Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester un miércoles, el 12 de febrero de 1851 según la fecha que le asignan los editores. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 63, pp. 146-148) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
Querido Marx:
Acabo de encontrarme tu carta en casa1 y aprovecho el correo de hoy para avisarte de que a finales de esta semana o, como muy tarde, a principios de la que viene me las arreglaré para mandarte la libra y diez chelines para Landolphe,2 de modo que este asunto, que ya no se puede seguir arrastrando, quede liquidado. Notre ami3 Landolphe ha vuelto a demostrar que es una vieja, y la necia vanidad de enano del sabihondo L. Blanc4 se desarrolla de tal forma que convierte al sublime renacuajo en un perfecto payaso. C'est bien.5 Uno ve cada vez más que la emigración es una institución en la que por fuerza se vuelve un payaso, un asno y un vulgar canalla todo el que no se retira de ella por completo y a quien no le basta la posición del escritor independiente, al que le importa un bledo incluso el llamado partido revolucionario. Es una pura school of scandal and of meanness,6 en la que el último de los asnos se convierte en el primer salvador de la patria. En todo caso, el pequeño cazador de popularidad lo pagará en cuanto volvamos a tener un órgano. Ya sabes que aquí estoy sin ninguno de mis papeles; indícame, pues, unas cuantas fuentes más sobre la historia de Francia de 1830 a 1848 que conozcas tú, y procuraré ponerle al señor pretendiente unas brasas bajo el trasero, al menos literariamente. De todos modos, en mis artículos en el Friend of the People7 lo voy a emplazar, si no tienes nada en contra, ya que fue a ti a quien contó la historia, a que publique lo que el señor Mazzini le comunicó sobre el carácter del Comité Central Europeo y su actitud ante los socialistas y comunistas,8 y haré la alusión necesaria para que se entienda. Pourquoi nous gênerions-nous?9
Harney10 recibe hoy tres artículos, introductorios, algo prolijos, sembrados aquí y allá de alguna leve insinuación. Lo fatal del asunto es que, para los proletarios ingleses y el público de Harney, difícilmente se puede atacar a Ledru-Rollin y compañía11 sin identificarse, al menos en parte, con la camarilla de Willich y Barthélemy.12 No quedará más remedio que dedicar al final a esa camarilla unos artículos especiales. Estos tres primeros artículos todavía no contienen nada; están escritos más por Harney, to put him in the right track,13 que con ningún otro fin. Pero del n.º 4 al 9 viene, golpe tras golpe, el ataque a Ledru, Mazzini, Ruge, etc., y del modo más directo y personal posible.
La historia de Willich es impayable.14 Procura que te lleguen las cartas. Me gustaría ver la indignación moral cuando estalle la bomba. Por lo visto, desde hace algún tiempo volvéis a tener buenos espías en Great Windmill Street;15 cela ne fait pas de mal16 y por lo menos da que reír. Confieso que no habría creído al tipo tan tonto. Por lo demás, ahora estará más inflamado que nunca, desde que los periódicos ministeriales prusianos anuncian la guerra contra Suiza y a las reservas de la Guardia, según se les comunicó en el desfile, se las mantiene en armas justamente por eso. Los gobiernos de la Santa Alianza les hacen de verdad el juego a esos asnos fantasiosos de una manera irresponsable, y si no fuera por Palmerston,17 la próxima «emancipación de la estupidez general» podría venir al mundo de verdad con seis meses de adelanto.
Tu último descubrimiento económico18 es ahora objeto de mi más seria reflexión. Hoy no tengo tiempo de entrar en él más a fondo, pero el asunto me parece del todo correcto. Ahora bien, con las cifras no se juega, y por eso lo estoy pensando con cuidado.
