Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el jueves 13 de febrero de 1851. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 64, pp. 148-150) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

Querido Marx:

Esta historia de Harney1 me la esperaba casi con certeza. Vi en el Friend of the People2 el anuncio del mitin por Bem,3 en el que se decía que participarían los alemanes, franceses, polacos y húngaros, así como los Fraternal Democrats,4 y estaba claro que eso tenían que ser los de Windmill Street y compañía.5 Se me olvidó llamarte antes la atención sobre ese anuncio. Hoy no me es posible hacer nada más en el asunto. Pero mañana escribo a Harney una carta en la que le comunico que no imprima el manuscrito que le he mandado, porque no voy a continuarlo,6 y en la que al mismo tiempo le expongo toda la historia con detalle. Si esa carta no sirve, habrá que dejar correr todo el guiso hasta que el señor Harney vuelva por su propio pie, cosa que ocurrirá muy pronto. Sospecho muy seriamente que vendrá por aquí dentro de poco, y entonces lo cogeré por mi cuenta como es debido. Ya es hora de que se dé cuenta de que también con él se va en serio. En todo caso, para ahorrar tiempo y no escribir dos veces, te mandaré la carta, y cuando la hayas leído, házsela llegar lo antes posible.

Personalmente, esta tontería y esta falta de tacto de Harney me fastidian más que cualquier otra cosa. Au fond7 tampoco importa nada.

Por fin tenemos otra vez, por primera vez desde hace mucho tiempo, ocasión de mostrar que no necesitamos popularidad ni support8 de ningún partido de ningún país, y que nuestra posición es totalmente independiente de esas miserias. A partir de ahora solo respondemos de nosotros mismos, y cuando llegue el momento en que esos señores nos necesiten, estaremos en condiciones de dictar nuestras propias condiciones. Hasta entonces, por lo menos, tenemos tranquilidad. Y también, claro, cierta soledad; mon Dieu,9 esa ya la he disfrutado aquí en Manchester desde hace tres meses y me he acostumbrado a ella, y además como bachelor10 puro, lo cual aquí, desde luego, es muy aburrido. Por lo demás, en el fondo ni siquiera podemos quejarnos mucho de que los petits grands hommes11 nos rehúyan; ¿no hemos hecho durante no sé cuántos años como si cualquier hijo de vecino fuera nuestro partido, cuando no teníamos ningún partido y cuando la gente que contábamos como perteneciente a nuestro partido, al menos oficialmente, sous réserve de les appeler des bêtes incorrigibles entre nous,12 no entendía ni los rudimentos de nuestras cosas? ¿Cómo encaja gente como nosotros, que huye de los cargos oficiales como de la peste, en un «partido»? ¿De qué nos sirve a nosotros, que escupimos sobre la popularidad, que empezamos a dudar de nosotros mismos cuando empezamos a hacernos populares, un «partido», es decir, una banda de asnos que jura por nosotros porque nos tiene por iguales suyos? En verdad, no se pierde nada si dejamos de pasar por la «expresión correcta y adecuada» de los perros obtusos con los que nos habían mezclado los últimos años.

Una revolución es un puro fenómeno natural, que se rige más por leyes físicas que por las reglas que en tiempos ordinarios determinan el desarrollo de la sociedad. O, más bien, esas reglas adquieren en la revolución un carácter mucho más físico: la fuerza material de la necesidad se manifiesta con más violencia. Y en cuanto uno se presenta como representante de un partido, se ve arrastrado a ese torbellino de la incontenible necesidad natural. Solo manteniéndose independent,13 siendo en sustancia más revolucionario que los demás, puede uno conservar al menos durante algún tiempo su independencia frente a ese torbellino; aunque al final, claro está, también acaba arrastrado.

Esa es la posición que podemos y debemos adoptar en la próxima ocasión. No solo ningún cargo oficial en el Estado, sino también, mientras sea posible, ningún cargo oficial en el partido, ningún puesto en comités, etc., ninguna responsabilidad por los asnos, crítica implacable para todos, y además esa alegría que todas las conspiraciones de los cabezas de chorlito no nos van a quitar. Y eso lo podemos hacer. En sustancia siempre podemos ser más revolucionarios que los charlatanes, porque nosotros hemos aprendido algo y ellos no, porque nosotros sabemos lo que queremos y ellos no, y because, after what we have seen for the last three years, we shall take it a great deal more coolly than any one who has an interest in the business.14

Lo principal por el momento es la posibilidad de hacer imprimir nuestras cosas: o bien en una revista trimestral, donde ataquemos directamente y aseguremos nuestra posición frente a las personas, o bien en libros gruesos, donde hagamos lo mismo sin necesidad de mencionar siquiera a ninguna de esas arañas. A mí me parecen bien las dos cosas; a la larga, y con la reacción en aumento, me parece que la posibilidad de lo primero disminuye y que lo segundo se convierte cada vez más en nuestro recurso, al que tendremos que lanzarnos. ¿Qué queda de todos los chismes y habladurías que toda la chusma de la emigración pueda hacer a tu costa, si tú le respondes con la economía?

Mañana, la carta para Harney. En attendant salut.15

Tuyo, F. E.

13 de febrero de 1851 (jueves).

  1. Contada por Marx en su carta del 11 de febrero de 1851: George Julian Harney (1817-1897), dirigente del ala izquierda del cartismo, había tomado parte en el mitin por la muerte de Bem junto a Karl Schapper, Louis Blanc y la Sociedad de Great Windmill Street, y había vitoreado a Louis Blanc. ↩

  2. Semanario de Harney (1850-1851). ↩

  3. Józef Bem (1794-1850), general polaco, jefe militar de la revolución húngara de 1848-1849; murió en Alepo en diciembre de 1850. ↩

  4. Sociedad internacional de demócratas fundada en Londres en 1845, de la que Harney era uno de los dirigentes. ↩

  5. La Sociedad de Cultura Obrera de Great Windmill Street, que en la escisión de la Liga de los Comunistas de 1850 quedó del lado de la fracción Willich-Schapper. ↩

  6. Los artículos contra Ledru-Rollin, Mazzini y los demócratas de la emigración anunciados en la carta del día anterior. No llegaron a publicarse. ↩

  7. «En el fondo». ↩

  8. «Apoyo». ↩

  9. «Dios mío». ↩

  10. «Soltero». ↩

  11. «Pequeños grandes hombres». ↩

  12. «Con la reserva de llamarlos bestias incorregibles entre nosotros». ↩

  13. «Independiente». ↩

  14. «Porque, después de lo que hemos visto en los últimos tres años, nos lo tomaremos con mucha más calma que cualquiera que tenga algún interés en el asunto». ↩

  15. «Entretanto, salud». ↩