Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 23 de mayo de 1851. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 94, pp. 204-208) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
Querido Marx:
He visto con gusto en los periódicos que la Neue Rheinische Zeitung estuvo representada en tu persona también en el simposio de la prensa de todo el mundo de Soyer. Que te hayan sabido bien los homards à la Washington y el champagne frappé.1 Pero cómo ha encontrado M. Soyer tu dirección es para mí un misterio.
¿Sabes qué ha sido del borrachín de Laroche, el de Great Windmillstreet? Según cuentan periódicos alemanes, lo han atrapado y lo han condenado en Berlín a morir en la horca. Resulta que este supuesto antiguo teniente de húsares prusiano no es otro que el zapatero August Friedrich Gottlieb Lehmann, de Triebel, cerca de Sorau, en la Polonia del agua de la Alta Silesia,2 miliciano de la primera leva, condenado por sentencia del 23 de marzo de 1842, por deserción en tiempo de paz, falsificación y deudas contraídas sin permiso, a las penas militares infamantes y a dieciséis meses de destino en una sección de castigo. Una nueva contribución al esclarecimiento de nuestros héroes revolucionarios alemanes.
Que los grandes guerreros Willich, Schimmelpfennig y Sigel se vayan juntando cada vez más está muy bien.3 Esta chusma de soldados tiene un esprit de corps inconcebiblemente sucio. Se odian entre sí à mort,4 se envidian unos a otros como colegiales la más pequeña distinción, pero frente a la gente «de paisano» están todos unidos. Exactamente como en los primeros ejércitos franceses de 1792-1793, solo que en una escala caricaturizada y enana. La sociedad de Windmillstreet la ven todos como un batallón que pasará el mar marchando en formación, listo y dispuesto; es lo único que queda desde que a los de Suiza los dispersaron y los expulsaron. No es de extrañar que todos se cuelguen de ese noble cuerpo. Es muy bueno que ya desde ahora llame uno la atención sobre este espíritu de cuerpo de oficiales, venido del viejo cuartel y de la mesa de oficiales, y que ya desde ahora se vea que esta camarilla reina entre el material de oficiales emigrados tanto como en el glorioso ejército. Ya les enseñaremos a estos señores, a su debido tiempo, lo que significa «el paisano». Todas estas historias me demuestran que no puedo hacer nada mejor que proseguir mis estudios militares, para que al menos uno «de paisano» pueda plantarles cara en la teoría. En todo caso quiero llegar a que asnos así no puedan apabullarme con su palabrería. Por lo demás, que los hayan dejado sin 2000 táleros es muy grato.5 Las noticias de Colonia son muy agradables; que la gente de allí se ande con cuidado.
La noble Johanna supera de verdad en la mendicidad todo lo visto hasta ahora. Heinzen puede ahorcarse: a la desvergüenza de esta mujer, que además, dicen, es fea como la noche, nunca ha llegado él.6
Que Girardin no apoya a Cavaignac ya se veía por los periódicos ingleses. Pero que él haga constar el hecho de que las posibilidades de Cavaignac van tan bien basta para caracterizar la situación. Si llegara a realizarse la posibilidad de la que hablas, que la mayoría y Bonaparte cerraran un pacto e intentaran llevar a cabo la revisión ilegal, la cosa saldría mal, creo yo. Eso no lo sacan adelante nunca mientras Thiers, Changarnier y el Débats, con sus respectivas colas, estén en contra.7 La oportunidad para Cavaignac sería demasiado bonita; y en ese caso, creo yo, podría contar con el ejército.
Si hay jaleo el año que viene, Alemania se encuentra en una situación endiablada. Francia, Italia y Polonia están interesadas en despedazarla. Mazzini, como habrás visto, ha llegado a prometer a los checos su rehabilitación. Aparte de Hungría, Alemania no tendría más que un aliado posible, Rusia, suponiendo que allí se haya hecho una revolución campesina. Si no, tendremos una guerre à mort8 con nuestros nobles amigos hacia los cuatro vientos, y es muy dudoso cómo acabará esa historia.
Cuanto más pienso en la historia, más claro veo que los polacos son une nation foutue,9 que solo sirven como medio hasta que la propia Rusia se vea arrastrada a la revolución agraria. A partir de ese momento, Polonia no tiene ya absolutamente ninguna raison d’être. Los polacos nunca han hecho en la historia otra cosa que la estupidez valiente y pendenciera. No se puede citar ni un solo momento en que Polonia, aunque solo fuera frente a Rusia, representara con éxito el progreso o hiciera algo de importancia histórica. Rusia, en cambio, es realmente progresista frente al Oriente. La dominación rusa, con toda su vileza, con toda su porquería eslava, es civilizadora para el mar Negro y el Caspio y para el Asia central, para los baskires y los tártaros, y Rusia ha asimilado muchos más elementos de cultura y sobre todo elementos industriales que la Polonia caballeresca y holgazana por toda su naturaleza. Ya el hecho de que la nobleza rusa fabrique, trafique, estafe, se deje corromper y haga toda clase de negocios cristianos y judíos, desde el emperador y el príncipe Demídov hasta el más piojoso boyardo de la decimocuarta clase, que no es más que blaharodno, bien nacido, ya eso es una ventaja.10 Polonia nunca ha sabido nacionalizar elementos extranjeros. Los alemanes de las ciudades son y siguen siendo alemanes. Cómo sabe Rusia rusificar a alemanes y judíos lo demuestra elocuentemente cualquier ruso-alemán de la segunda generación. Hasta a los judíos les salen allí pómulos eslavos.
