Carta de Wilhelm Pieper y Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres el 26 de febrero de 1851. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 69, pp. 160-164) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

[De Pieper]

Querido Engels:

Como sabrás, el 24 tenían que celebrarse aquí dos fiestas en honor del filisteísmo y del Straubingertum1 emancipados. De la primera, a la que fueron Wolff y Liebknecht,2 dejaré que te informe Marx; en la segunda, a la que fui con Schramm,3 ocurrieron cosas que tengo que comunicarte sin falta. La alianza de Harney4 con los gamberros franco-alemanes de galeras y de cuartel ya te la habrá contado Marx; así que no gasto una palabra en la manera y las circunstancias en que se produjo esta confraternización; solo quiero dar mi opinión de que Harney se dejó arrastrar a ella principalmente por Blanc, con la mediación de Landolphe.5 La bonachona insistencia fraternal y los honrados aires de Bayard6 de Landolphe han hecho de Harney un asno; la amistad no conocía límites y, naturalmente, llegó hasta la traición a camaradas de partido más antiguos y probados que no tienen esas cualidades más agradables. La alianza data del mitin en el asunto de Bem,7 y el propio Harney ha sido el más incansable en organizar el banquete. Nos pareció oportuno vigilar a Harney en el banquete y nos procuramos entradas, ¿de quién?: por medio de Schramm, del propio Harney, que se había convertido en el principal vendedor de los señores Straubinger. Menciono de pasada que desde el mitin de Bem Harney ha evitado cuidadosamente a Marx, y que la aparición de Schramm en su casa le consternó hasta el punto de ponerse rojo como una cereza. En una palabra: Schramm y yo nos dirigimos al banquete, que se celebraba en Islington. Llegamos algo tarde y se nos vio nada más entrar. Una vez que nos hicimos con un sitio, fuimos testigos de lo que sigue. 700 personas, la sala decorada con las banderas de costumbre y una respetable selección de nombres, donde desfilaban Moll entre Kossuth y Garibaldi, Jacoby entre Blanqui y Cabet, Robert Blum junto a Barbès y Robespierre.8 Willich de presidente, todo lo más rojo posible; era, como dice Magnus Groß, la fiesta de inauguración de la más roja de las repúblicas rojas. Lo primero que hicimos fue darnos el gusto de amargarle la noche a la araña de la señora Harney, a la que hicimos notar nuestra presencia. Mensajes leídos: 1.º por Louis Blanc, del distrito XII, es decir, de sus antiguos ouvriers maçon, delegados del Luxemburgo;9 2.º por Vidil,10 de no se sabe dónde; 3.º por Landolphe, de no se sabe dónde; 4.º por Schapper,11 de Suiza; 5.º por Sawaszkiewicz,12 de los polacos, etc. Ninguno de Alemania; ¿por qué?: no tenían ninguno.

Brindis: la inteligencia basada en el sentiment de l’égalité,13 por el ami Landolphe; ídem la inteligencia, por Gebert;14 el socialismo, por los galérien,15 etc. Por fin apareció Harney, que antes había estado también en el banquete de Church Street. Schapper lo presentó con énfasis como our friend citizen G. J. Harney. El citizen leyó el mensaje de los Fraternal Democrats,16 se sumó a la war to the knife17 de Schapper y celebró probablemente —a juzgar por el afán ciego y el empeño que había puesto en este banquete— uno de los más hermosos triunfos de su vida, un triunfo cuyas ilusiones se apresuró a cambiar por tu amistad y la de Marx y por vuestra relación. Recibidos y observados por Haude al entrar, no pasó mucho tiempo antes de que el valeroso cuerpo de Willich se apostase a nuestro alrededor para atacarnos, y durante media hora estuvimos expuestos a las injurias más cobardes e infames por parte de los señores Wengler, Prochasky, Covend y otros diez. Habría sido imposible retirarnos tranquilamente; veíamos venir una catástrofe y nos preparamos para que redundase lo más posible en beneficio de nuestro partido. Pero todavía no nos habían atacado de manera lo bastante escandalosa como para pedir la tribuna y armar un escándalo, aunque el jefe de los lazzaroni18 y presidente observaba nuestra situación con íntima satisfacción. Unos minutos más y, con las ofensas cada vez más ruidosas, la atención de la sala se dirigió lo suficiente hacia nosotros; entonces Schramm fue a la tribuna y pidió a Landolphe que mantuviese el orden en aquella parte de la sala y diese contraorden a los Straubinger (porque la orden de Willich, aunque tácita, estaba dada); si no, un escándalo sería inevitable. Qu’est ce que répond le noble, le beau, le brave et généreux Landolphe? Ce n’est pas ici le lieu d’arranger des querelles que vous avez avec d’autres.19 Naturalmente, la petición inútil de Schramm fue la señal inmediata; on nous livra.20 Justo iba a empezar la Marsellesa; algunas voces gritaron Chapeau bas,21 al mismo tiempo nuestros agresores se levantaron de un salto e intentaron arrancarnos los sombreros; no contentos con eso, empezaron a gritar: des espions, a spy,22 veinte puños se alzaron ante nosotros y, defendiéndonos como pudimos, nos echaron de la sala a puñetazos. De la infamia que siguió solo puedes hacerte la idea necesaria si piensas en la composición de la asamblea. El grito de «a spy» no bastaba; había que alentar todavía más las ganas de linchamiento: azuzaron con el grito de «Haynau»;23 la presidencia no hizo nada, ni una llamada al order, ni la campanilla, ni un intento de poner freno al cobarde atentado de cien contra dos hombres solos. En el patio (el banquete era en un salón de jardín), repetición y continuación de la canallada: Schapper, Barthélemy,24 Gebert, todo el Windmill25 alrededor de nosotros y encima de nosotros. Por fin apareció Landolphe para decirnos que nosotros mismos comprenderíamos lo bueno que sería dejarnos poner ya del todo en la calle. Perros a los que nunca habíamos conocido se distinguieron con insultos fanfarrones y golpes, contra los que nos defendimos todo lo posible, probablemente para hacer méritos ante Willich. Al final se dejó ver Harney, para atestiguar tímidamente que no éramos espías; demasiado cobarde para tomarnos bajo su protección como amigos y hacer suya nuestra causa, le bastó con un cobarde intento de mediación y, según nos dicen, volvió a la misma sala para asistir tranquilamente al final del Meeting of the fraternal socialists and communists de Europa. Mientras ocurría todo esto, el señor Louis Blanc tuvo la desgracia de ver cómo se le enfriaba un poco en el bolsillo su discours sur la fraternité, ce qui pourtant ne l’a pas empêché de le tenir après ce déplorable accident.26

