do ek nit,7 pero si ella me escribe cuatro páginas y tú solo tres, ¿no es mejor que tú? Por lo demás, te concedo con mucho gusto que eres una chica fiel y la que más a menudo me escribe. ¡Pero no tienes que atreverte a armarme semejante escándalo y semejante jaleo creyendo que te sobra la razón, cuando lo que deberías hacer es pedirme perdón de rodillas! Te quejas del corrector de espalda; pero, gansita mía, ponte tú derecha y no te lo pondrán. El tiempo que me cuentas lo hemos tenido aquí igual, pero ahora hace un tiempo horroroso: llueve y llovizna sin parar, de vez en cuando cae un chaparrón, y luego, cada 24 horas, un poquito de azul en el cielo, y cada medio año un rayo de sol.
¿Así que tengo que escribirte qué me hace falta para Navidad? Pues mira: lo que tengo no hace falta que me lo hagas, y lo que no tengo ya lo sabes tú; ¿qué quieres que te escriba? Bórdame una cigarrera, o yo... yo qué sé, pero puedes ir pinchando un poco a madre de vez en cuando, cada 2 o 3 días, para que me mande a Goethe por Navidad;8 me hace muchísima falta, porque no se puede leer nada sin que la gente cite a Goethe. ¿Quién era ese, Goethe? El señor Riepe:9 «¡Niños, ese era...!».
Tu dibujo del gallinero lo he podido copiar10 con toda facilidad, y es un invento muy práctico: ni los gatos ni los turones pueden entrar, ni los animales salir.
El viernes pasado fui al teatro; daban Das Nachtlager in Granada, una ópera muy bonita;11 esta noche dan La flauta mágica, y no me la pierdo; tengo muchas ganas de ver qué tal es, y espero que sea muy bonita.
10 de octubre. He ido al teatro, y La flauta mágica me ha gustado mucho; me gustaría que tú también pudieras venir alguna vez conmigo, apuesto a que te gustaría mucho. Bueno, Marie, ¿y ahora qué te escribo? ¿Me pongo a refunfuñar un poco, a falta de algo mejor? La verdad es que no se me ocurre nada mejor, y tú te darás por contenta con que las 4 páginas estén llenas, ponga lo que ponga en ellas. Aquí en Bremen las casas de los comerciantes están todas construidas de una manera muy curiosa: no dan a la calle, como nuestra casa, por el lado largo, sino por el estrecho, y los tejados están así, uno junto a otro,12 y el zaguán es enorme y altísimo, como una iglesia pequeña; arriba y abajo, justo una encima de otra, hay unas trampillas que se cierran con portezuelas y por las que sube y baja un torno; porque arriba, en el desván, hay un almacén, y por las trampillas se suben con el torno café, lienzo, azúcar, aceite de ballena, etc. Así que todos los zaguanes tienen dos filas de ventanas, una encima de otra. La señora del cónsul ha vuelto ahora a la ciudad con sus 4 hijos pequeños, que arman un alboroto espantoso. Por suerte, 2 de ellos, Elisabeth y Loin (quiere decir Ludwig), van a la escuela, y así no hay que aguantar el ruido todo el día; pero Loin y Siegfried, cuando se juntan, hacen un ruido que no hay quien lo aguante; el otro día se pusieron a bailar encima de los cajones de lienzo, armado cada uno con su fusil y su sable, y se desafiaron a duelo, y luego Loin sopló su caracola que te zumbaban los oídos. Yo estoy muy a gusto: delante de mi pupitre hay una ventana grande que da al zaguán, y así puedo ver bien todo lo que pasa allí.
Como tú me has dibujado el gallinero, yo te dibujo la iglesia tal como se ve desde la oficina. Farewell.13
Tu hermano Friedrich.
Engels vivía en Bremen en casa de Georg Gottfried Treviranus (1788-1868), pastor de la iglesia de San Martín, y de su mujer, Mathilde, de soltera Castendyk. El pintor es G. W. Feistkorn, que vivía en la misma casa. ↩
«El judío entre las zarzas», cuento de los hermanos Grimm: un mozo con un violín mágico hace bailar a un judío entre las espinas hasta que le pide clemencia. ↩
Henriette (Jettchen) Troost (1826-1853), amiga de juventud de Marie en Barmen. ↩
Gustav Wurm (1819-1888), amigo de juventud de Engels; tras el bachillerato en Elberfeld se había ido a estudiar a la universidad. Strücker era otro amigo de Barmen. ↩
Para ahorrar papel y franqueo se escribía una segunda vez sobre la página ya llena, en sentido transversal. ↩
Elise Engels (1797-1873), de soltera van Haar, madre de Engels; sus hermanos Hermann (1822-1905) y Rudolf (1831-1903), y su primo August Engels (1824-1855). ↩
En bajoalemán: «tan bueno no, eso no lo hago». Anna Engels (1825-1853) era otra hermana de Engels. ↩
Es decir, las obras de Goethe. ↩
Rudolf Riepe, maestro de la escuela municipal de Barmen de 1835 a 1858. ↩
Así en la edición (kopieren); quizá haya que leer kapieren, «entender», como interpreta la versión inglesa. ↩
Ópera romántica de Conradin Kreutzer (1834), sobre un drama de Friedrich Kind. ↩
En el manuscrito, junto a este pasaje, un dibujito de Engels: una hilera de casas con los hastiales a la calle; la edición lo reproduce. ↩
En inglés: «Adiós». Encima, en el manuscrito, un dibujo a pluma de Engels: una iglesia gótica de alto campanario puntiagudo, entre árboles y tejados; la edición lo reproduce. ↩