Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester hacia el 10 de agosto de 1851 (el lugar y la fecha los establece la edición). Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 108, pp. 234-236) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
Querido Marx:
La Schnellpost me ha divertido muchísimo.1 Hacía mucho tiempo que no leía una palabrería tan perfecta como «A. Ruge a K. Heinzen».2 No habría creído que ni siquiera dos asnos como Ruge y Heinzen pudieran salir del torbellino revolucionario de tres años tan completamente iguales y cargados con todas sus viejas frases, sus modales ridículos, sus giros, etc., como han salido estos dos. Es el payaso de la compañía ecuestre, que después de los saltos más arriesgados vuelve a hacer su reverencia y dice: here we are again!,3 y luego vuelve a soltar, con la mayor falta de piedad, toda la vieja cantinela de sus gracias archiconocidas. Veo en carne y hueso ante mí al purgante literario Ruge declarando con toda seriedad que «la respuesta a fondo a la tiranía, la anarquía y la alta traición... es precisamente la cagada certera que importa»,4 y luego soltando él mismo esa cagada certera al descubrir que la moderna lucha de clases es la secessio plebis, a lo que se enganchan con toda naturalidad aquel maestro de escuela romano cuyo nombre he olvidado, su fábula del estómago y las manos,5 y otros amenos recuerdos de colegial y de subdirector de instituto por el estilo. Impayable6 está el tipo cuando, por una vez, se pone a hablar de las «circunstancias» y enseguida añade apaciguador: «Ya sabes... que por circunstancias no entiendo otra cosa que los pensamientos que dominan ahora las cabezas de los hombres». Los torpes intentos de hacer alusiones ingeniosas y maliciosas fracasaron por completo. El tipo es tan hábil que todo el mundo nota que tiene malice7 contra alguien, pero contra quién y por qué, y el cómo y el porqué restantes, eso no lo averigua nadie. Si el gran Ruge sale del paso como puro bufón, el gran Heinzen no está menos brillante en su grosería declarada en permanencia. La manera en que el tipo, en su nota, intenta volver a endosar al público el 23 de julio de 1851 sus viejas sandeces sobre el comunismo con exactamente las mismas palabras que en el verano de 1847 en la Deutsche-Brüsseler-Zeitung es de una desvergüenza indescriptible.8
Et pourtant9 —los tipos se ven obligados a reconocer la superioridad de nuestras cosas por lo mucho que se ocupan de ellas sin parar, y más aún por la influencia que, a pesar de toda su obstinación y su rabia, estas cosas ejercen sobre ellos sin que se den cuenta. ¡Dónde hay en todo el mamotreto una frase que no contenga un plagio, una deformación mal entendida de nuestras cosas, una sugerencia provocada por ellas!
Sobre el intento de reconciliación de Londres, el señor Meyen o Faucher ha hecho publicar un artículo estúpido en la Lithographische Korrespondenz de Berlín, semioficial y manteuffeliana:10 que solo nosotros dos seguíamos unidos, etc., que los demás estaban todos de acuerdo y contra nosotros. De Freiligrath o Wolff no se habla.11 El gran Willich parece verse de nuevo movido, tras la disolución del ejército del futuro,12 a hacerse reconocer «como carácter» por los grandes hombres de todos los partidos: dicen que ha estado en sus reuniones. A quoi tous ces coups de désespoir ont-ils abouti?13 ¿Y ha estado a verte el gran Sigel?14
Esos señores, según me acaba de asegurar un asno socialista alemán de Dessau que Julius me ha mandado, han hecho correr allí que tú escribías en la Neue Preußische Zeitung,15 por confesión propia: que se lo habías dicho tú mismo al señor Louis Drucker (!). En voilà une bonne!16
En cuanto a Proudhon, parece que el hombre hace progresos.17 Las fases por las que se desarrolla su disparate toman en todo caso una forma más soportable, y el señor Louis Blanc puede romperse los dientes con estas hérésies.18 Au bout du compte,19 el señor Proudhon llega, pues, también él a que el verdadero sentido del derecho de propiedad consiste en la confiscación disfrazada de toda propiedad por un Estado más o menos disfrazado, y a que el verdadero sentido de la abolición del Estado es la centralización estatal reforzada. Porque ¿qué otra cosa son toutes les communes de la république qui s’entendent pour égaliser entre elles les différences de qualité des terrains ainsi que les accidents de la culture,20 con sus accesorios y consecuencias necesarios?
Si mañana tengo tiempo, más sobre este bicho raro. El artículo para el viernes me es imposible entregarlo esta semana.21 Pero escríbeme, y pronto, de qué clase debe ser: si un artículo suelto cualquiera o si quieres una serie, y en segundo lugar en qué tono hay que llevar la cosa, porque de la politics de la New-York Daily Tribune no sé nada más que son whigs americanos.22 Y lo que puedas comunicarme además a este respecto para ayudarme a arrancar.
Tu F. E.
La Deutsche Schnellpost, periódico alemán de Nueva York de los emigrados demócratas, en el que escribían Karl Heinzen y Arnold Ruge. ↩
Arnold Ruge, publicista de la izquierda hegeliana, emigrado en Inglaterra; Karl Heinzen, publicista republicano radical, emigrado en Estados Unidos. ↩
«¡Aquí estamos otra vez!», saludo tradicional del payaso de circo inglés al salir a la pista. ↩
Juego de palabras: Kernschuß es el «tiro certero»; Engels escribe Kernschiß, de scheißen, «cagar». ↩
La secessio plebis, la retirada de la plebe romana de la ciudad en 494 a. C.; según la tradición (Tito Livio), Menenio Agripa la convenció de volver con la fábula de los miembros que se rebelan contra el estómago. ↩
«Impagable», de puro cómico. ↩
«Inquina». ↩
Engels había respondido a Heinzen en la Deutsche-Brüsseler-Zeitung en el otoño de 1847 con Los comunistas y Karl Heinzen. ↩
«Y, sin embargo». ↩
Eduard Meyen y Julius Faucher, antiguos jóvenes hegelianos del círculo berlinés de «los Libres». Otto von Manteuffel encabezaba entonces el gobierno prusiano. ↩
El poeta Ferdinand Freiligrath y Wilhelm Wolff, amigos y compañeros de partido de Marx y Engels. ↩
El alojamiento común en el que August Willich vivía con un grupo de refugiados, sostenido por un comité de ayuda y disuelto aquel verano. ↩
«¿En qué han parado todos esos golpes de desesperación?». ↩
Franz Sigel, uno de los jefes militares de la insurrección de Baden de 1849. ↩
La Neue Preußische Zeitung o Kreuzzeitung, órgano de la reacción prusiana. ↩
«¡Esa sí que es buena!». ↩
Proudhon acababa de publicar Idée générale de la révolution au XIXe siècle (París, 1851), que Marx había resumido en su carta del 8 de agosto. ↩
«Herejías». ↩
«A fin de cuentas». ↩
«Todos los municipios de la república, que se ponen de acuerdo para igualar entre sí las diferencias de calidad de los terrenos, así como los accidentes del cultivo». Cita del libro de Proudhon tomada del resumen de Marx. ↩
Marx había recibido el encargo de escribir para la New-York Daily Tribune y pidió a Engels que redactara los artículos; de ahí salió la serie publicada luego como Revolución y contrarrevolución en Alemania. ↩
Politics: «línea política». El partido whig norteamericano; la Tribune de Horace Greeley era su periódico. ↩