Carta de Karl Marx a Arnold Ruge, en Dresde, escrita en Colonia el 13 de marzo de 1843. Es una carta privada, distinta de las que Marx publicó en los Deutsch-Französische Jahrbücher. Traducida de la Marx-Engels-Gesamtausgabe, sección I, tomo 1, segundo semivolumen (Berlín, 1929), n.º 78, pp. 306-308, por la Escuela de marxismo, 2026. La carta se conserva completa. Las notas son nuestras. Texto original

Colonia, 13 de marzo.

¡Querido amigo!

En cuanto me sea posible, zarparé directamente hacia Leipzig. Acabo de hablar con Stucke,1 al que, por lo visto, la mayoría de los señores de Estado de Berlín le han impresionado mucho. El Dr. Stucke es un hombre muy bonachón.

En cuanto a nuestro plan, quiero decirle de momento mi convicción. Cuando París fue tomada, unos propusieron para el trono al hijo de Napoleón con una regencia, otros a Bernadotte y otros, por último, a Luis Felipe. Pero Talleyrand respondió: Luis XVIII o Napoleón. Eso es un principio; todo lo demás es intriga.2

Y así, casi todo lo que no sea Estrasburgo (o, como mucho, Suiza) yo no lo llamaría un principio, sino una intriga. Los libros de más de 20 pliegos no son escritos para el pueblo.3 Lo más que se puede arriesgar ahí son cuadernos mensuales.

Y si encima volvieran a permitirse los Deutsche Jahrbücher, como mucho llegaríamos a una pálida copia de los difuntos, y eso hoy ya no basta. En cambio, unos anales franco-alemanes, eso sí sería un principio, un acontecimiento de consecuencias, una empresa por la que uno puede entusiasmarse.4 Se entiende que solo doy mi modesta opinión y que en lo demás me pliego a los eternos poderes del destino.

Por último (y los asuntos del periódico me obligan a terminar), quiero comunicarle todavía mi plan privado. En cuanto hubiéramos firmado el contrato, iría a Kreuznach a casarme, pero me quedaría allí un mes o más en casa de la madre de mi novia,5 pues de todos modos tendríamos que tener algunos trabajos terminados antes de poner manos a la obra. Tanto más podría quedarme, si hiciera falta, unas semanas en Dresde, ya que todos los preliminares, las amonestaciones y cosas así llevan bastante tiempo.

Le puedo asegurar, sin ningún romanticismo, que estoy enamorado de la cabeza a los pies, y muy en serio. Hace ya más de siete años que estoy prometido, y mi novia ha librado por mí las luchas más duras, que casi le han minado la salud, en parte con sus parientes pietistas y aristocráticos, para quienes «el Señor del cielo» y «el señor de Berlín» son objetos de culto equivalentes, y en parte con mi propia familia, en la que se han instalado algunos curas y otros enemigos míos. Por eso mi novia y yo hemos tenido que sostener durante años más conflictos innecesarios y agotadores que muchos otros que nos triplican la edad y que hablan sin cesar de su «experiencia de la vida» (la palabra favorita de nuestro juste milieu).6

A propos! Nos ha llegado una réplica anónima al informe de Prutz contra los nuevos Anales de Tubinga.7 Por la letra he reconocido a Schwegler. ¡A usted lo caracterizan como un alborotador exaltado, a Feuerbach como un burlón frívolo, a Bauer como una cabeza completamente acrítica! ¡Los suabos! ¡Los suabos! ¡Bonito brebaje va a salir de ahí!

Sobre su hermoso escrito de queja, verdaderamente popular,8 hemos publicado, a falta de una crítica mejor y de tiempo propio, un artículo superficial de Pfützner9 (y eso que le he tachado la mitad). El susodicho nunca entra lo bastante en el asunto, y las pequeñas cabriolas que hace lo convierten a él mismo en objeto de sonrisas más que poner en ridículo a su enemigo.

Suyo, Marx.

He despachado los libros para Fleischer. Su correspondencia del principio es interesante. Bauer sobre Ammon es delicioso. Las penas y alegrías de la conciencia teológica me parecen una traducción no muy lograda de la sección de la Fenomenología titulada «La conciencia desgraciada». Los aforismos de Feuerbach solo no me convencen en que remite demasiado a la naturaleza y demasiado poco a la política. Y esa es la única alianza por la que la filosofía actual puede convertirse en una verdad. Pero seguramente ocurrirá como en el siglo XVI, cuando a los entusiastas de la naturaleza correspondió otra serie de entusiastas del Estado. Lo que más me ha gustado es la crítica de la buena «Literarische Zeitung».10

La autodefensa de Bauer11 ya la habrá leído usted. En mi opinión, nunca había escrito tan bien.

En cuanto a la Rh[einische] Z[eitung], no me quedaría bajo ninguna condición; me es imposible escribir bajo la censura pr[usiana] o vivir en el aire pr[usiano].

Acaba de venir a verme el presidente de la comunidad israelita de aquí para pedirme una petición a favor de los judíos dirigida a la Dieta, y voy a hacerla. Por repugnante que me sea la fe israelita, la opinión de Bauer me parece, con todo, demasiado abstracta.12 Se trata de abrir tantos agujeros como sea posible en el Estado cristiano y de meter de contrabando, en lo que de nosotros dependa, lo racional. Por lo menos hay que intentarlo; y la exasperación crece con cada petición que se rechaza con protestas.

  1. El doctor Stucke, de Colonia, accionista de la Rheinische Zeitung, que fue a Berlín a interceder por el periódico prohibido. ↩

  2. En 1814, tras la entrada de los aliados en París, se discutió quién debía suceder a Napoleón: su hijo, el rey de Roma, con la regencia de María Luisa; el mariscal Bernadotte, príncipe heredero de Suecia; o Luis Felipe de Orleans. Talleyrand impuso la restauración de los Borbones con Luis XVIII. ↩

  3. En la Confederación Germánica, los impresos de más de 20 pliegos (unas 320 páginas) estaban exentos de la censura previa, según los decretos de 1819. ↩

  4. Los Deutsch-Französische Jahrbücher salieron en París en febrero de 1844, en una sola entrega doble. Véanse las cartas de Marx publicadas en ellos. ↩

  5. Caroline von Westphalen, viuda desde 1842, vivía en Kreuznach. Marx se casó allí con Jenny von Westphalen el 19 de junio de 1843. ↩

  6. En francés, «justo medio»: el liberalismo moderado. ↩

  7. El poeta y publicista Robert Prutz había criticado los Jahrbücher der Gegenwart que Albert Schwegler, teólogo de la escuela de Tubinga, empezaba a publicar en 1843. ↩

  8. El escrito en que Ruge protestaba contra la prohibición de sus Deutsche Jahrbücher en enero de 1843. ↩

  9. En el manuscrito, «Pfizner»; la MEGA¹ corrige el nombre. ↩

  10. Marx comenta el contenido de las Anekdota, que acababan de salir en Suiza: el tomo II traía las Vorläufige Thesen zur Reformation der Philosophie (Tesis provisionales para la reforma de la filosofía) de Feuerbach, varios trabajos de Bruno Bauer y una crítica de la Literarische Zeitung de Berlín, periódico conservador. ↩

  11. Bruno Bauer, Die gute Sache der Freiheit und meine eigene Angelegenheit (La buena causa de la libertad y mi propio asunto), Zúrich y Winterthur, 1842. ↩

  12. Bauer acababa de publicar Die Judenfrage (La cuestión judía), que Marx criticaría en 1843: véase nuestra traducción de Sobre la cuestión judía. ↩