Carta de Friedrich Engels, de dieciocho años, a Wilhelm Graeber, en Berlín, escrita en Bremen entre el 13 y el 20 de noviembre de 1839. Traducida de Marx/Engels, Gesamtausgabe (MEGA¹), sección I, tomo 2 (Berlín, 1930), pp. 548-553, por la Escuela de marxismo, 2026. Se conserva completa. Las notas son nuestras. Texto original.
13 de noviembre de 1839.
Queridísimo Guilielme:1
¿Por qué no escribes? Pertenecéis todos a la categoría de los vagos y los gandules. ¡Pero yo soy otra cosa! No solo os escribo más de lo que merecéis y me procuro un conocimiento extraordinario de todas las literaturas del mundo; además me labro en silencio, con novelas y poemas, un monumento de gloria que, si la censura no empaña con fea herrumbre su resplandor de acero, brillará con radiante esplendor juvenil por todas las tierras alemanas, Austria exceptuada. Algo fermenta y hierve en mi pecho, algo arde de una manera extraordinaria en mi cabeza, a veces borracha; anhelo encontrar un gran pensamiento que aclare la fermentación y avive la brasa hasta convertirla en llama luminosa. Un tema grandioso, al lado del cual todos los que he tenido hasta ahora son niñerías, se abre paso en mi espíritu. Quiero mostrar en una «novela-cuento» o algo por el estilo los presentimientos modernos que se manifestaron en la Edad Media; quiero desenterrar los espíritus que, bajo la dura corteza de la tierra, llamaban a golpes pidiendo su redención, sepultados bajo los cimientos de las iglesias y de las mazmorras. Quiero intentar resolver al menos una parte de aquella tarea que planteaba Gutzkow: la verdadera segunda parte del Fausto, con un Fausto que ya no sea egoísta, sino que se sacrifique por la humanidad, está todavía por escribir. Ahí está Fausto, ahí está el judío errante, ahí está el cazador salvaje,2 tres tipos de la libertad de espíritu presentida, que es fácil poner en relación y en conexión con Jan Hus.3 ¡Qué fondo poético se me ofrece ahí, ante el que estos tres demonios se mueven a sus anchas! La idea del cazador salvaje, que antes había empezado en verso, ha quedado absorbida en esto. Estos tres tipos (hombres, ¿por qué no escribís? 14 de noviembre) los voy a tratar de un modo muy particular; espero sobre todo mucho efecto de la manera de entender a Ahasvero y al cazador salvaje. Para hacer el asunto más poético y los detalles más significativos, puedo entretejer fácilmente otras cosas de las leyendas alemanas, pero eso ya se verá. Mientras que la novela en la que estoy trabajando ahora no es más que un ejercicio de estilo y de pintura de caracteres, esta ha de ser lo verdadero, en lo que fundo mis esperanzas para mi nombre.
15 de noviembre. ¿Hoy tampoco hay carta? ¿Qué hago? ¿Qué pienso de vosotros? No os entiendo. 20 de noviembre. Y si hoy no escribís, os castro en pensamiento y os hago esperar, como hacéis vosotros. Ojo por ojo, diente por diente, carta por carta. Pero vosotros, hipócritas, decís: ni ojo por ojo, ni diente por diente, ni carta por carta,4 y me dejáis plantado con vuestra maldita sofística cristiana. No, mejor un buen pagano que un mal cristiano.
Poetas del dolor del mundo.5
Ha surgido un judío joven, Theodor Creizenach, que hace poemas muy excelentes y versos todavía mejores. Ha hecho una comedia en la que se pone en solfa de la manera más deliciosa a W. Menzel y compañía.6 Ahora todo afluye a la escuela moderna y construye casas, palacios o chocitas sobre el fundamento de las grandes ideas de la época. Todo lo demás se va al garete, las cancioncitas sentimentales se apagan sin que nadie las oiga, y el resonante cuerno de caza espera a un cazador que lo toque para la caza de tiranos; pero en las copas de los árboles ruge la tormenta de Dios, y la juventud de Alemania está en el bosque, entrechocando las espadas y blandiendo las copas llenas; desde los montes llamean los castillos en llamas, los tronos se tambalean, los altares tiemblan, y llama el Señor entre tormentas y tempestades: ¡adelante, adelante!, ¿quién podrá resistirnos?
