Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 11 de abril de 1851 (el lugar lo establece la edición). Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 83, pp. 184-186) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

Querido Marx:

Creía que hoy acabaría por fin mi grandioso tratado estratégico.1 Pero, en parte porque me han entretenido, en parte porque he tenido que consultar detalles y en parte porque la cosa sale más larga de lo que pensaba, difícilmente lo terminaré esta noche, ni aun tarde. Por lo demás, no sirve en absoluto para la imprenta, solo para private information2 y como una especie de ejercicio para mí.

También empiezo poco a poco a ver claro sobre Wellington.3 Inglés testarudo, tenaz, obstinado, con todo el bon sens4 y todo el talento de su nación para aprovechar los recursos; lento en sus reflexiones, prudente, y, pese a la suerte más colosal, sin contar nunca con un azar afortunado; sería un génie5 si el common sense6 no fuera incapaz de encumbrarse hasta el genio. Todas sus cosas son ejemplares; ninguna es magistral. Un general como él parece hecho a medida para el ejército inglés, en el que cada soldado y cada subteniente es un pequeño Wellington en su esfera. Y conoce a su ejército, su terca doggedness7 defensiva, que todo inglés trae del ring de boxeo y que le permite, tras ocho horas de defensiva esforzada bajo las que cualquier otro ejército se derrumbaría, lanzar todavía un ataque imponente, en el que la falta de viveza se compensa con la uniformidad y la constancia. La defensiva de Waterloo hasta que llegaron los prusianos no la habría aguantado ningún ejército sin un núcleo de 35 000 ingleses.

Por lo demás, en la guerra de España8 Wellington comprendía mejor el arte militar napoleónico que las naciones a las que Napoleón grabó a golpes en la espalda la superioridad de ese arte. Mientras los austríacos se quedaban del todo confusos y los prusianos, porque su entendimiento n'y voyait que du feu,9 declaraban idénticos el disparate y la genialidad, Wellington supo comportarse con mucha habilidad y guardarse de las pifias que cometían austríacos y prusianos. No imitó las maniobras napoleónicas, pero les puso infinitamente difícil a los franceses aplicarle las suyas. No cometió un solo error salvo cuando se vio obligado por consideraciones políticas; pero, en cambio, tampoco he descubierto aún nada en que mostrara una chispa de genio. El propio Napier10 le señala ocasiones en las que pudo dar golpes geniales de efecto decisivo y no se le ocurrió. Hasta donde llega mi experiencia, nunca supo aprovechar una ocasión así. Es grande en su género, es decir, tan grande como se puede ser sin dejar de ser mediocre. Tiene todas las cualidades del soldado, todas desarrolladas por igual y con una armonía notable; pero precisamente esa armonía impide que cada una de ellas se despliegue de un modo verdaderamente genial. Tel soldat, tel politique.11 Su amigo político del alma, Peel,12 es en cierto modo su calco. Los dos representan el torismo que tiene el bon sens suficiente para abandonar con decoro una posición tras otra y disolverse en la burguesía. Es la retirada a Torres Vedras.13 Voilà Wellington.

Tuyo, F. E.

11 de abril de 1851.

  1. Probablemente el manuscrito Condiciones y perspectivas de una guerra de la Santa Alianza contra una Francia revolucionaria en 1852, que Engels escribió en la primavera de 1851 y que no se publicó en vida de los autores; véase el plan que anuncia en 1851-04-03 Engels a Marx. ↩

  2. «Información privada». ↩

  3. Arthur Wellesley, duque de Wellington (1769-1852), general británico, vencedor de Napoleón en Waterloo (1815), luego jefe de gobierno tory. ↩

  4. «Buen sentido». ↩

  5. «Genio». ↩

  6. «Sentido común». ↩

  7. «Terquedad», «tenacidad». ↩

  8. La guerra de la Independencia española (1808-1814), en la que Wellington mandó las tropas británicas. ↩

  9. «No veía más que fuego», es decir, no entendía nada. ↩

  10. William Napier (1785-1860), general británico, autor de una historia de la guerra en la península ibérica. ↩

  11. «Tal soldado, tal político». ↩

  12. Sir Robert Peel (1788-1850), jefe de gobierno tory, que abolió las leyes de cereales en 1846. ↩

  13. Las líneas fortificadas de Torres Vedras, al norte de Lisboa, a las que Wellington se retiró en 1810 y ante las que se detuvo el ejército de Masséna. ↩