Quelle bête que ce Louis Napoléon!19 Le vende a la Asamblea sus dudas sobre la ley electoral y se vende a sí mismo a Montalembert por 1 800 000 francos, que al final ni siquiera se lleva.20 Con un aventurero así no hay nada que hacer. Si se deja dirigir cuatro semanas por intrigantes listos, a la quinta seguro que echa a perder de la manera más tonta todo lo que ha conseguido. Aut Caesar aut Clichy!21
Hace poco fundamos aquí una nueva Chartist Locality.22 Estos ingleses, dentro de las formas democráticas, tienen muchos menos escrúpulos que nosotros, los honrados y tímidos alemanes. Éramos trece, y enseguida se acordó elegir un council23 de trece miembros, a saber, los presentes. Luego cada uno propuso a uno de los presentes y, como yo naturalmente decliné, alguien propuso en mi lugar a un ausente, y en menos de cinco minutos los private gentlemen24 se habían convertido en un council, y sin embargo todos habían sido elegidos, y este divertido proceeding passed off very seriously and as a matter of course.25 Ya veré pronto qué sale de esto. Por hoy, salud.
Tuyo, F. E.
Miércoles.
La carta de Marx del 10 de febrero de 1851, en la que contaba que Louis Blanc y Landolphe se habían unido al comité de la fracción Willich-Schapper y que debía todavía a Landolphe libra y media. ↩
Landolphe, emigrado francés en Londres, del círculo de Louis Blanc. ↩
«Nuestro amigo». ↩
Louis Blanc (1811-1882), socialista francés, miembro del Gobierno provisional de 1848, emigrado en Londres desde 1848. Era de muy baja estatura: de ahí «enano» y «renacuajo». ↩
«Muy bien». ↩
«Escuela del escándalo y de la mezquindad», con alusión a la comedia de Richard Brinsley Sheridan The School for Scandal (1777). ↩
Semanario de George Julian Harney (1850-1851). Los artículos de Engels no llegaron a publicarse: véase su carta del 13 de febrero de 1851. ↩
Giuseppe Mazzini (1805-1872), dirigente de la democracia republicana italiana, fundó en Londres en 1850, con Ledru-Rollin, Arnold Ruge y el polaco Albert Darasz, el Comité Central Democrático Europeo. ↩
«¿Por qué íbamos a cortarnos?». ↩
George Julian Harney (1817-1897), dirigente del ala izquierda del cartismo, editor del Red Republican y del Friend of the People. ↩
Alexandre Auguste Ledru-Rollin (1807-1874), jefe de los demócratas pequeñoburgueses franceses (la Montaña), emigrado en Londres desde junio de 1849. ↩
August Willich (1810-1878), antiguo oficial prusiano, jefe con Karl Schapper de la fracción que se escindió de la Liga de los Comunistas en septiembre de 1850; Emmanuel Barthélemy (1820-1855), blanquista francés emigrado en Londres, aliado suyo. ↩
«Para ponerlo en el buen camino». ↩
«Impagable». Se trata de la carta falsa que Conrad Schramm escribió a Willich en nombre de Hermann Becker, de Colonia, ofreciéndole la dictadura militar; Willich había caído en la trampa y Marx esperaba recibir de Becker las cartas de Willich (véase la carta de Marx del 10 de febrero). ↩
En Great Windmill Street tenía su sede la Sociedad de Cultura Obrera, que en la escisión de 1850 quedó del lado de la fracción Willich-Schapper. ↩
«No hace ningún daño». ↩
Henry John Temple, vizconde de Palmerston (1784-1865), ministro británico de Asuntos Exteriores. ↩
Expuesto en la carta de Marx del 3 de febrero de 1851, sobre la teoría de la circulación (currency). ↩
«¡Qué bestia este Luis Napoleón!». ↩
Luis Bonaparte, presidente de la República francesa, había pedido a la Asamblea Legislativa una dotación suplementaria de 1 800 000 francos; la Asamblea la rechazó el 10 de febrero de 1851. Charles de Montalembert (1810-1870) era uno de los jefes del partido católico en la Asamblea. ↩
«¡O César o Clichy!», parodia de aut Caesar aut nihil («o César o nada»). Clichy era la cárcel por deudas de París. ↩
«Sección cartista»: grupo local de la National Charter Association. ↩
«Consejo». ↩
«Particulares». ↩
«Procedimiento se desarrolló muy seriamente y como la cosa más natural del mundo». ↩