Carta de Friedrich Engels, de dieciocho años, a Friedrich Graeber, escrita en Bremen el 8 y el 9 de abril de 1839 (el lugar lo fija la edición). Traducida de Marx/Engels, Gesamtausgabe (MEGA¹), sección I, tomo 2 (Berlín, 1930), pp. 502-504, por la Escuela de marxismo, 2026. Se conserva completa. Las notas son nuestras. Texto original.

8 (nisi erro)1 de abril de 1839.
¡Queridísimo Fritz!

Esta carta… sí, ya te figuras que te vas a divertir de lo lindo con ella; no, eso no tanto. Tú, que me has afligido, irritado y enfurecido no solo haciéndome esperar mucho, sino también profanando los misterios más sagrados que jamás se le ocultaron al genio humano, las visiones,2 tienes que recibir un castigo singular: te voy a aburrir, ¿y con qué? Con un artículo, ¿y sobre qué? Sobre el carnero tan traído y llevado: la literatura de nuestros días.

¿Qué teníamos antes de 1830? A Theodor Hell y compañía, a Willibald Alexis, a un Goethe viejo y a un Tieck viejo, c’est tout.3 Entonces irrumpe como un trueno la revolución de Julio, la manifestación más hermosa de la voluntad popular desde la guerra de liberación.4 Goethe se muere, Tieck se echa a perder cada vez más, Hell se duerme, Wolfgang Menzel sigue escribiendo críticas de remendón,5 pero un espíritu nuevo se alza en la literatura; como poetas, ante todo Grün y Lenau; Rückert cobra nuevo impulso, Immermann adquiere importancia, Platen también,6 pero eso no es bastante: Heine y Börne eran ya caracteres acabados antes de la revolución de Julio, pero solo ahora adquieren importancia, y sobre ellos se asienta una generación nueva, que saca provecho de las literaturas y de la vida de todos los pueblos, con Gutzkow a la cabeza. Gutzkow todavía era estudiante en 1830; trabajó al principio para Menzel en el Literaturblatt, pero no mucho tiempo; sus opiniones no coincidían, Menzel se puso grosero, Gutzkow escribió la famosa Wally (la escéptica), y Menzel puso el libro por los suelos con un escándalo espantoso, achacándole a Gutzkow como propias las opiniones que expresa Wally, y consiguió de verdad que se prohibiera el inocente libro.7 A Gutzkow se le unió Mundt, que, eso sí, es poca cosa, y que por ganar dinero emprendió toda clase de empresas en las que, cum suibus,8 daba además artículos de otros. Pronto se sumó Beurmann, un tipo agudo y fino observador, y además Ludolf Wienbarg y F. Gustav Kühne, y Wienbarg inventó para cinco de estos escritores (nisi erro, anno 1835) el nombre de Joven Alemania.9 Enfrente estaba Menzel, que mejor se habría quedado en casa, ya que Gutzkow lo dejó muerto precisamente por eso, y luego la Evangelische Kirchenzeitung, que en cada alegoría ve una idolatría y en cada manifestación de la sensualidad una del pecado original (¿se llamará quizá Hengstenberg lucus a non lucendo, es decir, es un caballo capado, un castrado, un eunuco?).10 Estos nobles caballeros acusaron a la Joven Alemania de que querían la emancipación de las mujeres y la restauración de la carne,11 y de que de paso querían derribar un par de reinos y hacerse papa y emperador en una sola persona. De todas estas acusaciones, solo la de la emancipación de las mujeres (en el sentido de Goethe) tenía fundamento, y además solo se le podía aplicar a Gutzkow, que más tarde la desautorizó (como una precipitación juvenil y temeraria). Al mantenerse unidos, sus fines se fueron perfilando con más nitidez; eran las «ideas de la época» las que tomaban conciencia en ellos. Estas ideas del siglo (así hablaban Kühne y Mundt) no son en modo alguno de carácter demagógico o anticristiano, como se las pinta, sino que se basan en el derecho natural de todo hombre y se extienden a todo lo que en las condiciones actuales lo contradice. Así, entre estas ideas están, ante todo, la participación del pueblo en la administración del Estado, o sea, el régimen constitucional; además, la emancipación de los judíos, la abolición de toda coacción religiosa, de toda aristocracia nobiliaria, etc. ¿Quién puede tener algo en contra? La Evangelische Kirchenzeitung y Menzel tienen sobre su conciencia el haber difamado así el honor de la Joven Alemania. Ya en 1836 y 37 la idea estaba clara y definida entre estos escritores, unidos por la unidad de propósito, pero no por una asociación especial; con sus escritos sólidos se ganaron el reconocimiento de los demás literatos, lamentables en su mayoría, y atrajeron a todos los talentos jóvenes. Sus poetas son Anast[asius] Grün y Karl Beck; sus críticos, ante todo Gutzkow, Kühne, Laube y, entre los más jóvenes, Ludwig Wihl, Levin Schücking, etc.;12 además, se ensayan en la novela, el drama, etc. Es verdad que en los últimos tiempos ha estallado una disputa entre Gutzkow, por un lado, y Mundt, junto con Kühne y Laube, por otro; los dos tienen partidarios: Gutzkow, los más jóvenes, Wihl, Schücking, etc., y Mundt, de los jóvenes, solo un par; Beurmann se mantiene bastante neutral, y también el joven y muy talentoso Dingelstedt, aunque los dos se inclinan mucho por Gutzkow. Mundt ha perdido con la disputa todo su crédito; el de Kühne ha bajado considerablemente, porque es tan ruin que pone por los suelos todo lo que escribe Gutzkow; Gutzkow, en cambio, se porta muy noblemente y casi solo se burla del gran amor entre Mundt y Kühne, que se elogian mutuamente. Que G[utzkow] es un tipo honradísimo lo demuestra su último artículo en el Jahrbuch der Literatur.13

