Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 3 de abril de 1851 (el lugar y el año los establece la edición). Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 82, pp. 180-184) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
Querido Marx:
Lo de mi carta abierta1 es muy extraño. En la oficina solo ha podido abrirla nuestro dependiente, y no le creo con valor para eso; además, solo habría podido hacerlo en ausencia del viejo Hill,2 y no creo que este dejara la oficina un solo momento. De los Ermen no había ninguno en la ciudad. Naturalmente, la cosa no hay quien la averigüe, porque hay una probabilidad considerable, vu3 las interpelaciones en el Parlamento sobre los refugiados, de que haya ocurrido en el propio correo. Que en los últimos tiempos me he vuelto algo sospechoso a los ojos del dependiente, que está más al servicio de Ermen Brothers que al de Ermen & Engels, ya lo había notado antes; pero de eso a abrir cartas il y a loin encore.4 En todo caso, ya sabré prevenirlo en adelante. Aunque el muy tonto hubiera leído la carta, tampoco importaría mucho, porque si el tipo quisiera alguna vez hacer uso de la information,5 por ejemplo si viniera mi viejo, quedaría tan comprometido que lo echarían en el acto. Pero, como digo, no le creo con valor para eso.
En cuanto a la pregunta que me haces en tu penúltima carta,6 no está del todo clara. Pero creo que bastará con lo siguiente.
El comerciante como firma, como productor de ganancia, y el mismo comerciante como consumidor son en el comercio dos personas completamente distintas, enfrentadas como enemigas. El comerciante como firma se llama cuenta de capital, o, en su caso, cuenta de pérdidas y ganancias. El comerciante como tragón, bebedor, inquilino y hacedor de niños se llama cuenta de gastos domésticos. La cuenta de capital adeuda, pues, en la cuenta de gastos domésticos cada céntimo que pasa del bolsillo comercial al privado, y como la cuenta de gastos domésticos solo tiene debe y no tiene haber, y es por tanto uno de los peores deudores de la firma, al final del año toda la suma del debe de la cuenta de gastos domésticos es pura pérdida y se descuenta de la ganancia. En el balance y en el cálculo del tanto por ciento de ganancia, sin embargo, la suma consumida en la casa suele considerarse como si aún existiera, como parte de la ganancia; por ejemplo, con un capital de 100 000 táleros se han ganado 10 000 táleros, pero se han gastado alegremente 5000; se calcula entonces que se ha obtenido un 10 % de ganancia, y una vez que todo se ha asentado correctamente, la cuenta de capital figura al año siguiente con un debe de 105 000 táleros. El procedimiento en sí es algo más complicado de lo que lo presento aquí, porque la cuenta de capital y la cuenta de gastos domésticos rara vez entran en contacto, o solo al cerrar el año, y la cuenta de gastos domésticos figura de ordinario como deudora de la cuenta de caja, que hace de intermediaria; pero al final se reduce a esto.
Con varios socios la cosa es muy sencilla. Por ejemplo, A tiene 50 000 táleros en el negocio y B otros 50 000; ganan 10 000 táleros y cada uno consume 2500 táleros. Las cuentas quedan al final del año, con contabilidad simple y sin las cuentas imaginarias, así:
| A, haber en A & B — aportación de capital | 50 000 táleros |
| A, ídem — parte de la ganancia | 5 000 » |
| 55 000 táleros | |
| Debe en A & B — en efectivo | 2 500 » |
| A, haber para el año siguiente | 52 500 táleros |
Lo mismo B. Pero el negocio calcula siempre que ha obtenido un 10 % de ganancia. En una palabra: al calcular el tanto por ciento de ganancia, los comerciantes no tienen en cuenta los gastos de subsistencia de los socios; en cambio, al calcular el aumento del capital por la ganancia, sí los tienen en cuenta.