Sobre nuestra intención y cómo pensamos tomarnos la revancha, te escribiré mañana por la noche; antes es necesario hablar con Jones,27 que se mantuvo alejado de los dos mítines y probablemente tomará partido por nosotros, et plus chaleureusement que notre ami du peuple.28

Te saluda amistosamente W. Pieper.

Londres, 26 de febrero de 1851.

[De Marx]

Querido Engels:

En las cartas de Pieper y de Schramm he dejado que te cuenten los hechos los propios afectados. Así podrás formarte mejor un juicio propio. Incomprensible lâcheté29 por parte de los 200 fraternal murderers,30 que descargan su sed de acción revolucionaria sobre dos hombres solos; incomprensible lâcheté del Dear,31 de Landolphe, de Louis Blanc, etc., quedarse mirando tranquilamente y recitar sus frases fraternales.

Una cosa más de la conversación de Schramm con Harney: Harney subrayó que Schapper era un «viejo conocido» suyo y que, mientras nosotros estábamos en Bruselas, había mantenido con él relaciones muy íntimas.

Apropos! Todo el informe sobre el mitin lo habían mandado los señores L. Blanc y consortes a un periódico de París ya el día antes.

El procedimiento judicial arruinaría a L. Blanc. Imagínate qué festín para el Times, sobre todo porque Barthélemy, el galérien, el meurtrier,32 etc., aparecería como acusado y provocateur à l’assassinat.33 Porque Barthélemy dijo en plena escena de la paliza, señalando a Schramm: «C’est un infâme, il faut l’écraser».34

Lo judicial solo tiene este efecto malo: el periódico proyectado por Harney y Jones se va al traste; Harney y los Fraternals se van al traste; el Times lo celebrará; Pieper perderá su empleo (es lo bastante noble para no preguntar por ello), y Schramm, etc., acabarán echándose encima a todos los cartistas. Que faire? Mañana hablaré de ello con Jones. El amigo Harney parece confiar, con Schapper, en que la cosa pasará sin ruido. Por eso no ha creído que valiese la pena dar los steps35 necesarios con nosotros ni hacer las concesiones necesarias. El asno complica así la situación. Esta porquería no puede quedar sin castigo.

Si Harney te escribe, guárdate solo de una cosa. En tu carta te has detenido demasiado en la crítica teórica de Ledru-Rollin y de Blanc. Harney hace ahora como si le exigiéramos que se pusiese a la cola nuestra. Así que ante todo hay que reprocharle:

1.º que se trata única y exclusivamente de su relación con Schapper y Willich, ya que se ha constituido en apéndice de nuestros enemigos personales directos, unos perros infames, y, con todo el peso que tiene, ha echado en la balanza ante Alemania a favor de ellos y en contra de nosotros. ¿Y no había roto con nosotros, por escrito, la relación con Vidil, con Barthélemy y con Willich? ¿Y cómo pudo reanudarla sin nosotros, a nuestras espaldas y contra nuestra voluntad? Si eso es fair, yo no lo entiendo.