Fuera de la Joven Alemania tenemos poca cosa activa. La escuela suaba ya era solo pasiva desde 1820;14 los austriacos (Zedlitz y Grillparzer) interesan poco, porque escriben una poesía tan extraña (Z[edlitz], a la española; Gr[illparzer], a la antigua); entre los líricos, Lenau ya se inclina hacia la Joven A[lemania] a pesar de sus temas eclesiásticos; Frankl es un Uhland bonachón en miniature; K. E. Ebert se ha vuelto bohemio del todo;15 los sajones (Hell, Heller, Herloßsohn, Morvell, Wachsmann, Tromlitz)… ¡ay, Dios mío, ahí falta el ingenio!;16 los marteauianos y los berlineses (entre los que tú no te cuentas) son infames;17 los renanos: Lewald es con mucho el mejor de los escritores de entretenimiento; su Europa se deja leer, pero las reseñas que trae son horribles; Hub, Schnetzler y compañía no valen mucho;18 Freiligrath todavía se volverá hacia la Joven Alemania, ya lo verás, y Duller también, si no se echa a perder antes; y Rückert está ahí como el viejo padre y extiende sus manos bendiciendo a todos.

9 de abril. Este es el conmovedor artículo. ¿Y qué voy a hacer ahora, pobre diablo de mí? ¿Seguir empollando por mi cuenta? No tengo ganas. ¿Volverme leal? ¡Puaj! ¿Atenerme a la mediocridad sajona? Ugittugitt (ay, Dios, ay, Dios: exclamación de asco de aquí). Así que tengo que hacerme joven alemán, o mejor dicho, ya lo soy en cuerpo y alma. Por las noches no puedo dormir de tantas ideas del siglo; cuando estoy en correos y miro el escudo prusiano, me arrebata el espíritu de la libertad; cada vez que miro una revista, busco el rastro de los progresos de la libertad; se cuelan en mis poemata y se burlan de los oscurantistas con capucha de fraile y con armiño. Pero de sus muletillas (dolor del mundo, histórico-universal, dolor del judaísmo, etc.) me mantengo lejos, porque ya están anticuadas. Y te lo digo, Fritz: si alguna vez llegas a pastor, hazte todo lo ortodoxo que quieras, pero si me sales pietista, de los que despotrican contra la Joven Alemania y toman la Evangelische Kirchenzeitung por oráculo, en verdad te digo que tendrás que vértelas conmigo. Tienes que hacerte pastor en Gemarke19 y echar de allí ese maldito pietismo tísico, pegado a la estufa, que Krummacher ha hecho florecer. Ya sé que te llamarán hereje, pero que venga uno y te demuestre con la Biblia o con la razón que no tienes razón. Blank,20 mientras tanto, es un racionalista perverso, echa por tierra todo el cristianismo: ¿adónde irá a parar? Bueno, pietista no lo he sido nunca, místico una temporada, pero eso son tempi passati;21 ahora soy un supranaturalista honrado y muy liberal con los demás.22 No sé cuánto tiempo lo seguiré siendo, pero espero seguir siéndolo, aunque inclinándome unas veces más y otras menos hacia el racionalismo. Todo eso tiene que decidirse. Adios, Friderice,23 escribe más deprisa y mucho.

Do hêst de mî dubbelt.24 Tuus
Friedrich Engels. Friedrich Engels.

