Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres el 13 de julio de 1851. Se conserva completa; incluye copias de cartas de Arnold Ruge a Ferdinand Freiligrath, de Wilhelm Wolff a Joseph Fickler y de Fickler a Wolff. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 100, pp. 213-217) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
13 de julio de 1851.
28, Deanstreet, Soho.
Querido Engels:
He ido aplazando mi carta de un día para otro para darte completos los documentos que copio más abajo. Pero como no estarán completos hasta dentro de unos días, te escribo hoy para no hacerte esperar más la respuesta.
D’abord.1 Por tu carta me parece que, mientras tu viejo estuvo en Manchester, no te enteraste de que en la Kölnische Zeitung se había publicado un segundo documento con el título «La Liga de los Comunistas». Era el mensaje a la Liga redactado por nosotros dos, au fond2 nada más que un plan de guerra contra la democracia.3 Por un lado, su publicación ha sido buena, frente al documento de Bürgers, más o menos absurdo en la forma y poco consolador en el contenido.4 Por otro, algunos pasajes agravan la situación de los que ahora están presos.
Según me cuenta Louis Schüler, de Colonia,5 Bürgers escribe muy abatido desde Dresde. En cambio, en Colonia se cree en general que pondrán en libertad a Daniels, contra el que no hay nada y por el que aúlla todo el gimoteo de la ciudad santa. Lo considera, naturalmente, incapaz de tales «locuras».
Miquel ha escrito desde Gotinga. Le han registrado la casa varias veces. No encontraron nada. No lo han encarcelado. Desde Gotinga han salido cinco nuevos emisarios —gentlemen— para Berlín, etc. La persecución de los judíos aumenta, naturalmente, el celo y el interés.
Lo más gracioso es que la boba Augsburger Allgemeine Zeitung hace del documento redactado por nosotros un hijo de los señores Mazzini y Ruge, se da golpes de pecho una y otra vez y no sabe formular mejor la conmoción de sus conceptos ante lo monstruoso que gritando aquí y allá: ¡locura! ¡Locura! ¡Locura!
La Trier’sche Zeitung —es decir, K. Grün— se ha subido, naturalmente, a la parra y ha demostrado con el primer documento la impotencia material del partido y con el segundo su impotencia «espiritual».6 No faltan, naturalmente, las frases propias de los amigos de la luz y las más «anárquicas».7 ¡Hacerlo todo desde arriba! ¡Estado policial! ¡Excomulgar y expulsar formalmente a los que piensan de otra manera! Mon Dieu! ¡Esto ya es el colmo!
Vamos ahora a las tormentas de aquí, que suelen desatarse en una gota de agua.
Primero. El padre Willich se ha escabullido del cuartel —cuya disolución, por lo visto, estaba decidida— y se ha peleado a fondo con la mayor parte de su guardia de corps.8
Segundo. Ha llegado aquí el gran Fickler.9 Lupus había estado con él en Estrasburgo unos días antes de llegar a Inglaterra. Liebknecht lo conoce de antiguo.10 Así que los dos fueron a verle el 5 de julio. Charló muy amablemente, habló de la necesidad de reconciliar a los partidos, etc. Entonces llegó también el gran A. Gögg. Llamó a Willich «un simple fantasioso» y a Schapper «un sujeto repugnante»: después de oír al tipo vociferar algunas veces en la Windmill, se había separado de él y no había vuelto a la posada. Fickler y Gögg arremetieron los dos con especial fuerza contra el gran Kinkel, que aquí hace puramente de parvenu afortunado y con ello se ha ganado el enojo de los demás grandes hombres. Ruge, en cambio, era considerado una especie de lumen.11
Fickler preguntó por mi dirección, y Lupus y Liebknecht se marcharon, engañados por aquellos buenazos que se afanaban por la «concordia».
Unos días después, Freiligrath me mandó la siguiente carta que había recibido:
4, Brunswickplace, North Brighton,
4 de julio de 1851.
Querido Freiligrath:
Proyectamos una especie de club o asociación que suprima el ir cada uno por su lado y no excluya a nadie del partido revolucionario socialdemócrata, salvo al que quiera ser exclusivo o se haya hecho imposible a sí mismo por su carácter y sus antecedentes.
Fickler, Goegg, Sigel, Ronge y Ruge impulsan el asunto, y yo me he encargado de informarte y de invitarte, si te interesa, como supongo, a participar en un meeting con este fin el 14 de julio (del lunes en ocho días), a las once de la mañana, en la vivienda de Fickler, 26 Yorkbuildings, que forman parte de New Road, más abajo de Bakerstreet. Hemos invitado a unas 24 personas que sabemos de confianza y que han permanecido fieles. Por el momento no sabríamos de más.
Me habría gustado hablar contigo. Si el proyecto sale bien, esto será posible en seguida en todos los casos. Aunque no te quedes en Londres, debes venir.
Con un saludo y un apretón de manos,
Tu A. Ruge.
Qu’en dis-tu?12
Freiligrath ha cometido el gran error de no mandar su respuesta hasta ayer, 12 de julio, de modo que Ruge ni siquiera la recibirá antes de salir de Brighton para Londres. En general, Freiligrath se tomó el asunto con demasiada calma. Mais enfin, chacun a sa manière d’agir.13 Lupus, a quien le enseñé la carta, escribió en seguida a Fickler:
10 de julio de 1851.