Nos, Friedrich Engels,
poeta supremo de la bodega del Ayuntamiento de Bremen y privilegiado
BEBEDOR,
hacemos saber a todos los pasados, presentes,
ausentes y venideros
que sois todos unos burros, criaturas perezosas que languidecen de hastío de su propia existencia, unos canallas que no me escriben, y así sucesivamente.
Dado en nuestro taburete de la oficina,
en un momento en que no teníamos resaca.
Friedrich Engels.7
En Berlín vive un poeta joven, Karl Grün, del que he leído estos días un Buch der Wanderungen que está muy bien.8 Pero dicen que tiene ya veintisiete años, y para eso podría escribir mejor. A veces tiene pensamientos muy atinados, pero a menudo frases hechas hegelianas espantosas. ¿Qué quiere decir, por ejemplo: «Sófocles es la Grecia altamente moral que dejó que sus estallidos titánicos se rompieran contra el muro de la necesidad absoluta. En Shakespeare, el concepto del carácter absoluto ha llegado a manifestarse»?
Anteayer por la noche me cogí una gran borrachera9 en la bodega con dos botellas de cerveza y dos botellas y media de Rüdesheimer de 1794. Venían mi señor editor in spe10 y diversos filisteos. Muestra de una disputa con uno de estos filisteos sobre la constitución de Bremen: Yo: En Bremen la oposición al gobierno no es de la buena, porque está en la aristocracia del dinero, en los Älterleute, que se oponen a la aristocracia de rango, al Senado.11 Él: Eso no lo puede usted afirmar tan propiamente. Yo: ¿Por qué no? Él: Demuestre usted su afirmación. ¡Y una cosa así pretende pasar aquí por disputa! ¡Oh, filisteos, id, aprended griego y volved! Quien sabe griego sabe también disputar rite.12 Pero a tipos así los mato a disputas de seis en seis, aunque yo esté medio borracho y ellos sobrios. Esta gente no es capaz de llevar un pensamiento durante tres segundos hasta sus consecuencias necesarias, sino que todo va a trompicones; basta con dejarlos hablar media hora y plantear un par de preguntas aparentemente inocentes, y se contradicen splendidamente.13 Son gente espantosamente medida, estos filisteos; me puse a cantar, y entonces decidieron por unanimidad, contra mí, que primero querían comer y luego cantar. Así que se zamparon unas ostras, y yo, enfadado, me puse a fumar a lo bestia, bebí y berreé sin hacerles caso, hasta que caí en un sueño bienaventurado. Ahora soy un enorme expedidor de libros prohibidos a Prusia: el Franzosenfresser de Börne en cuatro ejemplares, las Briefe aus Paris del mismo, 6 tomos, el Preußen und Preußentum de Venedey, el más rigurosamente prohibido, en cinco ejemplares, están listos para mandarlos a Barmen.14 Los dos últimos tomos de las Briefe aus Paris no los había leído aún; son magníficos. Al rey Otón de Grecia15 le da un repaso tremendo; así, dice en un pasaje: si yo fuera Dios, me daría el gusto de una broma preciosa: haría que todos los grandes griegos se levantaran otra vez en una noche. Luego viene una descripción muy bonita de cómo andan esos helenos por Atenas, Pericles, Aristóteles, etc. Y entonces se dice: ha llegado el rey Otón. Todo el mundo se pone en marcha, Diógenes despabila la vela de su linterna y todos corren al Pireo; el rey Otón ha desembarcado y pronuncia el siguiente discurso: «Helenos, mirad sobre vosotros. El cielo ha tomado los colores nacionales bávaros. (Este discurso es demasiado bonito, tengo que copiarlo entero.) Pues Grecia perteneció en los tiempos más antiguos a Baviera. Los pelasgos vivían en el Odenwald, e Ínaco era natural de Landshut. He venido para haceros felices. Vuestros demagogos, alborotadores y periodistas han arruinado vuestro hermoso país. La funesta libertad de prensa lo ha trastornado todo. Mirad, si no, qué aspecto tienen los olivos. Hace mucho que habría venido con vosotros, pero no pude hacerlo mucho antes, porque no hace mucho que estoy en el mundo. Ahora sois un miembro de la Confederación Germánica; mis ministros os comunicarán los últimos acuerdos de la Confederación. Sabré defender los derechos de mi corona y os haré felices poco a poco. Para mi lista civil (sueldo del rey en el Estado constitucional)16 me daréis cada año 6 millones de piastras, y os permito pagar mis deudas.» Los griegos se quedan confusos, Diógenes le pone al rey la linterna en la cara, pero Hipócrates mandó traer seis carretadas de eléboro,17 etc., etc. Toda esta composición irónica es una