  1. «Si no me equivoco» (latín). ↩

  2. Las visiones de estilo apocalíptico de la carta del 19 de febrero, de las que Graeber, por lo visto, se había burlado. ↩

  3. «Eso es todo» (francés). Theodor Hell, seudónimo de Karl Gottlieb Theodor Winkler (1775-1856), editor de la Abendzeitung de Dresde; Willibald Alexis, seudónimo de Wilhelm Häring (1798-1871), novelista. Goethe murió en 1832; Ludwig Tieck (1773-1853) era el último gran nombre del romanticismo. ↩

  4. La revolución de julio de 1830 en París, que derribó a Carlos X, y la guerra de 1813-1815 contra Napoleón. ↩

  5. Wolfgang Menzel (1798-1873), crítico e historiador de la literatura, enemigo declarado de la Joven Alemania, dirigía el Literaturblatt, suplemento del Morgenblatt de Stuttgart. ↩

  6. Anastasius Grün, seudónimo del conde Anton Alexander von Auersperg (1806-1876); Nikolaus Lenau (1802-1850); Friedrich Rückert (1788-1866); Karl Immermann (1796-1840); August von Platen (1796-1835). Heinrich Heine (1797-1856) y Ludwig Börne (1786-1837) vivían exiliados en París. ↩

  7. Wally, die Zweiflerin (1835), novela de Karl Gutzkow (1811-1878). Menzel la denunció en septiembre de 1835 en el Literaturblatt como inmoral y blasfema; el libro se prohibió y Gutzkow fue procesado y encarcelado. ↩

  8. Latín de broma: lo correcto sería cum suis, «con los suyos»; suibus es «con los cerdos». Theodor Mundt (1808-1861). ↩

  9. Eduard Beurmann (1804-1883), periodista nacido en Bremen; Ludolf Wienbarg (1802-1872) y Gustav Kühne (1806-1888). Wienbarg dedicó en 1834 sus Ästhetische Feldzüge («Campañas estéticas») a la «joven Alemania»; los cinco escritores son seguramente los que nombró la Dieta federal en el decreto de diciembre de 1835 que prohibía sus escritos: Heine, Gutzkow, Laube, Wienbarg y Mundt. ↩

  10. La Evangelische Kirchenzeitung («Gaceta eclesiástica evangélica», Berlín, desde 1827), órgano de la ortodoxia protestante dirigido por Ernst Wilhelm Hengstenberg (1802-1868). Juego con el apellido, en el que está Hengst, «semental»: lucus a non lucendo («bosque se dice lucus porque no hay luz», lucere) es la vieja broma latina sobre las etimologías por el contrario. ↩

  11. La «rehabilitación de la carne», consigna de los sansimonianos que Heine y la Joven Alemania habían hecho suya. ↩

  12. Karl Beck (1817-1879), Heinrich Laube (1806-1884), Ludwig Wihl (1807-1882), Levin Schücking (1814-1883); más abajo, Franz Dingelstedt (1814-1881). ↩

  13. «Vergangenheit und Gegenwart 1830-1838» («Pasado y presente»), en el Jahrbuch der Literatur, año 1 (Hamburgo, 1839). ↩

  14. Los poetas suabos agrupados en torno a Ludwig Uhland (1787-1862), Justinus Kerner y Gustav Schwab. ↩

  15. Joseph Christian von Zedlitz (1790-1862), poeta y diplomático austriaco; Franz Grillparzer (1791-1872), dramaturgo; Ludwig August Frankl (1810-1894), escritor austriaco; Karl Egon Ebert (1801-1882), poeta alemán de Bohemia. ↩

  16. Wilhelm Robert Heller (1814-1871), Karl Herloßsohn (1804-1849), Morvell (seudónimo de C. F. Vollmer), Karl von Wachsmann (1787-1862) y A. von Tromlitz, seudónimo de Karl August von Witzleben (1773-1839), novelistas y periodistas de Sajonia. En el original, ach du mein Gott, da fehlt der Witz rima. ↩

  17. Probablemente los autores de libelos impresos con el pie de imprenta ficticio de Pierre Marteau (Peter Hammer), que se venía usando desde el siglo XVII para obras prohibidas o escandalosas. ↩

  18. August Lewald (1792-1871), próximo a la Joven Alemania, editaba la revista Europa. Chronik der gebildeten Welt; Ignaz Hub (1810-1880) y August Schnezler (1809-1853), poetas renanos. ↩

  19. La parroquia reformada de Gemarke, en Barmen, donde Friedrich Wilhelm Krummacher (1796-1868) había sido pastor antes de pasar a Elberfeld. Sobre él, véanse las Cartas desde el Wuppertal, que acababan de publicarse sin firma (marzo y abril de 1839). ↩

  20. Wilhelm Blank (1821-1892), compañero de instituto de Engels. ↩

  21. «Tiempos pasados» (italiano). ↩

  22. El supranaturalismo, corriente de la teología protestante que, frente al racionalismo, defendía la revelación sobrenatural sin aferrarse a la letra de la ortodoxia. ↩

  23. «Adiós, Federico», en español y en latín. ↩

  24. «Ahí me tienes por partida doble», en bajo alemán, por la doble firma. Tuus: «tuyo» (latín). ↩