Carta de Friedrich Engels, de dieciocho años, a Wilhelm Graeber, que estudiaba entonces teología en Berlín, escrita en Bremen entre el 27 y el 30 de abril de 1839 (lugar y fechas los conjetura la edición; la carta misma solo fecha sus continuaciones el 29 y el 30 de abril; la edición inglesa de las obras la fecha hacia el 28-30 de abril). Traducida de Marx/Engels, Gesamtausgabe (MEGA¹), sección I, tomo 2 (Berlín, 1930), pp. 516-519, por la Escuela de marxismo, 2026. Se conserva completa. Las notas son nuestras. Texto original.

Guglielmo carissimo! τὴν σοῦ ἐπιστόλην εὕρηκα ἐν τοῖς τῶν ἑτέρων, καὶ ἡδὺ μὲν ἦν ἐμοὶ τὸ αὐτοῦ ῥῆμα. Τὸ δὲ δικαστήριον τῶν πέντε στουδιώσων, καὶ τὴν αὐτῶν κρίσιν οὐ δύναμαι γινώσκειν ἢ αὐθεντικήν ἢ κομπετέντην. — Ἐστὶν γὰρ χάρις ὑπ’ ἐμοῦ, εἰ δίδωμι ποιήματα ἐν ταῖς εἰς ὑμᾶς ἐπιστόλαις.1

Que no quieras criticar St. Hanor, Florida y Sturm2 no merece otra vez ni un verso; la afirmación debilitatis ingenii abhorret ab usata tua veriloquentia. Meam quidem mentem ad juvenilem germaniam se inclinare, haud nocebit libertati; haec enim classis scriptorum non est, ut schola romantica, demagogia, et cett, societas clausa, sed ideas saeculi nostri, emancipationem judaeorum servorumque, constitutionalismum generalem aliasque bonas ideas in succum et sanguinem populi Teutonici intrare volunt tentantque. Quae quum ideae haud procul sint a directione animi mei, cur me separare? Non enim est, quod tu dicis: entregarse a una tendencia, sed: sumarse a ella;3 sequitur a continuation in my room, and, in writing a polyglottic letter, I will take now the English language, ma no, il mio bello Italiano, dolce e soave, come il zefiro, con parole, somiglianti alle flori del più bel giardino, y el Español, lingua como el viento en los árboles, e o Portuguez, como as olas da mar em riba de flores e prados, et le Français, comme le murmure vite d’un font, très amusant, en de hollandsche taal, gelijk den damp uijt eener pijp Tobak, zeer gemoedlijk:4 pero nuestro querido alemán… ese es todo eso junto:

Como las olas, las largas olas del mar, es la lengua de Homero; Esquilo lanza al valle un peñasco tras otro, rápido; la lengua de Roma —así habla al ejército el poderoso César— echa mano de la abundancia de las palabras: yacen como piedra en bruto, afiladas y angulosas, y con ellas se alza una construcción ciclópea. Pero la lengua más joven de los ítalos, amable y suave, pone al poeta en medio del jardín más hermoso de la tierra, donde Petrarca recogió un cuerno de la abundancia y Ariosto se trenzó la corona. Pero la lengua de Hispania… ¡oh, escucha cómo en la copa frondosa reina el soplo poderoso, y cómo de ella brotan susurrando cantos poderosos y sublimes de los viejos tiempos, y los racimos de la vid, que trepó enroscándose al tronco, se mecen entre las hojas! La lengua de Portugal: el rumor del mar en la orilla florida, donde Siringe suspira entre los juncos al soplo del Céfiro;5 y la lengua de los francos se desliza, arroyuelo exuberante, alegre, y la arenisca terca se redondea pronto en el curso chapoteante de las olas nunca en calma. La lengua de Inglaterra, monumento de gigantes enormes, erosionado hace tiempo y cubierto de césped, aunque la maleza creció por encima; la tormenta lo envuelve silbando y aullando, y quisiera derribarlo. Pero la lengua de Germania suena como la rompiente atronadora contra los corales dentados, que sostienen una isla encantadora; allí resuena el rumor de las largas olas de Homero, allí retumban los bloques gigantescos de las manos de Esquilo, allí ves también la construcción ciclópea de la mano del caudillo, y el jardín perfumado de las flores más bellas y más nobles; allí resuena fuerte un rumor poderoso desde la copa del bosque, Siringe suena entre los juncos y los arroyuelos redondean la arenisca, allí se alza también más de una construcción de gigantes, envuelta por el silbido de los vientos: esa es la lengua de Germania, la eterna, rodeada de maravillas.