2.º Nos ha negado, al no darnos públicamente, en el mismo mitin, una satisfacción inmediata después del incidente con Schramm y Pieper y retirarse luego en el acto. En lugar de eso, hace todo lo posible ante sus amigos por presentar el asunto como irrelevante.

Te adjunto la carta de Dronke. Tienes que escribirle con detalle toda la porquería, incluido lo último. Yo tengo un montón de cartas que escribir a Colonia, Hamburgo, etc.

Si hoy la carta no va franqueada, tendrás que disculparme. Es demasiado tarde para salir a por stamps, y es necesario que la carta vaya al correo todavía esta noche.

Tuyo, K. Marx.

  1. Straubinger: los oficiales artesanos alemanes que iban de ciudad en ciudad; Marx, Engels y sus amigos usan el nombre con desprecio para el gremialismo de los artesanos, y aquí para los seguidores de Willich y Schapper. ↩

  2. Ferdinand Wolff (1812-1895), el «rojo Wolff», antiguo redactor de la Neue Rheinische Zeitung, y Wilhelm Liebknecht (1826-1900), entonces emigrado en Londres. Las dos fiestas conmemoraban el aniversario de la revolución de febrero de 1848. ↩

  3. Wilhelm Pieper (1826-1899), filólogo, emigrado en Londres, que hizo durante un tiempo de secretario de Marx; Konrad Schramm (h. 1822-1858), miembro de la Liga de los Comunistas, gerente de la Revue. ↩

  4. George Julian Harney (1817-1897), dirigente del ala izquierda del cartismo, editor del Friend of the People. ↩

  5. Pierre-François Landolphe, representante del pueblo en la Asamblea Legislativa francesa, emigrado en Londres después del 13 de junio de 1849. ↩

  6. Pierre Terrail, señor de Bayard (h. 1476-1524), el «caballero sin miedo y sin tacha». ↩

  7. Józef Bem (1794-1850), general polaco que mandó el ejército revolucionario húngaro en 1848-1849; murió en diciembre de 1850 y en Londres se celebró un mitin en su memoria. ↩

  8. Joseph Moll (1813-1849), dirigente de la Liga de los Comunistas, caído en la campaña de Baden; Johann Jacoby (1805-1877), demócrata de Königsberg; Robert Blum (1807-1848), demócrata, fusilado en Viena en noviembre de 1848; Armand Barbès (1809-1870), revolucionario francés. ↩

  9. «Obreros albañiles». En 1848 Louis Blanc había presidido la Comisión del Luxemburgo, compuesta por delegados obreros. ↩

  10. Jules Vidil, antiguo oficial francés, blanquista, emigrado en Londres. ↩

  11. Karl Schapper (1812-1870), dirigente, con August Willich (1810-1878), de la fracción que se separó de Marx y Engels en la Liga de los Comunistas en septiembre de 1850. ↩

  12. Leon Sawaszkiewicz, emigrado polaco. ↩

  13. «El sentimiento de la igualdad». ↩

  14. August Gebert, partidario de Willich y Schapper; Haude, Wengler, Prochasky y Covend, que aparecen después, eran también de ese grupo. ↩

  15. «Galeote», el condenado a galeras. ↩

  16. Sociedad internacional de demócratas fundada en Londres en 1845 por los cartistas de izquierda y emigrados de varios países. ↩

  17. «Guerra a cuchillo». ↩

  18. Los mendigos y desharrapados de Nápoles; aquí, Willich. ↩

  19. «¿Qué responde el noble, el bello, el valiente y generoso Landolphe? No es este el lugar para arreglar las querellas que tienen ustedes con otros». ↩

  20. «Nos entregaron». ↩

  21. «¡Fuera sombreros!». ↩

  22. «¡Espías!», en francés y en inglés. ↩

  23. El general austriaco Julius von Haynau (1786-1853), verdugo de las revoluciones de Italia y Hungría, fue apaleado en Londres en 1850 por los trabajadores de una cervecera durante su visita a la ciudad. ↩

  24. Emmanuel Barthélemy (h. 1820-1855), obrero francés, blanquista, condenado a trabajos forzados en su juventud; aliado de Willich en Londres. ↩

  25. La Sociedad de Cultura Obrera de Great Windmill Street, que había quedado en manos de la fracción Willich-Schapper. ↩

  26. «Discurso sobre la fraternidad […], lo que sin embargo no le impidió pronunciarlo después de este deplorable accidente». ↩

  27. Ernest Jones (1819-1869), dirigente cartista. ↩

  28. «Y con más calor que nuestro amigo del pueblo»: juego con el título del periódico de Harney, The Friend of the People. ↩

  29. «Cobardía». ↩

  30. «Asesinos fraternales». ↩

  31. Harney, al que Marx y Engels llaman así en sus cartas. ↩

  32. «Asesino». ↩

  33. «Instigador al asesinato». ↩

  34. «Es un infame, hay que aplastarlo». ↩

  35. «Pasos». ↩