Ciudadano Fickler:
El 5 de este mes estuve de visita en su casa con Liebknecht. Por la manera en que se expresó usted ante nosotros no pude deducir en absoluto que ya la víspera se había enviado a Freiligrath la carta siguiente. (Sigue la carta de arriba.) Si el 5 de este mes hubiera podido sospechar remotamente que usted mantiene semejante relación con A. Ruge, ese granuja necio y desvergonzado, no habría puesto los pies en su casa, desde luego.
Pero como, según he visto por lo anterior, usted va de la mano de un hombre que «se ha hecho imposible a sí mismo por su carácter y sus antecedentes» (por ejemplo, por su cobarde huida de Berlín, etc.) para todo partido verdaderamente revolucionario, y al que todo el partido comunista de Alemania ha mandado ya a la porra,14 sirvan estas líneas para hacer constar que con gente que se mueve tan íntimamente en la esfera de un individuo como Ruge no quiero ni puedo tener nada que ver.
W. Wolff.
3, Broadstreet, Golden Square.
P. S. Puede usted hacer de estas líneas el uso que guste. Yo, por mi parte, las pondré en conocimiento de mis compañeros de partido.
El de arriba.
Lupus recibió entonces la siguiente respuesta:
Londres, 11 de julio de 1851.
Querido ciudadano Wolff:
Mi capacidad de presentimiento es en verdad tan débil que no me hizo temer ni remotamente la pérdida de su benevolencia y de su visita si trato con el «granuja» Ruge. Es más, ni siquiera sabía que en este terreno estuviera ya bajo la tutela de una sección de partido y bajo el dominio policial de los hombres del futuro. A esta obtusidad, así como a la experiencia que he hecho en veinte años de actividad política, a saber, que no hay un solo partido político que pueda evitar colaborar con granujas, debo la decisión de tender la mano a todo hombre capaz que quiera recorrer conmigo el camino revolucionario, ya vaya solo hasta la mitad del objetivo que me he propuesto, ya me acompañe hasta él o lo rebase.
Las proscripciones políticas, como las religiosas, son anacronismos, aunque partan del emperador y del papa; cuánto más ridículas resultan cuando las lanzan los reyezuelos y papillas de un partido que, según confesiones hechas públicas, está tan desunido como el suyo, y que hoy convierte en «granujas» a aquellos de su propio seno a los que ayer todavía tributaba honores casi divinos.
En el camino de mi vida he encontrado incomparablemente más «granujas» que gente honrada, y los primeros me han engañado incomparablemente menos que los segundos. Por eso no pierdo el tiempo en separar estas clases y me fijo sobre todo en la capacidad, de la que se necesita de los modos más diversos.
Así pues, si quiere usted participar en el mencionado meeting con Marx y Liebknecht —a quienes le ruego que avise—, le invito a ello advirtiéndole de que se trata solo de una deliberación preliminar y de que el principal inconveniente, para usted como para la mitad de la reunión en general, consistirá en que las partes menos nobles del cuerpo tendrán que prescindir de asientos, lo que contribuirá esencialmente a acelerar la deliberación.
Con un saludo amistoso,
Suyo, Fickler, etc.
Lo más cómico de todo el asunto es y sigue siendo el esfuerzo infinito de Ruge y su camarilla por imponerse al público con combinaciones siempre nuevas. Si no va como ABCDEF, va seguro como FEDCBA. Calcula cuántas variaciones y permutaciones de este tipo son aún posibles. ¿Ha habido jamás una camarilla de asnos de piedra más impotentemente ridícula y pretenciosa?
Tu K. M.
À propos, he recibido las 5 libras. Llegaron como un deus ex machina, porque las circumstances15 son «asquerosas» y es difícil ver cómo salir de ellas. Escribe directamente a Klose (6, Upper Ruppertstreet, near Princesstreet, Soho), porque si no el asno cree que la carta que te mandó, te acuerdas, por lo de las 10 libras, no te ha llegado.
«Ante todo». ↩
«En el fondo». ↩
El Mensaje del Comité Central a la Liga de los Comunistas de marzo de 1850, encontrado a los detenidos y publicado por la prensa alemana en junio de 1851. ↩
La circular de la Autoridad Central de Colonia de diciembre de 1850, redactada por Heinrich Bürgers; véase la carta de Engels del 27 de junio de 1851. ↩
Según los editores de la MEGA¹, probablemente error por Schulz. ↩
Karl Grün, cabeza del «verdadero socialismo», colaborador de la Trier’sche Zeitung. ↩
Los «amigos de la luz» (Lichtfreunde), movimiento protestante racionalista de los años cuarenta. ↩
August Willich vivía con un grupo de refugiados en un alojamiento común, el «cuartel», sostenido por un comité de ayuda. ↩
Joseph Fickler, demócrata de Constanza, miembro del gobierno provisional de Baden en 1849. ↩
Wilhelm Wolff, «Lupus», y Wilhelm Liebknecht, que había combatido en la campaña de Baden y vivía emigrado en Londres. ↩
«Lumbrera». Amand Gögg, ministro de Hacienda del gobierno revolucionario de Baden en 1849; Gottfried Kinkel, poeta y profesor de Bonn; Arnold Ruge, publicista de la izquierda hegeliana. ↩
«¿Qué te parece?». ↩
«Pero, en fin, cada uno tiene su manera de obrar». ↩
In Verschiß tun: en la jerga estudiantil alemana, declarar a alguien indigno de trato, boicotearlo. ↩
«Circunstancias». ↩