Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres el 21 de mayo de 1851, en papel de cartas con el grabado del palacio de la Exposición Universal. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 93, pp. 202-204) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

Londres, 21 de mayo de 1851.

Querido Engels:

Freiligrath está aquí y te manda saludos. Ha venido a buscar un empleo. Si no lo encuentra, quiere irse a América.1

Ha traído muy buenas noticias de Alemania. Los de Colonia están muy activos. Sus agentes viajan desde septiembre. Tienen en Berlín dos representantes muy buenos, y como los demócratas vienen continuamente a pedirles consejo a Colonia, paralizan continuamente a los demás señores. Así, los de Brunswick estaban a punto de dar a Schimmelpfennig 2000 táleros para el comité (social) de Londres. Pero antes mandaron al doctor Lucius a Colonia, y la cosa se quedó en agua de borrajas.2

Kinkel está muy desacreditado en la provincia del Rin, especialmente en Bonn. El comité de allí había mandado a Johanna 200 libras, pero a las dos semanas ya pedía más. Eso disgustó mucho a los burgueses.3

Los de Colonia van a celebrar dentro de unas semanas un congreso comunista.

Sigel, el general en jefe, está aquí y ha ingresado en la Windmillstreet.4

También ha salido un número del Kosmos del general Haug. Contiene reclamos para Willich, Kinkel y Göhringer.5 Las distintas bandas se van fundiendo cada vez más. No he visto ni oído nunca una sosería más hinchada y engreída. Entre otras cosas, hay en él una payasada de Arnold Winkelried Ruge.6 Este bicho finge que un «huésped» alemán le escribe una carta en la que se asombra de todo lo que lee en los periódicos sobre la «hospitalidad inglesa», teme que el «agobio de los asuntos de Estado» impida a Ruge sacar el tanto por ciento que le corresponde de esa «sibarítica hospitalidad», y le pregunta: «No el traidor Radowitz, sino Mazzini, Ledru-Rollin, el ciudadano Willich, Kinkel y usted mismo estuvieron invitados a Windsor, ¿no?»7 Ruge saca entonces a su amigo del error y lo consuela diciéndole que la hospitalidad inglesa no les impedirá volver a Alemania antorcha en mano. L’imbécile!8

Todo ello está escrito con una idiotez de bachiller beletrista, y con una estupidez engreída que no tiene igual en los anales de la historia universal. Y además con una falta de todo talento que es inaudita. Pero tengo que procurar conseguirte un ejemplar de esa porquería.

La chinche de Meyen corretea por aquí muy atareada y comunica a todo el que quiere oírlo el secreto de que Marx y Engels han perdido todos sus partidarios y toda su influencia en Alemania. ¡Terrible Meyen!

Por lo demás, para darte un ejemplo de la desvergonzada insistencia de estos granujas, de su mezquina mendicidad:

El domingo pasado estuve en Johnstreet, donde el viejo Owen dio una conferencia en su 80.º cumpleaños.9 A pesar de sus ideas fijas, el viejo estuvo irónico y amable. Uno de los satélites del Kosmos, cuando el anciano señor hubo terminado, se le acerca a empujones, le pone el Kosmos en la mano y le declara que la hoja contiene sus principios. Y el viejo lo recomienda de verdad al público. C’est par trop drôle!10

Por lo demás, esa tarde no pude evitar hablar otra vez con Harney, que venía medio achispado y se me acercó muy zalamero y me preguntó por ti.11

Los negocios de mendicidad de Willich van muy bien. Cuando llegaron los refugiados de Schleswig-Holstein, sacó a los citymerchants12 más de 200 libras «para ellos» (!).

Girardin dice, desde luego, que Cavaignac es ahora el único candidato serio del parti de l’ordre, de la masa burguesa.13 Pero él mismo los ataca furiosamente a él y a Changarnier, y su polémica recuerda otra vez los mejores tiempos de su lucha contra el National. Este tipo hace más agitación en Francia que toda la banda de los montañeses y los rojos juntos. Bonaparte parece hors de question.14 Sin embargo, si la mayoría monárquica de la Asamblea Nacional vuelve a violar la Constitución y decide la revisión de la Constitución por mayoría simple, al final se verá obligada —puesto que entonces pierde todo apoyo legal— a llegar a un compromiso con Bonaparte como titular del poder ejecutivo. En ese caso podría haber quizá choques serios, pues es difícil que Cavaignac se deje arrebatar otra vez la ocasión delante de las narices.

Pronto estará aquí toda la Neue Rheinische Zeitung. Me extraña que Lupus no venga. Ojalá no le haya pasado algo malo.15

Ahora me paso todos los días de diez de la mañana a siete de la tarde en la biblioteca, y dejo la Exposición Industrial para cuando vengas.

¿Has leído en el Débats la epístola falsa y la auténtica de Mazzini?

Tu K. M.

Musch saluda al «Friedrich Engels».16

À propos! Willich y Schimmelpfennig han lanzado a «sus hermanos del ejército prusiano» el inevitable llamamiento.

  1. Ferdinand Freiligrath, poeta, redactor de la Neue Rheinische Zeitung, acababa de salir de Alemania; se quedó en Londres, donde acabó trabajando como empleado de comercio. ↩

  2. Alexander Schimmelpfennig, antiguo oficial prusiano que había combatido en el Palatinado en 1849, de la fracción de Willich. Del doctor Lucius no sabemos más que lo que dice la carta. ↩

  3. Gottfried Kinkel, poeta y profesor de Bonn, y su mujer, Johanna Kinkel. ↩

  4. Franz Sigel, oficial badense, comandante en jefe de las tropas revolucionarias de Baden en 1849. En Great Windmill Street se reunía la Asociación Cultural de los Obreros Alemanes, controlada por la fracción de Willich y Schapper. ↩

  5. Sobre Haug y su Kosmos, véase la carta del 5 de mayo de 1851. Karl Göhringer, tabernero badense emigrado en Londres, del grupo de Willich. ↩

  6. Arnold Ruge, a quien Marx compara burlonamente con Arnold von Winkelried, héroe legendario de la independencia suiza. ↩

  7. Joseph Maria von Radowitz, general y ministro de Exteriores prusiano en 1850. Alexandre Ledru-Rollin, jefe de la Montaña francesa, emigrado en Londres tras el 13 de junio de 1849. En Windsor residía la reina Victoria. ↩

  8. «¡El imbécil!». ↩

  9. Robert Owen, el socialista utópico inglés, nacido el 14 de mayo de 1771. En John Street (Tottenham Court Road) estaba el local de los owenistas. ↩

  10. «¡Es demasiado gracioso!». ↩

  11. George Julian Harney, dirigente cartista, que se había acercado entonces a la emigración democrática y a Willich. ↩

  12. «Comerciantes de la City». ↩

  13. Émile de Girardin, director de La Presse; el general Cavaignac, posible candidato a las elecciones presidenciales de 1852. El parti de l’ordre: el «partido del orden», la coalición monárquica conservadora. ↩

  14. «Fuera de cuestión». La Constitución de 1848 exigía para su revisión una mayoría de tres cuartos y prohibía la reelección del presidente. ↩

  15. Wilhelm Wolff, «Lupus», que estaba aún en Suiza. ↩

  16. Musch: apodo de Edgar Marx, el hijo pequeño de Marx, nacido en 1847. ↩