Estos hexámetros los he escrito de improviso; que te hagan algo más soportable el disparate de la página anterior, del que han salido. Pero júzgalos como improvisación. 29 de abril. Continuando continuamente tu carta de manera consecuente, hoy hace un tiempo espléndido, así que vosotros, posito caso aequalitatis temporalis,6 hoy probablemente, y con toda la razón, os fumáis todas las clases. Ojalá estuviera con vosotros. Ya os habré escrito, creo, que con el nombre de Theodor Hildebrand he descargado mi ingenio contra el Bremer Stadtbote; ahora me he despedido de él con la siguiente carta:7

Stadtbote, escucha, pero no te enfades de que me haya burlado tanto tiempo de ti; porque has de saber, querido mío, que uno se mofa del que se muestra siempre chiflado. Tu cielo azul de dichas se nubla cada vez más ahora que llevas un trimestre trotando por ahí: todo lo que te esmerabas en decir, noble amigo, has tenido que rumiarlo de nuevo.

Mis temas los saqué siempre de ti mismo, tú mismo me los preparaste todos; de tus discursos hice poemas en los que te parodiaba a ti, solo a ti. Quítales nada más el esquema de la rima y del metro, y verás tu propia imagen delante; ahora maldice, si te place, encendido de furia, a tu muy rendido Theodor Hildebrand.

Tú también deberías empezar a escribir un poco, en verso o en prosa, y luego mandarlo al Berliner Conversationsblatt, si es que todavía existe, o al Gesellschafter.8 Más adelante le das más fuerte, haces novelas cortas que primero publicas en revistas y luego por separado, te haces un nombre, te citan como narrador ingenioso y agudo. Ya os veo a todos un día: Heuser, gran compositor; Wurm escribe profundas investigaciones sobre Goethe y la evolución de la época; Fritz se hace un predicador famoso; Jonghaus hace poemata religiosos; tú escribes novelas ingeniosas y artículos críticos, y yo… llego a poeta municipal de Barmen, para sustituir al teniente Simons, de maltratada memoria (en Cleve).9 Como poesía adicional para ti está además la canción de la hoja para el Musenalmanach, que no tengo ganas de copiar otra vez. Quizá escriba alguna más. Hoy (30 de abril), con este tiempo precioso, he estado sentado en el jardín de siete a ocho y media, fumando y leyendo Os Lusíadas, hasta que he tenido que irme al escritorio. En ningún sitio se lee tan bien como en el jardín una clara mañana de primavera, con la pipa en la boca y los rayos del sol en la espalda. Esta tarde continuaré estos afanes con el Tristán en alemán antiguo y su dulce reflexión sobre el amor,10 y esta noche voy al Ratskeller,11 donde nuestro señor pastor nos convida al vino del Rin que ha recibido, como es de rigor, del nuevo alcalde. Con un tiempo tan tremendo siempre siento una nostalgia infinita del Rin y de sus viñedos; pero ¿qué se le va a hacer? A lo sumo, un par de versos. Apostaría a que W. Blank os ha escrito que los artículos del Telegraph los he hecho [yo], y que por eso los habéis puesto tan verdes.

La escena es en Barmen; lo que es, ya te lo puedes imaginar.12

Ahora mismo recibo una carta de W. Blank en la que me escribe que el artículo arma un escándalo tremendo en Elberfeld; el doctor Runkel lo pone a parir en la Elberfelder Zeitung y me echa en cara falsedades;13 quiero hacerle llegar una indicación de que me demuestre, a ver, una sola falsedad, cosa que no puede, porque todo son datos probados que tengo de testigos de vista y de oído. Bl[ank] me mandó el periódico, que yo enseguida expedí a Gutzkow con el ruego de que siga guardando el secreto de mi nombre. Krummacher ha demostrado hace poco en un sermón que la Tierra está quieta y que el Sol gira a su alrededor, ¡y el tipo se atreve a pregonarlo al mundo el 21 de abril de 1839, y luego dice que el pietismo no devuelve el mundo a la Edad Media! ¡Es vergonzoso! A ese tipo habría que echarlo, o el día menos pensado llega a papa, aunque entonces lo ha de aplastar la tormenta amarilla como el azafrán. Dios lo sabe, Dios sabe lo que va a ser todavía del Wuppertal. Adios.14 Tuyo, a la espera de cartas pronto o, si no, sin mandar más poemata,

Friedrich Engels.

