Carta de Friedrich Engels, de diecinueve años, a su hermana Marie, en el internado de Mannheim, escrita en Bremen entre el 20 y el 25 de agosto de 1840. Traducida de Marx/Engels, Gesamtausgabe (MEGA¹), sección I, tomo 2 (Berlín, 1930), pp. 593-597, por la Escuela de marxismo, 2026. Se conserva completa, con tres dibujos de Engels. Las notas son nuestras. Texto original.
¡Mi muy querida Soeur!1
Acabo de recibir tu carta, y como ahora mismo no tengo nada que hacer, quiero emborronarte unas líneas. Nuestro escritorio ha recibido una mejora sustancial. Resulta que hasta ahora siempre era muy aburrido lanzarse al pupitre nada más comer, por espantosamente perezoso que uno estuviera, y para remediar este mal hemos instalado en el desván del almacén dos hamacas preciosas, en las que después de comer nos mecemos fumando un puro y a veces echamos también una cabezadita. Estoy convencido de que esta institución te parecerá muy oportuna. Esta mañana he recibido también carta de Roth;2 vuelve el domingo que viene, [después] de cuatro meses de ausencia. Para que lo sepas: 1700 marcos banco al 137 por ciento son 776 táleros y 24 grotes en luises de oro.3 Lo acabo de calcular dos veces, es del todo exacto. Adjunto una lámina:4 un viejo catador de vinos al que le dan a beber vino agrio. El de al lado es el viajante de comercio que le vendió el vino agrio. También quiero pintarte aquí cómo se peinan los señoritos de esta tierra. Los tipos parecen terneros.5
¡Maldita sea! Cuando acabé de escribir esto, me fui a casa a comer, y cuando volví, encendí un puro para tumbarme en la hamaca. Pero se vino abajo en cuanto me eché, y cuando fui a clavar clavos nuevos, me llamó el infame Derkhiem,6 y ahora no hay manera de escaparme del escritorio.
¡Gracias a Dios! ¡Al final he hecho mi siesta! Me escabullí del escritorio con puros y cerillas y pedí cerveza; luego me largué al desván más alto del almacén, me tumbé en la hamaca y me mecí suavísimamente. Después bajé al piso de en medio del almacén y empaqueté dos cajas de platillas,7 mientras despachaba un puro y una botella de cerveza y sudaba a mares. Porque hoy hace tanto calor que, aunque apenas me he quitado de encima un resfriado, quiero volver a meterme en el Weser. El otro día me bañé y me hice seguir por un tipo remando detrás de mí, y crucé el Weser a nado cuatro veces seguidas, cosa que en Bremen no me la imita fácilmente nadie.
¡Maldita sea! Por dos razones: primero, llueve; segundo, mi amabilísimo principal joven8 no quiere salir del escritorio de ninguna manera, y así tengo que dejar que se me apague otra vez el puro. Pero ya lo echaré. ¿Sabes cómo lo hago? Me voy a la cocina y grito bien alto: Kristine, en Proppentrecker!9 Luego abro una botella de cerveza y me sirvo un vaso. Si tiene vergüenza aunque sea por medio grote, tiene que largarse, porque eso quiere decir: ¡Lárgate, don Guillermo!
¿Conque ahora hablas tan estupendamente el inglés? Pues espera, que cuando vuelvas a casa te enseño danés o español, para que puedas hablar conmigo en una lengua que los demás no entiendan. Danske Sprag fagre Sprag,10 y el Español es Lengua muy hermosa. ¿O prefieres el portugués? O portugues, he huma língua muito graçosa, e os Portuguezes saõ nação muito respeitavel.11 Pero como todavía no has llegado tan lejos, te lo voy a ahorrar.
