Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester hacia el 2 de agosto de 1851 (el lugar y la fecha aproximada los establece la edición). Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 106, pp. 227-228) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
Querido Marx:
Adjunta va la segunda mitad del billete de cinco libras.1
Que Schramm se había ido a París no lo sabía; no me habías escrito nada de eso. Por eso leí con el mayor asombro en la Kölnische Zeitung que se había ahogado; por desgracia, no será verdad. El perro es muy molesto: se le dejó acercarse demasiado, y es un tipo vil de pies a cabeza. Pero tienes razón: gritar y armar jaleo no sirve de nada; hay que dejar que el tipo siga tranquilamente su camino hasta que se tenga poder sobre él. Como te digo, estaría muy bien que se hubiera ahogado de verdad en el canal; pero probablemente ha difundido el rumor él mismo: c’est une manière comme une autre de faire parler de soi.2
Así que Weydemeyer quiere irse a América y ver si consigue hacerse con la Arbeiterzeitung de Nueva York, que ahora tiene Fenner von Fenneberg.3 Si puede sostenerse en Nueva York, en todo caso nos será allí más útil que en Londres, donde no haría más que aumentar el embarras.4 Un tipo sólido como él es justo lo que nos faltaba en Nueva York, y al fin y al cabo Nueva York tampoco está en el fin del mundo, y con Weydemeyer uno está seguro de que le cas échéant5 estará en seguida a mano.
El plan de la correspondencia litografiada está muy bien. Solo que tenéis que guardar la cosa en el más absoluto secreto: el pequeño Bamberger y otros, en cuanto se les diera la idea, os tomarían en seguida la delantera. Yo, en tu lugar, en cuanto estuvieran hechos los primeros preparativos, haría anunciar la cosa en los periódicos germano-americanos, y además firmaría yo mismo como director, para que la cosa tire. Si la cosa va así bajo tu responsabilidad y crees que puede ser de alguna utilidad nombrarme como colaborador, eres libre, naturalmente, de hacerlo. Si quieres mantener tu nombre fuera del asunto, cuya necesidad no veo en absoluto, car enfin,6 ¿por qué no ibas a tener tú también derecho a formar una firma industrial y continuar litografiada la Neue Rheinische Zeitung?, entonces Lupus tendría que formar la firma. Weydemeyer podría seros de la mayor utilidad para esto en Nueva York, sobre todo para cobrar el dinero, que es lo principal. Estoy convencido de que la cosa tirará enormemente, y los muchos corresponsales americanos en Londres, etc., lo notarán muy pronto.
Si te nombras como director, no hay duda de que la cosa tirará mejor, sobre todo desde el principio; si dejas que figure solo Lupus, desaparece la responsabilidad moral y se puede dar rienda suelta a su vozarrón silesiano à la Lutero, que a los germano-americanos les va mucho mejor que tu estilo, con el que tienen que pensar. En todo caso, deberías tomar por norma escribir lo peor y lo más décousu7 posible; si no, pronto te malquistarás con ese público.
¿Qué escrito nuevo de Proudhon es ese del que hablas?
Haré para Jones un artículo con mi firma; solo quisiera que Jones me mandara un ejemplar lo más completo posible de sus Notes, que aquí no hay manera de encontrar. ¿Cuál es su dirección? La he olvidado.
También de América son malas las noticias sobre el negocio de los tejidos de algodón. Los mercados están overstocked,8 y los propios yanquis fabrican demasiado para el estado actual del mercado.
Escribe pronto otra vez; aquí me aburro mortalmente.
Tu F. E.
NB. Ten siempre tus papeles bien fuera de casa; desde hace algún tiempo me vigilan aquí muy de cerca y no puedo dar un paso sin llevar dos o tres informers9 pegados a los talones. El señor Bunsen no habrá dejado pasar la ocasión sin aprovecharla para dar al gobierno inglés nuevas e importantes revelaciones sobre lo peligrosos que somos.10
Por seguridad, los billetes de banco se mandaban partidos en dos mitades, en cartas distintas. ↩
«Es una manera como otra de hacer hablar de uno». ↩
Joseph Weydemeyer emigró a Nueva York en el otoño de 1851. Daniel Fenner von Fenneberg, antiguo oficial austriaco, había dirigido las tropas del Palatinado en 1849. ↩
«Apuro». ↩
«Llegado el caso». ↩
«Pues, en fin». ↩
«Deshilvanado». ↩
«Sobresaturados». ↩
«Soplones». ↩
Christian Karl Josias von Bunsen, embajador de Prusia en Londres. ↩