  1. Guglielmo carissimo! es italiano: «¡Queridísimo Guillermo!». Wilhelm Graeber, hermano menor de Friedrich, compañero de Engels en el instituto de Elberfeld, estudió teología en Bonn y en Berlín y fue luego pastor en Essen. El resto, en griego: «He encontrado tu carta entre las de los demás, y sus palabras me han sido dulces. Pero el tribunal de los cinco estudiantes y su juicio no los puedo reconocer ni como auténticos ni como competentes. — Pues es un favor por mi parte si os doy poemas en las cartas que os escribo». Stoudiósōn y kompeténtēn son palabras alemanas (Studiosen, «estudiantes», y kompetent) disfrazadas de griego. ↩

  2. Poemas que Engels había mandado a sus amigos en cartas anteriores; Florida, en la del 20 de enero de 1839. ↩

  3. En latín (con dos expresiones en alemán): «[la afirmación] de debilidad de ingenio no casa con tu acostumbrada veracidad. Que mi espíritu se incline hacia la Joven Alemania no hará ningún daño a la libertad; porque esta clase de escritores no es, como la escuela romántica, la demagogia, etc., una sociedad cerrada, sino que quieren e intentan que las ideas de nuestro siglo, la emancipación de los judíos y de los esclavos, el constitucionalismo general y otras buenas ideas, penetren en el jugo y la sangre del pueblo alemán. Y como esas ideas no están lejos de la dirección de mi espíritu, ¿por qué separarme? Porque no es, como tú dices, entregarse a una tendencia, sino sumarse a ella». La Joven Alemania era el grupo de escritores liberales (Gutzkow, Laube, Mundt, Wienbarg) cuyos escritos prohibió la Dieta Federal en 1835; la «demagogia» es el movimiento de las asociaciones de estudiantes perseguido desde 1819. ↩

  4. En latín, inglés, italiano, español, portugués, francés y holandés: «sigue una continuación en mi cuarto, y, al escribir una carta políglota, tomaré ahora la lengua inglesa, pero no, mi bello italiano, dulce y suave como el céfiro, con palabras semejantes a las flores del más bello jardín, y el español, lengua como el viento en los árboles, y el portugués, como las olas del mar a la orilla de flores y prados, y el francés, como el rápido murmullo de una fuente, muy divertido, y la lengua holandesa, como el humo de una pipa de tabaco, muy apacible». La edición advierte que todas las incorrecciones de estas frases son del original. ↩

  5. Siringe, la ninfa que, perseguida por Pan, se convirtió en caña, de la que el dios hizo su flauta. ↩

  6. En latín: «puesto el caso de igualdad de tiempo», es decir, si allí hace el mismo tiempo que en Bremen. ↩

  7. El Bremer Stadtbote («El mensajero de la ciudad de Bremen») era un semanario que salía desde enero de 1839. Theodor Hildebrand es un seudónimo de Engels; la MEGA¹ recoge este poema, «Al Stadtbote», entre sus escritos impresos. ↩

  8. Dos revistas literarias de Berlín: el Berliner Conversations-Blatt für Poesie, Literatur und Kritik, que desde 1830 se había fundido con Der Freimüthige, y Der Gesellschafter, de Friedrich Wilhelm Gubitz. ↩

  9. Gustav Heuser, de Elberfeld, y Gustav Wurm, amigos de juventud de Engels; Fritz es Friedrich Graeber, el hermano de Wilhelm, y Peter Jonghaus, otro compañero que estudiaba teología en Berlín. El teniente Simons era, según la edición, un conocido de Engels de Barmen. ↩

  10. Os Lusíadas (1572), la epopeya de Luís de Camões; el Tristán e Isolda de Gottfried von Strassburg, poema cortesano de hacia 1210. ↩

  11. La bodega del ayuntamiento de Bremen. El pastor es Georg Gottfried Treviranus, en cuya casa vivía Engels. ↩

  12. En el manuscrito, antes de esta frase, un dibujo de Engels: un petimetre con la mano levantada, una mujer gruesa con cofia, un hombre con abrigo largo y bufanda y, aparte, un hombre corpulento que mira al cielo escandalizado; en el suelo, unos ejemplares del Telegraph für Deutschland. La edición lo reproduce. ↩

  13. Martin Runkel, redactor jefe de la Elberfelder Zeitung de 1839 a 1844. Engels le contestó en el Telegraph con una «Carta abierta al doctor Runkel». ↩

  14. Dios lo sabe y Adios, en español en el original. ↩