obra maestra de la sátira más mordaz, y con un estilo divino. Si Börne te gusta menos es porque estás leyendo una de sus obras más flojas y tempranas, los Schilderungen aus Paris. Muy por encima están los Dramaturgische Blätter, las Kritiken, los Aforismos y, sobre todo, las Briefe aus Paris y el maravilloso Franzosenfresser.18 La descripción de la galería de pinturas es muy aburrida, en eso tienes razón. Pero la gracia, la fuerza hercúlea, la hondura de sentimiento, el ingenio demoledor del Franzosenfresser son insuperables. Espero que nos veamos en Pascua o, si no, en otoño en Barmen, y entonces vas a tener otra idea de ese Börne. Lo que me escribes del lance de duelo de Torstrick19 difiere, desde luego, de lo que él cuenta, pero en todo caso él es el que más disgustos sacó de ello. El tipo es bueno, pero vive en los extremos: borracho por aquí, algo pedante por allá.
Continuación. Si crees que la literatura alemana se ha ido durmiendo poco a poco, estás muy equivocado. No pienses que, porque tú, como el avestruz, escondes la cabeza ante ella y no la ves, deja de existir. Au contraire,20 se desarrolla considerablemente, como lo verías si le prestaras más atención y no vivieras en Prusia, donde las obras de Gutzkow, etc., necesitan primero un permiso especial que rara vez se concede.21 Igual de equivocado estás si crees que yo tendría que volver al cristianismo. Pro primo, me resulta ridículo que para ti ya no pase por cristiano, y pro secundo,22 que creas que quien una vez se ha despojado, por amor del concepto, de lo que la ortodoxia tiene de representación23 podría volver a acomodarse a esa camisa de fuerza. Un verdadero racionalista sí puede hacerlo, cuando reconoce que su explicación natural de los milagros y su manía moralizante y superficial no bastan; pero el mitismo y la especulación no pueden volver a bajar de sus cumbres nevadas, iluminadas por la aurora, a los valles brumosos de la ortodoxia. Y es que estoy a punto de hacerme hegeliano. Si llegaré a serlo, todavía no lo sé, desde luego; pero Strauss me ha encendido sobre Hegel unas luces que me presentan el asunto de forma muy plausible. Su filosofía de la historia (la de Hegel) me parece, en todo caso, como escrita desde mi alma. A ver si consigues las Charakteristiken und Kritiken de Strauss: el estudio sobre Schleiermacher y Daub es maravilloso.24 Nadie escribe con tanta solidez, claridad e interés como Str[auss]. Por lo demás, infalible no lo es en absoluto; aunque toda su Vida de Jesús resultara un amasijo de puros sofismas, porque lo primero que hace tan importante esta obra es la idea que está en su base, la de lo mítico en el cristianismo; esa idea no quedaría dañada ni siquiera por semejante descubrimiento, porque siempre puede aplicarse de nuevo a la historia bíblica. Pero el haber dado, junto con la idea, una realización innegablemente excelente acrecienta todavía más el mérito de Strauss. Un buen exégeta podrá demostrarle aquí y allá un patinazo o una caída en el extremo, lo mismo que a Lutero se le podía atacar en los detalles; pero eso no hace ningún daño. Si Tholuck ha dicho algo bueno sobre Str[auss],25 es pura casualidad o una reminiscencia bien aplicada; la erudición de Tholuck se extiende demasiado a lo ancho, y además es solo receptivo, ni siquiera crítico, y no digamos productivo. Los buenos pensamientos que ha tenido Tholuck se contarán fácilmente, y la fe en el carácter científico de su polémica la destruyó él mismo hace ya diez años con su pelea con Wegscheider y Gesenius.26 La actividad científica de Tholuck no ha dejado ninguna huella duradera, y su tiempo ha pasado hace mucho. Hengstenberg, por lo menos, ha tenido una vez un pensamiento original, aunque absurdo: el de la perspectiva profética.27 No entiendo que no os importe nada de lo que va más allá de Hengstenberg y Neander. Con todo el respeto por Neander,28 científico no es. En lugar de hacer trabajar a fondo el entendimiento y la razón en sus obras, aunque alguna vez entrara en contradicción con la Biblia, allí donde teme algo así deja que la ciencia sea ciencia y sale con la experiencia o con el sentimiento piadoso. Es demasiado piadoso y bonachón para poder oponerse a Strauss. Precisamente con esas efusiones piadosas, de las que su Vida de Jesús anda sobrada, embota las puntas incluso de sus argumentos realmente científicos.
