Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 17 de julio de 1851. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 101, pp. 217-220) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

Manchester, 17 de julio de 1851.

Querido Marx:

A Klose le escribo hoy mismo; está bien que me mandes su dirección, porque no la tenía.1 Que estás en un aprieto serio, me lo creo, y tanto más me fastidia no poder disponer de un céntimo más hasta primeros del mes que viene. Si no puedes esperar hasta entonces, ¿no se podría arreglar que Weerth te prestara algo hasta esa fecha?2 El 1 de agosto puedo devolverle 5 libras y el 1 de septiembre otras 5, y eso es tan seguro como el dinero contante.

Las suscripciones a los periódicos vuelven por fin a estar en orden aquí, y así he podido ver por fin nuestro viejo documento en la K[ölnische] Z[eitung].3 Por cierto, la Augsb[urger]4 cuenta en un artículo, por lo demás al parecer bien informado, «Dresde», que por fin han ablandado a Nothjung con interrogatorios vejatorios y que ha hecho las confesiones más amplias.5 Desde luego, me parece muy posible que unos instructores hábiles lo arrinconen pronto y lo enreden en las contradicciones más disparatadas. Dicen que ha ido allí un funcionario prusiano para sacarle todavía más. Se dice que el rey de Hannover se ha negado a llevar adelante las persecuciones en sus Estados, al menos de la manera burda en que se hace en Prusia, Hamburgo, etc.6 La carta de Miquel parece confirmarlo.7 Que Martens está detenido en Hamburgo ya lo sabes.8 Por lo demás, nada muestra mejor la estupidez de los prusianos que el registro en casa de «Karl am Rhein», del que también sospechaban que pertenecía a la Liga comunista y en cuya casa solo encontraron cartas de Raveaux.9

El viejo documento solo puede perjudicar a los detenidos por el único pasaje sobre los «excesos»; todos los demás van contra los demócratas y solo agravarían su situación si los llevaran ante un jurado medio democrático; pero, por lo que parece, los llevarán ante un exquisito jurado especial o federal, si es que los llevan ante alguno. E incluso estas cosas estaban ya en buena parte reelaboradas en el documento de Bürgers, que se incautó al principio.10 En cambio, en todos los demás aspectos es una ventaja enorme que el asunto se haya publicado y haya corrido por todos los periódicos. Los grupitos callados de comunistas en ciernes, a los que nadie conoce y que, según la experiencia hasta ahora, tiene que haber en todas partes de Alemania, encontrarán en él un apoyo famoso, y hasta en el artículo de la Augsburger se nota que la cosa la ha impresionado de un modo muy distinto que los primeros descubrimientos. Su resumen del contenido muestra que ha entendido la «locura» demasiado bien: en effet il n’y avait pas moyen de s’y méprendre.11

Y, con todo, la reacción feudal galopa tan disparatada y ciegamente que todo ese tiro al aire para asustar no causa el menor efecto en la burguesía. Es divertidísimo ver cómo la Kölnische Zeitung predica ahora a diario el il faut passer par la mer rouge12 y confiesa todos los errores de los constitucionales de 1848. Pero claro, cuando a uno le mandan a un Kleist-Retzow de Oberpräsident a Coblenza13 y la desvergonzada Kreuzzeitung14 se vuelve cada vez más injuriosa con sus farsas chabacanas y sus coplas, ¿qué va a hacer la culta y asentada oposición constitucional? Es una pena que no tengamos aquí la Kreuzzeitung. Veo extractos de todo tipo. No te puedes hacer idea de la manera ordinarísima, de golfo callejero, prusiana y estúpida hasta apestar, con la que el periodiquillo se lanza ahora contra las decentes, acomodadas y respetables eminencias constitucionales. Si a tipos como Beckerath y compañía15 se les pudiera suponer todavía un poco de amor propio y de capacidad de resistencia, tendrían que preferir los malos tratos y los insultos de un Père Duchesne al estilo de los cargadores del Rin,16 y todo el terreur rouge,17 a un trato como el que ahora tienen que saborear a diario de los Junker y de la Kreuzzeitung.

«Y siguió diciendo el asno:
ahí está también el concejo de Wesel.
Si yo no fuera un borriquito,
concejal de Wesel querría ser» —18

Con rimas tan ingeniosas como estas se mea ahora la Kreuzzeitung por turno en todas las lumbreras constitucionales, y los tipos lo aguantan tan tranquilos. Pero les está bien empleado a esos perros, que tachaban de «insultos vulgares» los mejores artículos de la Neue Rheinische Zeitung, que ahora les enseñen la diferencia a palos sobre sus propias espaldas cobardes. Ya echarán de menos las burlas, infinitamente áticas en comparación, de la Neue Rheinische Zeitung.

Lo de Willich es un consuelo en las horas tristes. Así que también «el hombre más popular» ha llegado al término de su popularidad y ahora puede consolarse de la ingratitud del mundo, como salvador incomprendido de la humanidad, con un pot19 de cerveza y la amistad de Schapper.20 Ya me imagino su pena, ahora que está destruido el ejército del futuro, el «núcleo» en torno al cual debía agruparse Europa entera. ¿Dónde encontrará el noble varón nuevos «hombres de principios»?