Escribir sobre la campaña de Hungría, o mejor aún, si se pudiera, sobre todas las campañas de 1848-1850, me parecería muy bien, si se pudieran conseguir todas las fuentes. La Neue Rheinische Zeitung solo me serviría para comparar los partes austríacos, y ya sabes lo incompletos que son. Necesitaría por lo menos diez o doce obras solo sobre esa campaña, y aun así me faltaría lo principal: el Közlöny (Moniteur) de Kossuth.7 En nada se pone uno tan fácilmente en ridículo como en la historia militar cuando quiere razonar sin tener todos los datos sobre efectivos, aprovisionamiento, municiones, etc. Todo eso pasa en un periódico, donde todas las hojas están igual de mal informadas y de lo que se trata es de sacar las conclusiones correctas de los pocos datos que se tienen. Pero para poder decir post festum,8 en todos los casos decisivos, «aquí se debería haber actuado de tal y tal modo, y aquí se actuó bien, aunque el resultado parezca decir lo contrario», para eso, creo yo, los materiales sobre la guerra de Hungría todavía no están suficientemente a disposición del público. Por ejemplo, ¿quién me consigue los estados de fuerzas de los ejércitos austríaco y húngaro y de los distintos cuerpos en vísperas de cada batalla y de cada movimiento importante? Tendrían que haber salido antes las memorias de Kossuth y de Görgey,9 y tendrían que estar disponibles, en forma auténtica, los planes de batalla y de campaña presentados por Dembinski.10 Con todo, aun con el material existente ya se podrían aclarar muchas cosas y quizá hacer un artículo muy interesante. Esto ya está claro: la insurrección húngara, como la polaca de 1830 o como el Imperio ruso en 1812, a comienzos de 1849 solo se salvó gracias al invierno. Hungría, Polonia y Rusia son los únicos países de Europa donde una invasión en invierno es imposible. Pero siempre es fatal que una insurrección solo se salve por el barro que la rodea con una profundidad insondable. Si el conflicto entre Austria y Hungría hubiera estallado en mayo en vez de en diciembre, nunca se habría organizado un ejército húngaro y todo el tinglado habría acabado como lo de Baden,11 ni plus ni moins.12 Cuanto más empollo la guerra, más crece mi desprecio por el heroísmo: una frase de mal gusto ese heroísmo, que un soldado como es debido nunca se pone en la boca. Napoleón, cuando no hace proclamas ni tiradas sino que habla coolly,13 nunca habla de glorieux, courage indomptable,14 etc., sino que dice como mucho: il s'est bien battu.15
Por lo demás, si el año que viene estalla una revolución en Francia, no cabe ninguna duda de que la Santa Alianza llegará por lo menos hasta las puertas de París. Y con los notables conocimientos y la rara energía de nuestros revolucionarios franceses, está por ver que los fuertes y el recinto amurallado16 de París estén siquiera armados y aprovisionados. Pero, tomados dos fuertes, por ejemplo Saint-Denis y el siguiente hacia el este, París y la revolución se van a tomar por culo jusqu'à nouvel ordre.17 Un día de estos te lo expondré con precisión militar, y también la única medida que puede tomarse en contra para debilitar al menos la invasión: la ocupación de las fortalezas belgas por los franceses y de las renanas mediante un golpe de mano insurreccional muy dudoso.
La siguiente broma, que caracteriza el espíritu de polainas18 prusiano y explica la posterior derrota de Jena,19 etc., te divertirá: los golpes de Napoleón en la campaña de Marengo,20 aparentemente audaces, pero au fond21 segurísimos, llevaron al general prusiano Bülow,22 de la escuela del viejo Fritz, padre o tío del posterior Bülow de 1813, a la siguiente conclusión: 1) establecer un sistema de guerra basado en lo absurdo, para poner siempre al adversario «en apuros» con nuevas locuras, y 2) darle a la infantería, en lugar de la bayoneta, ¡lanzas como en la guerra de los Treinta Años! Abolir la pólvora para vencer a Napoleón, qu'en dis-tu?23
Me alegra mucho que a pesar de todo vengas a fin de mes. Pero en esa ocasión tienes que traerme el ejemplar completo de la Neue Rheinische Zeitung: a partir de él voy a abrir expedientes sobre todos los asnos demócratas alemanes, y lo mismo sobre los franceses, un trabajo que hay que hacer en todo caso antes de que nos veamos lanzados otra vez a cualquier lío. Para eso estaría bien que el digno Liebknecht,24 qui est assez bon pour cela,25 fuese al Museo y leyese allí las votaciones de las asambleas de Berlín, Fráncfort y Viena, que seguro que están allí (en las actas taquigráficas), y extractase las de toda la izquierda.