A propos:29 hace un par de días leí en el periódico que la filosofía hegeliana había sido prohibida en Prusia, que un célebre profesor hegeliano de Halle se había visto movido por un rescripto ministerial a suspender sus lecciones y que a varios profesores jóvenes de Halle del mismo color (Ruge, etc., seguramente)30 se les había dado a entender que no podían esperar ningún nombramiento. Ese mismo rescripto habría decidido la prohibición definitiva de los Berliner Jahrbücher für wissenschaftliche Kritik.31 No he oído nada más. No puedo creer en un golpe de fuerza tan inaudito, ni siquiera del gobierno prusiano, aunque Börne ya lo profetizó hace cinco años, y aunque dicen que Hengstenberg es íntimo del príncipe heredero32 y Neander, enemigo declarado de la escuela hegeliana. Si os enteráis de algo del asunto, escribídmelo. Ahora voy a estudiar a Hegel con un vaso de ponche. Adiós. Tu Friedrich Engels, que espera pronto carta tuya.
«Guillermo», en latín. ↩
El judío errante (Ahasvero), condenado a vagar hasta el fin del mundo por haber negado descanso a Cristo camino del Calvario, y el cazador salvaje, el cazador maldito que recorre el cielo con su jauría en las noches de tormenta, son figuras de la leyenda popular. ↩
Jan Hus (hacia 1369-1415), reformador checo, condenado por hereje y quemado en Constanza. ↩
Parodia de Mateo 5, 38-39: «Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis al mal…». ↩
En el manuscrito, aquí, un dibujo de Engels: tres cabezas de poetas melenudos y melancólicos, una pequeña de perfil, otra de frente, barbuda, y otra de perfil con el pelo caído sobre la frente, y debajo el rótulo; la edición lo reproduce. Weltschmerz, «dolor del mundo», era el nombre que se daba a la melancolía de la poesía posromántica. ↩
Theodor Creizenach (1818-1877), poeta de Fráncfort. Según la edición, la comedia es «Der schwäbische Apoll» («El Apolo suabo»), en sus Dichtungen (Mannheim, 1839). Wolfgang Menzel (1798-1873), crítico de Stuttgart, que había denunciado a la Joven Alemania. ↩
Parodia de los bandos reales («Nos, … hacemos saber…»). En el manuscrito, «Zecher» (bebedor) va en grandes letras de adorno; tras «y así sucesivamente», dos rúbricas, y junto a la firma, un círculo dentado a modo de sello; la edición lo reproduce todo. ↩
Karl Grün (1817-1887) publicó con el seudónimo de Ernst von der Haide el Buch der Wanderungen. Ostsee und Rhein («Libro de los viajes. El Báltico y el Rin», Kassel, 1839), de cuyas páginas preliminares (p. XXV) cita Engels, algo libremente, la frase sobre Sófocles. En realidad Grün tenía entonces veintidós años. Años más tarde fue uno de los portavoces del «verdadero socialismo», al que Marx y Engels combatieron. ↩
Knüllität: palabra de la jerga estudiantil, de knüll, «borracho». ↩
«En esperanza», es decir, futuro (en latín en el original). ↩
Los Älterleute (ancianos) eran la junta de los grandes comerciantes de Bremen; el Senado, el gobierno de la ciudad, formado por el patriciado. ↩
«Según las reglas» (en latín en el original). ↩
«Espléndidamente» (en italiano en el original). ↩
