Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres el 28 de mayo de 1851 (el lugar lo establece la edición). Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 95, pp. 208-210) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

28 de mayo de 1851.

Querido Engels:

Que Daniels no conteste (al que, por cierto, mandaré mañana otra carta si no recibo una suya hoy mismo) tiene razones muy enojosas.1 A Nothjung lo han detenido en la estación de Leipzig. Qué papeles le han encontrado no lo sé, naturalmente. Después (o al mismo tiempo, no lo sé) detuvieron en Colonia a Becker y a Röser y registraron sus casas, y también, esto último, la de Bürgers. Este está en Berlín, buscado por requisitoria, y probablemente llegará pronto aquí.2

Estas medidas de la policía contra los emisarios, etc., se las debemos única y exclusivamente al miserable griterío de los asnos de Londres. Estos fuelles saben que ni conspiran, ni persiguen un objetivo real, ni tienen detrás una organización en Alemania. No quieren más que parecer peligrosos y poner a girar la noria de los periódicos. Así, estos canallas estorban y ponen en peligro el movimiento real y ponen a la policía en el qui vive.3 ¿Ha existido jamás un partido así, cuyo fin confesado sea la pura fanfarronería?

Freiligrath se marchó instintivamente a tiempo para que no lo atraparan. Nada más llegar aquí, le tendieron lazos todas las camarillas de la emigración, los filántropos amigos de Kinkel, los estetizantes Howitt, etc., para atraparlo para su cenáculo.4 A todos esos intentos ha contestado muy groseramente que él pertenece a la Rheinische Zeitung, que no tiene nada que ver con el caldo cosmopolita y que solo trata con «el doctor Marx y sus amigos más íntimos».

En seguida te hablaré del Kosmos. Antes, un mot5 sobre la situación en Francia.

Me convenzo de plus en plus6 de que, a pesar de todo y de todo, las posibilidades de Napoleón siguen siendo por ahora las mejores de todos los candidatos. Se decidirá en principe la revisión, pero en pratique se decidirá la revisión del artículo referente al presidente.7 Si la minoría arma demasiado ruido, se toma un simple acuerdo por mayoría por el que se decide la disolución de la Asamblea Nacional y la convocatoria de una nueva, que se celebrará entonces sub auspiciis de Faucher, del telégrafo y de la ley del 31 de mayo.8 Los burgueses preferirían a Cavaignac; pero el peligro de romper con el statu quo mediante unas elecciones radicales les parece demasiado arriesgado. Ya ahora una masa de fabricantes ha obligado a sus hands9 a firmar peticiones por la revisión de la Constitución y la prórroga del poder presidencial. En tout cas, la cosa tiene que decidirse pronto, et nous verrons!10

Así que el Kosmos ha hecho un fiasco brillante.

Bajo el título «Las conferencias de Kinkel», firmado «Un obrero», se lee lo siguiente:

«Ante las imágenes nebulosas de Döbler me sorprendió una vez el gracioso pensamiento de si se podrían producir tales creaciones caóticas con la “palabra”, si se podrían conjurar con el habla imágenes nebulosas. Es cierto que es desagradable, como crítico, tener que confesar desde el principio que en este caso la independencia crítica vibra en los nervios galvanizados de una reminiscencia estimulada, como el tono que se apaga de una nota moribunda tiembla aún en las cuerdas. Sin embargo, prefiero renunciar al análisis empelucable y aburrido de la insensibilidad erudita antes que negar aquel tono que la encantadora musa del refugiado alemán hizo resonar en el juego de ideas de mi receptividad. Este tono fundamental del cuadro de Kinkel, esta resonancia de sus acordes es la “palabra” sonora, creadora, formadora, todopoderosamente plasmadora: ¡el pensamiento moderno! El “juicio” humano de este pensamiento rapta la verdad del caos de las tradiciones mentirosas y la pone, como propiedad intangible de la colectividad, bajo la protección de las minorías lógicas y dotadas de espíritu, que la educan desde la ignorancia creyente hasta la ciencia incrédula. A la ciencia de la incredulidad le corresponde profanar el misticismo del piadoso engaño, socavar el absolutismo de la costumbre embrutecida; decapitar las autoridades por medio del escepticismo, esa guillotina de la filosofía que trabaja sin descanso, y conducir a los pueblos, desde los cúmulos de nubes de la teocracia, por medio de la revolución, a los campos floridos de la democracia (del disparate). La investigación perseverante y tenaz en los anales de la humanidad, igual que la explicación del hombre mismo, es la gran tarea de todos los hombres de la subversión, y así lo reconoció aquel poeta rebelde proscrito que en las veladas de los tres últimos lunes, ante un público burgués, expresó sus dissolving views sobre la historia del teatro moderno.»11

«Un obrero»

Si eso no es bueno para las chinches,
entonces no sé qué es mejor.

Vale faveque!12

Tu K. M.

  1. Roland Daniels, médico de Colonia, miembro de la Liga de los Comunistas; véase la carta de Engels del 23 de mayo de 1851. ↩

  2. Peter Nothjung, sastre, emisario de la Autoridad Central de la Liga de los Comunistas de Colonia, detenido en Leipzig el 10 de mayo de 1851; los papeles que llevaba encima dieron a la policía la pista de la Liga. Hermann Becker y Peter Gerhard Röser, miembros de la Liga en Colonia; Heinrich Bürgers, que fue detenido poco después en Dresde. Los tres fueron acusados en el proceso de los comunistas de Colonia (1852). ↩

  3. «Alerta». ↩

  4. William y Mary Howitt, escritores ingleses, traductores y divulgadores de literatura alemana. ↩

  5. «Una palabra». ↩

  6. «Cada vez más». ↩

  7. Así en el original («beschließen»); por el sentido, Marx quería decir «se limitará a la revisión del artículo…». El artículo 45 de la Constitución de 1848 prohibía la reelección del presidente. ↩

  8. Léon Faucher, ministro del Interior francés. La ley electoral del 31 de mayo de 1850 había suprimido el sufragio universal masculino. ↩

  9. «Obreros». ↩

  10. En tout cas: «en todo caso»; et nous verrons!: «¡y ya veremos!». ↩

  11. Ludwig Döbler, prestidigitador austriaco, célebre por sus proyecciones de imágenes que se funden unas en otras (Nebelbilder, en inglés dissolving views). Gottfried Kinkel daba en Londres conferencias sobre historia del teatro. ↩

  12. «¡Adiós y quiéreme bien!». ↩