Aquí se ve mi hamaca, que me contiene a mí mismo fumando un puro.12
Ahora mismo me entero de que se han vendido otras 500 cajas de azúcar, o sea, 250 000 libras; ¡con eso se puede endulzar más de una taza de café! ¡Quién sabe si el azúcar de tu taza no te llega de la misma caja de la que yo he tenido que sacar muestra! Pero vuestro azúcar del Rin viene todo de Holanda, donde lo hacen de trapos: no trapos de percal, sino Lumpenzucker, azúcar de trapos.13
Dentro de poco habrá grandes maniobras en Falkenberg, a tres horas de aquí, donde las tropas de Bremen, Hamburgo, Lübeck y Oldemburgo, que entre todas hacen un regimiento entero, harán sus habilidades. Son unas tropas conmovedoras: tres de ellos juntos no tienen tanto bigote como yo cuando llevo tres días sin afeitarme; en sus casacas se pueden contar los hilos, y sables no tienen, sino Speckaale. Una Speckaal es, en efecto, una anguila ahumada, pero entre los soldados es la vaina de cuero de la bayoneta, que llevan en lugar del sable. Es que estos desgraciados, si la llevan calada en el fusil, se exponen a meterse la bayoneta por la jeta unos a otros al marchar, y por eso son tan sensatos que la llevan a la espalda. Son unos tipos lamentables, casubios y Ledschaken.14
Bien sabe Dios que se me ha acabado la materia, no sé qué más podría escribir, pero, palabra de honor, quiero llenar todavía esta página, aunque tenga que sacarlo con tenazas. Y como en verso se puede decir poco, y estirar bien a lo ancho poca materia, cierro esta carta con malas rimas; aunque me temo que Pegaso se encabritará y me tirará con violencia a la arena. El sol se pone, alrededor se oscurece la tierra, y solo por el oeste, a través de un velo de nubes, se abre paso el incendio ardiente del arrebol. Es un fuego grave y sagrado el que arde sobre la tumba de un día que nos trajo muchas cosas queridas y preciosas. Ahora ha muerto, y la noche oscura, con claras miradas de estrellas, extiende quedamente su manto sobre nuestro reino terrenal. Y todo está en silencio; los pájaros se acurrucan en sus nidos, y en la espesura los animales, y hasta los mosquitos han terminado ya su baile. Cerrada está la alegre puerta de la vida, como antaño en el tercer día de la creación, cuando solo se había creado el árbol, para que adornara la tierra, y aún no pacían los animales en el verde soto: así vuelve a ser; solo en las ramas susurra la leyenda del viento; es el espíritu del Señor, que hace bajar con ímpetu poderoso cantos poderosos, y el plumaje de la tormenta ahuyenta las nubes. Y así sopla eternamente, el eternamente joven; pero a mí, para rimar, se me acaba el resuello.15
Punto final. Si lo entiendes, es que eres una persona culta y puedes meter baza. Adios.
Tu Friedrich.
B[remen], 20 de agosto [de 18]40.
El 25 de agosto.
Roth desembarcó otra vez anteayer.
«Hermana», en francés. ↩
Richard Roth (1821-1858), amigo de juventud de Engels, de Barmen, que estaba en Bremen. ↩
El marco banco (Mark Banko) era la moneda de cuenta del banco de Hamburgo; el luis de oro, la moneda corriente del comercio de Bremen; setenta y dos grotes hacían un tálero. ↩
Kupfer, propiamente «grabado en cobre». En el manuscrito, junto a este pasaje, un dibujo de Engels: a la izquierda, un viejo narigudo con un vaso de vino en la mano y la cara torcida; a la derecha, un hombre sonriente con bigote, perilla y corbatín. La edición lo reproduce. ↩
En el manuscrito, aquí, otro dibujo de Engels: dos cabezas de jóvenes, de frente y de perfil, con el pelo largo y ahuecado sobre las orejas; la edición lo reproduce. ↩
Empleado de la casa Leupold. ↩
Platillas: tela de lino que se exportaba sobre todo a América Latina. ↩
Wilhelm Leupold, hijo del dueño de la casa de comercio, el cónsul Heinrich Leupold; Engels lo llama, en español, «don Guillermo». ↩
En bajoalemán: «¡Cristina, un sacacorchos!». Kristine era la criada de la casa del cónsul Leupold. ↩
En danés: «Lengua danesa, hermosa lengua». ↩
En portugués de la época: «El portugués es una lengua muy graciosa, y los portugueses son una nación muy respetable». ↩
En el manuscrito, junto a este párrafo, un dibujo de Engels: él mismo, tendido en una hamaca de red colgada en diagonal, fumando; la edición lo reproduce. ↩
Lumpenzucker era el nombre comercial de un azúcar refinado de clase basta; Engels juega con Lumpen, «trapos». ↩
Los casubios son un pueblo eslavo de Pomerania; las dos palabras sirven aquí de insulto. ↩
En el original, pentámetros yámbicos rimados; desde «El sol se pone», en tercetos encadenados. ↩