Ludwig Börne (1786-1837): Menzel der Franzosenfresser («Menzel, el devorador de franceses», París, 1837) y Briefe aus Paris («Cartas de París», 1832-1834); Jakob Venedey (1805-1871), Preußen und Preußentum («Prusia y el prusianismo», Mannheim, 1839). Barmen, la ciudad natal de Engels, estaba en la provincia prusiana del Rin. ↩
Otón I (1815-1867), hijo del rey Luis I de Baviera, impuesto como rey de Grecia por las potencias en 1832, con diecisiete años. El pasaje está en la carta 39 de las Briefe aus Paris; Engels lo cuenta y lo cita con bastante libertad. Los colores de Baviera son el blanco y el azul. ↩
El paréntesis es un añadido de Engels. ↩
El remedio clásico contra la locura. Los pelasgos eran, según los griegos, los primeros pobladores de Grecia, e Ínaco, el primer rey de Argos; el Odenwald y Landshut están en el sur de Alemania. ↩
Obras de Börne: Schilderungen aus Paris («Cuadros de París», 1822-1824), Dramaturgische Blätter («Hojas dramatúrgicas»), Kritiken («Críticas») y Fragmente und Aphorismen («Fragmentos y aforismos»), en sus Gesammelte Schriften (Hamburgo, 1835). ↩
Johann Adolf Torstrick (nacido en 1821), amigo bremés de Engels, que se había ido a estudiar fuera; véanse las cartas del 8 y del 20 de octubre. ↩
«Al contrario» (en francés en el original). ↩
En diciembre de 1835 la Dieta de la Confederación Germánica prohibió los escritos de la Joven Alemania (Gutzkow, Laube, Mundt, Wienbarg y Heine). ↩
«En primer lugar… en segundo lugar» (en latín en el original). ↩
En el lenguaje de Hegel, la religión expresa la verdad en forma de representación (Vorstellung), y la filosofía, en forma de concepto (Begriff). ↩
David Friedrich Strauss, Charakteristiken und Kritiken (Leipzig, 1839), que se abre con el estudio «Schleiermacher und Daub in ihrer Bedeutung für die Theologie unsrer Zeit». Friedrich Schleiermacher (1768-1834) y Carl Daub (1765-1836), teólogos. ↩
Friedrich August Tholuck (1799-1877), teólogo pietista de Halle, autor de Die Glaubwürdigkeit der evangelischen Geschichte («La credibilidad de la historia evangélica», Hamburgo, 1838), una réplica a Strauss. ↩
Julius Wegscheider (1771-1849) y Wilhelm Gesenius (1786-1842), teólogos racionalistas de Halle, denunciados en 1830 por la ortodoxia pietista. ↩
Ernst Wilhelm Hengstenberg (1802-1869), cabeza de la ortodoxia protestante prusiana: según su teoría, los profetas veían los sucesos futuros como en una perspectiva sin profundidad, sin distinguir los plazos que los separaban. ↩
August Neander (1789-1850), historiador de la Iglesia en Berlín, autor de Das Leben Jesu Christi («La vida de Jesucristo», Hamburgo, 1837), otra réplica a Strauss. ↩
«A propósito» (en francés en el original). ↩
Arnold Ruge (1802-1880), entonces profesor auxiliar en Halle y director, con Theodor Echtermeyer, de los Hallische Jahrbücher, el órgano de los jóvenes hegelianos. ↩
Los «Anuarios de crítica científica» de Berlín, órgano de la escuela hegeliana desde 1827. La noticia de la prohibición era falsa: siguieron saliendo hasta 1846. ↩
Federico Guillermo, rey de Prusia desde 1840 como Federico Guillermo IV. ↩