Con lo de Fickler no acabo de aclararme.21 ¿Por qué tuvo que correr Lupus directamente a ver a Fickler, en vez de dejar que primero tanteara el terreno Liebknecht, puisque celui-ce n’aurait compromis que lui-même?22 Parece como si hubieran querido captar a Fickler. Y luego, después de haber estado allí, la carta de Lupus fue demasiado grosera. O Fickler no merecía la pena en absoluto, o bien —después de que en la propia conversación Fickler y Gögg hubieran presentado ya a Ruge como una especie de lumen—23 bastaba con cortar con él sin romper con él del todo y a lo bruto. Fue una mala pasada de Fickler, c’est clair;24 pero ¿no había que contar de antemano con que algo así era posible en unos buenazos del sur de Alemania? Y él no había hecho ningún secreto de su respeto por Ruge. La pesadez de Ruge, desde luego, no tiene nombre. Pero precisamente estas variaciones siempre nuevas son prueba suficiente de que ninguna quiere cuajar lo más mínimo, y de que el comité allemand al que Mazzini escribe sus cartas romanas sigue existiendo solo en la cabeza de Ruge.25

No dejes de procurar que Weerth venga por aquí, y escríbeme pronto.

Tu F. E.

  1. Klose, emigrado alemán en Londres; véase la posdata de la carta de Marx del 13 de julio de 1851, a la que esta contesta. ↩

  2. Georg Weerth, poeta, amigo de Marx y Engels y antiguo redactor del folletín de la Neue Rheinische Zeitung. ↩

  3. El Mensaje del Comité Central a la Liga de los Comunistas de marzo de 1850, que la policía encontró a los detenidos y que la prensa alemana publicó en junio de 1851. ↩

  4. La Allgemeine Zeitung de Augsburgo. ↩

  5. Peter Nothjung, sastre de Colonia y emisario de la Liga de los Comunistas, detenido en Leipzig en mayo de 1851; su detención desencadenó la persecución que llevó al proceso de los comunistas de Colonia. ↩

  6. Ernesto Augusto, rey de Hannover de 1837 a 1851. ↩

  7. Johannes Miquel, estudiante de Derecho en Gotinga y miembro de la Liga de los Comunistas; más tarde liberal y ministro de Hacienda de Prusia. ↩

  8. Joachim Friedrich Martens, carpintero, dirigente de la Liga de los Comunistas en Hamburgo. ↩

  9. Franz Raveaux, demócrata de Colonia, diputado en la Asamblea Nacional de Fráncfort. ↩

  10. La circular de la Autoridad Central de Colonia del 1 de diciembre de 1850, redactada sobre todo por Heinrich Bürgers e incautada al detenerlo. ↩

  11. «En efecto, no había manera de equivocarse». ↩

  12. «Hay que pasar por el mar Rojo»: hay que atravesar el terror revolucionario antes de llegar a la tierra prometida. ↩

  13. Hans Hugo von Kleist-Retzow, conservador prusiano de la extrema derecha, nombrado en 1851 presidente superior (Oberpräsident) de la provincia del Rin, con sede en Coblenza. ↩

  14. La Neue Preußische Zeitung, llamada Kreuzzeitung por la cruz de su cabecera: el periódico de la camarilla de la corte y de los Junker prusianos. ↩

  15. Hermann von Beckerath, banquero de Krefeld, uno de los jefes de la burguesía liberal renana y ministro de Hacienda del gobierno del Imperio en 1848. ↩

  16. Le Père Duchesne, el periódico de Hébert durante la Revolución francesa, famoso por su lenguaje de taberna. ↩

  17. «Terror rojo». ↩

  18. Juego de palabras con la rima alemana Esel (asno) / Wesel. ↩

  19. «Jarra». ↩

  20. August Willich, antiguo oficial prusiano, y Karl Schapper, jefes de la fracción que se escindió de la Liga de los Comunistas en septiembre de 1850. Sobre la disolución del «cuartel» de Willich, véase la carta de Marx del 13 de julio. ↩

  21. Joseph Fickler, demócrata de Constanza, miembro del gobierno provisional de Baden en 1849. Sobre la visita de Wilhelm Wolff («Lupus») y Wilhelm Liebknecht a Fickler y la carta de Wolff, véase la carta de Marx del 13 de julio. ↩

  22. «Ya que este solo se habría comprometido a sí mismo». ↩

  23. «Lumbrera». Amand Gögg, ministro de Hacienda del gobierno revolucionario de Baden en 1849; Arnold Ruge, publicista de la izquierda hegeliana y diputado demócrata en Fráncfort. ↩

  24. «Está claro». ↩

  25. «Comité alemán». Giuseppe Mazzini dirigía desde Londres el Comité Central Democrático Europeo, del que Ruge formaba parte en nombre de Alemania. ↩