De la «inmortalidad» de Polonia dan ejemplos contundentes las guerras de Napoleón de 1807 y 1812. Lo único inmortal en los polacos fue su pendencia sin objeto alguno. A esto se añade que la mayor parte de Polonia, la llamada Rusia occidental, es decir, Białystok, Grodno, Vilna, Smolensk, Minsk, Moguilev, Volinia y Podolia, salvo pocas excepciones, se ha dejado dominar tranquilamente por los rusos desde 1772; ils n’ont pas bougé,11 salvo un par de burgueses y nobles aquí y allá. Una cuarta parte de Polonia habla lituano; otra cuarta parte, ruteno; una pequeña parte, una lengua medio rusa, y la parte propiamente polaca está germanizada en un buen tercio.
Por suerte, en la Neue Rheinische Zeitung no contrajimos con los polacos ningún compromiso positivo, salvo el inevitable de la restauración con unas fronteras suitable12 —y aun este, con la condición de la revolución agraria—. Estoy seguro de que esta revolución se realizará por completo antes en Rusia que en Polonia, por el carácter nacional y por los elementos burgueses más desarrollados de Rusia. ¡Qué son Varsovia y Cracovia al lado de Petersburgo, Moscú, Odesa, etc.!
Conclusión: quitar a los polacos en el oeste lo que se pueda, ocupar sus fortalezas con alemanes con el pretexto de protegerlas, sobre todo Posen, dejarles hacer, mandarlos al fuego, comerse su país, alimentarlos con la perspectiva de Riga y Odesa, y, si se consigue poner en movimiento a los rusos, aliarse con ellos y obligar a los polacos a ceder. Cada pulgada que cedamos a los polacos en la frontera de Memel a Cracovia arruina por completo, en lo militar, esta frontera ya de por sí miserablemente débil y deja al descubierto toda la costa del Báltico hasta Stettin.
Por lo demás, estoy convencido de que en el próximo jaleo toda la insurrección polaca se reducirá a nobles de Posen y de Galitzia, con algunos que se les unan del Reino,13 porque este está tan horriblemente exprimido que ya no puede nada, y de que las pretensiones de estos caballeros, si no los apoyan franceses, italianos, escandinavos, etc., y no los refuerzan disturbios checoeslavos, fracasarán por la miseria de sus fuerzas. Una nación que pone en pie de 20 000 a 30 000 hombres a lo sumo no tiene voz en el asunto. Y muchos más no pone Polonia, seguro.
Saluda a Freiligrath si lo ves, y a tu familia, sin olvidar al ciudadano Musch.14 Llego a Londres unos ocho días más tarde de lo que pensaba; la cosa depende de muchas pequeñas miserias.
À propos, de Colonia todavía ni una línea. ¿Has escrito? Si no recibo la carta pronto, no me sirve de nada. No sé por qué Daniels no me iba a hacer ese favor.15 ¿No puedes escribir otra vez? Daniels puede garabatear a vuelta de correo un par de líneas y mandármelas. Si no, podría verme en un aprieto infernal.
Tu F. E.
Manchester, 23 de mayo de 1851.
Alexis Soyer, cocinero francés afincado en Londres, abrió durante la Exposición Universal, frente al Crystal Palace, el restaurante «Symposium of All Nations», donde dio un banquete a la prensa. Homards à la Washington: «bogavantes a la Washington»; champagne frappé: «champán helado». ↩
Wasserpolackei: nombre despectivo alemán de la zona de habla polaca de la Alta Silesia. ↩
August Willich y Alexander Schimmelpfennig, antiguos oficiales prusianos, y Franz Sigel, antiguo oficial badense, jefes militares de la campaña de Baden y el Palatinado de 1849. En Great Windmill Street se reunía la Asociación Cultural de los Obreros Alemanes, en manos de la fracción de Willich y Schapper. ↩
«A muerte». ↩
Véase la carta de Marx del 21 de mayo de 1851. ↩
Johanna Kinkel, mujer de Gottfried Kinkel. Karl Heinzen, publicista demócrata, emigrado en Estados Unidos. ↩
Adolphe Thiers, jefe orleanista; el general Changarnier; el Journal des Débats, diario orleanista. ↩
«Guerra a muerte». ↩
«Una nación acabada». ↩
Los Demídov, familia de industriales rusos del hierro de los Urales, ennoblecida. La decimocuarta era la última de las clases de la Tabla de Rangos rusa. Blagorodny, en ruso, «bien nacido», tratamiento de los nobles de rango inferior. ↩
«No se movieron». ↩
«Adecuadas». ↩
El Reino de Polonia, bajo soberanía rusa. ↩
Musch: apodo de Edgar Marx, el hijo pequeño de Marx. ↩
Roland Daniels, médico de Colonia, miembro de la Liga de los Comunistas y amigo de Marx; fue detenido en junio de 1851 y juzgado en el proceso de los comunistas de Colonia. ↩