Carta de Friedrich Engels, de dieciocho años, a su hermana Marie (1824-1901), de catorce, en Barmen, escrita en Bremen el 10 de abril de 1839. Traducida de Marx/Engels, Gesamtausgabe (MEGA¹), sección I, tomo 2 (Berlín, 1930), pp. 581-582, por la Escuela de marxismo, 2026. Se conserva completa. Las notas son nuestras. Texto original.
Br[emen], 10 de abril de 1839.
Querida Marie:
Perdona que no te haya escrito en tanto tiempo; en cambio, ahora te voy a contar una cosa bonita. El Viernes Santo murió el burgomaestre de aquí, Su Magnificencia el doctor Gröning,1 y hoy hace ocho días fue la elección del nuevo; el señor senador doctor J. D. Noltenius,2 Ilustrísima, obtuvo el puesto, y el viernes Su Ilustrísima fueron llevados en un largo cortejo. Abrían la marcha los ocho criados de los señores, que son unos individuos de los que cada burgomaestre tiene dos a su servicio, con unas pistolas cortas, blancas, de porcelana,3 y unas medias muy bonitas, y con un frac de color rojo rosa sangre, una espada al costado y en la cabeza un sombrero de Bonaparte; luego venían los burgomaestres, delante de todos Su Magnificencia el señor doctor Smidt,4 que es el más listo de todos y casi el rey de Bremen; el señor doctor Duntze,5 que iba envuelto en pieles hasta el cuello y que a las sesiones del Senado lleva siempre un termómetro; luego los senadores, los predicadores y los ciudadanos, más de 600 u 800 hombres, que entraron todos en una casa o en varias, donde se hizo geïst (no Geist);6 es decir, les dieron a todos juntos almendrados, cigarros y vino, y comieron y se llenaron bien los bolsillos. Los chicos estaban delante de la puerta armando jaleo, y cuando salía alguno le gritaban: hêt îst, hêt îst! Eso le hicieron también al señor Ältermann Hase,7 y él se volvió majestuosamente y dijo: «¡Yo soy el señor Ältermann Hase!». Y entonces gritaron: Ollermann Hase hêt îst, Ollermann Hase hêt îst!, y ya te puedes imaginar cómo este pilar del Estado bremense puso en movimiento los pilares de su propio cuerpo para ponerse a salvo. El sábado pasado eligieron a un nuevo senador en el puesto del doctor Noltenius, y le cupo el honor al doctor Mohr,8 cuya comilona se celebró el lunes. En esas ocasiones es costumbre que uno de los parientes del nuevo senador tenga que «beberse el cerdo», es decir, que lo dejan debajo de la mesa a fuerza de beber; y esa difícil tarea la cumplió a satisfacción general el señor H. A. Heineken, corredor de comercio. Pues...
Gozar con melancolía del hastío de la vida es virtud y concepto,
dice un gran poeta.9
Marie: «Pero, Friedrich, ¿cómo puedes escribirme semejantes tonterías? ¡Eso pega como a un santo dos pistolas!». Friedrich: I can’t help it,10 la página tiene que quedar llena... ¡ajá, ya se me ocurre algo! El domingo pasado salí a caballo con Neviandt y Roth,11 y N[eviandt] se trae a un inglesito, del tamaño de Anna; apenas hemos salido de la ciudad, el chico pide una fusta y le arrea al caballo, que se pone a cocear por delante y por detrás. Él sigue sentado encima tan tranquilo, el animal salta para todos lados, pero no se cae. Entonces se apea para recoger la fusta, que se le había caído, y deja, ¡oh estupidez grandiosa!, al caballo solo, y el caballo no se lo piensa mucho y sale de estampida. Él detrás; Neviandt se apea y corre tras él, pero vuelve con las manos vacías: John y el corcel han desaparecido. Nosotros nos vamos a caballo hasta Horn,12 nos tomamos una, y apenas hemos emprendido la vuelta cuando llega Mr. John plein carrière,13 montado en su corcel. Lo habían parado por el camino, él se había subido, había ido a la cuadra y se había hecho con otra fusta. Así que damos la vuelta; Nev[iandt] y yo llevábamos caballos bastante salvajes, y en cuanto empezamos a trotar un poco, Mr. John me adelanta a galope tendido, como un loco. A mi caballo le da la ventolera y sale de estampida por todo lo alto. Yo me olí la tostada, lo dejé correr tranquilamente y solo de vez en cuando intentaba frenarlo; pero en cuanto conseguía sacarlo de su carrera desbocada, John pasaba como un rayo a mi lado y la cosa se ponía peor que antes. Y encima él no paraba de gritar, agitando el sombrero: My horse runs better than yours, hurrah!14 Por fin su caballo se espantó delante de un carro y se paró, y mira por dónde, también mi Norma se detuvo. Si esos caballos tontos supieran que, cuando se desbocan, el jinete se lo pasa en grande... Yo, por lo menos, no tuve ni pizca de miedo y me las arreglé muy bien. Adiós.
Tu
Friedrich.
Heinrich Groening (1774-1839), burgomaestre de Bremen desde 1817; murió el 29 de marzo de 1839, Viernes Santo. «Magnificencia» era el tratamiento de los burgomaestres de Bremen. ↩
Johann Daniel Noltenius (1779-1852), senador de Bremen desde 1809 y cuñado de Johann Smidt. Engels juega con el tratamiento de Hochwohlgeboren («Ilustrísima»), y por eso pone el verbo en plural. ↩
Así en el original (Pistolen); debe de referirse a los calzones cortos del uniforme. ↩
Johann Smidt (1773-1857), burgomaestre de Bremen y la figura dominante de la política de la ciudad. ↩
El doctor Duntze, burgomaestre de Bremen en 1839. ↩
Geïst: «comido», en el bajoalemán de Bremen; no confundir, advierte Engels, con Geist, «espíritu». El grito de los chicos, hêt îst, quiere decir «¡ha comido!». ↩
Hase era senador de Bremen. Ältermann (en bajoalemán, Ollermann): título de los miembros del colegio de «ancianos» que representaba a los comerciantes de Bremen. ↩
Carl Friedrich Gottfried Mohr (1803-1888), abogado, elegido senador en 1839 y más tarde burgomaestre. ↩
Parodia de unos versos de Thümmel (la edición los atribuye a Adolf von Thümmel): «Gozar con melancolía del sinsentido de la vida es virtud y concepto». Engels pone Überdruß («hastío») donde el original dice Unverstand («sinsentido»). ↩
En inglés: «No lo puedo remediar». ↩
Richard Roth (1821-1858), amigo de juventud de Engels, de Barmen, que estaba entonces también en Bremen. Neviandt era un conocido de Engels en Bremen. ↩
Pueblo a las afueras de Bremen. ↩
En francés: «a galope tendido». ↩
En inglés: «¡Mi caballo corre más que el tuyo, hurra!». ↩