Ya sabes que no he leído el final de lo de Daniels.26 Que el tipo se empeñe en los «conceptos» como mediadores entre los hombres, etc., se explica; eso no se lo vas a quitar de la cabeza a uno que escribe sobre fisiología. Siempre acaba salvándose con el argumento de que todo hecho real que actúa sobre los hombres provoca en ellos conceptos, y de que, por tanto, la reacción contra ese hecho es, en segunda instancia, consecuencia del hecho, pero en primera, consecuencia de los conceptos. Contra esta lógica formal no hay nada que decir, desde luego, y todo depende de cómo lo exponga en el manuscrito, que no conozco. Creo que lo mejor sería escribirle que ya sabe a qué malentendidos se prestan tales y cuales partes, y que las cambie de modo que se vea claramente su opinión «verdadera». Es todo lo que puedes hacer, a no ser que reescribas tú mismo el manuscrito en esos pasajes, cosa que tampoco es posible.
Dime cómo está tu mujer y salúdala afectuosamente de mi parte.
Me alegro de que por fin hayas acabado con la economía. La cosa se estaba alargando de verdad demasiado, y mientras tengas delante un libro que consideras importante sin leer, no te pones a escribir.
¿Cómo va lo de un editor para los dos tomos de 60 pliegos que proyectas? Si eso fuera all right, se podría conseguir que el tipo procurase las cosas necesarias para el artículo sobre Hungría (yo ya las indicaría), au besoin27 a cuenta de los honorarios. Haría falta además un mapa especial muy bueno de Hungría y Transilvania y, a ser posible, planos de las batallas, que, que yo sepa, no vienen en las obras publicadas hasta ahora; y el mapa solo podría costar unos 15-20 táleros. Lo haría escoger por Weydemeyer.28 A propósito, ¿tienes su dirección? Quisiera consultarle sobre los abecedarios militares de organización y táctica; precisamente esa basura no la puedo conseguir aquí. Mira también qué libros sobre Hungría se podrían sacar de la Beck,29 o por medio de ella. También necesito el Decker30 que sigue en tu casa.
Tuyo, F. E.
3 de abril.
Véase 1851-04-02 Marx a Engels. ↩
Empleado de la oficina de Ermen & Engels en Manchester. ↩
«Visto», «en vista de». ↩
«Todavía hay un buen trecho». ↩
«Información». ↩
La pregunta del final de 1851-03-31 Marx a Engels. ↩
Közlöny («Boletín»), periódico oficial del gobierno revolucionario húngaro de Lajos Kossuth (1802-1894) en 1848-1849; Engels lo compara con el Moniteur, el diario oficial francés. ↩
«A toro pasado». ↩
Artúr Görgey (1818-1916), general en jefe del ejército húngaro, que capituló ante los rusos en Világos en agosto de 1849. ↩
Henryk Dembiński (1791-1864), general polaco, comandante en el ejército húngaro en 1849. ↩
La campaña por la Constitución del Imperio en Baden y el Palatinado, en mayo-julio de 1849, en la que Engels combatió. ↩
«Ni más ni menos». ↩
«Con frialdad». ↩
«Glorioso», «valor indomable». ↩
«Se ha batido bien». ↩
En el original, Enceinte: el recinto fortificado de París. ↩
«Hasta nueva orden». ↩
Kamaschenrittertum: el espíritu de cuartel y de ordenanza del viejo ejército prusiano. ↩
Napoleón derrotó al ejército prusiano en Jena y Auerstedt en octubre de 1806. ↩
Napoleón venció a los austríacos en Marengo, en el norte de Italia, en junio de 1800. ↩
«En el fondo». ↩
Dietrich Heinrich von Bülow (1757-1807), escritor militar prusiano; era hermano del general Friedrich Wilhelm von Bülow, vencedor en Dennewitz en 1813. ↩
«¿Qué te parece?». ↩
Wilhelm Liebknecht (1826-1900), miembro de la Liga de los Comunistas, emigrado en Londres. ↩
«Que vale para eso». ↩
Roland Daniels (1819-1855), médico de Colonia, miembro de la Liga de los Comunistas, cuyo manuscrito de fisiología había mandado Marx a Engels con la carta anterior. ↩
«Si hiciera falta». ↩
Joseph Weydemeyer (1818-1866), antiguo oficial de artillería prusiano, miembro de la Liga de los Comunistas, entonces en Fráncfort. ↩
La llamada baronesa von Beck, aventurera que se presentaba como agente de Kossuth; véase 1851-04-02 Marx a Engels. ↩
Carl von Decker (1784-1844), oficial y escritor militar prusiano, autor de tratados de táctica. ↩