Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita [en Manchester] el 3 de diciembre de 1851, al día siguiente del golpe de Estado de Luis Bonaparte. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 134, pp. 291-294) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
«Représentants de la France, délibérez en paix!»1 ¿Y dónde podrían deliberar más tranquilos estos señores que en el cuartel de Orsay, custodiados por un batallón de chasseurs de Vincennes?2
La historia de Francia ha entrado en el estadio de la comicidad más consumada. ¿Puede imaginarse algo más divertido que esta parodia del 18 Brumario,3 llevada a cabo en plena paz, con soldados descontentos, por el hombre más insignificante del mundo entero y, por lo que se puede juzgar hasta ahora, sin la menor resistencia? ¡Y qué bonito cómo han cazado a todos los viejos burros! ¡El zorro más astuto de toda Francia, el viejo Thiers, el abogado más taimado del foro, el señor Dupin,4 cogidos en la trampa que les ha tendido el buey más notorio del siglo, cogidos con la misma facilidad que la obtusa virtud republicana del señor Cavaignac y que el fanfarrón de Changarnier! Y para completar el cuadro, un Parlamento rabadilla con Odilon Barrot como «león de Calbe»,5 ¡y este mismo Odilon pide, ante semejante violación de la Constitución, que lo detengan, y no consigue que lo lleven a rastras a Vincennes! Todo el asunto parece inventado expresamente para el Wolff rojo;6 solo él puede escribir de ahora en adelante la historia de Francia. ¿Se ha dado jamás en el mundo un golpe con proclamas más necias que este? Y el ridículo aparato napoleónico, el aniversario de la coronación y de Austerlitz,7 la invocación de la Constitución consular, etc.: que algo así haya podido salir bien aunque sea un solo día rebaja de verdad a los señores franceses a un nivel de puerilidad sin igual.
Precioso el prendimiento de los grandes bocazas del orden, sobre todo del pequeño Thiers, y del valiente Changarnier. Preciosa la sesión del Parlamento rabadilla en la alcaldía del distrito X, con el señor Berryer gritando por la ventana Vive la République, hasta que por fin pescan a todo el lote y lo encierran entre soldados en el patio de un cuartel.8 Y luego el estúpido Napoleón, que hace en seguida las maletas para mudarse a las Tullerías. Aunque uno se hubiera devanado los sesos durante un año entero, no habría podido inventar una comedia más bonita.
Y por la noche, cuando el estúpido Napoleón se echó por fin en la tan anhelada cama de las Tullerías, el cabeza de chorlito debió de no saber más que nunca a qué atenerse. Le consulat sans le premier consul!9 Ninguna dificultad interior mayor que las de los tres últimos años, ningún apuro financiero extraordinario, ni siquiera en su propio bolsillo, ninguna coalición en las fronteras, ningún San Bernardo que cruzar, ningún Marengo que ganar.10 Es verdaderamente para desesperarse. Y ahora ni siquiera una Asamblea Nacional que desbarate los grandes planes del incomprendido; no, al menos por hoy, el burro es tan libre, tan desatado, tan absoluto como el viejo la noche del 18 Brumario, tan completamente a sus anchas que no puede menos de enseñar el burro por todos lados. ¡Terrible perspectiva de la falta de toda oposición!
Mais le peuple, le peuple! — Le peuple se fiche pas mal de toute cette boutique,11 se alegra de su derecho de voto otorgado como un niño y probablemente lo usará también como un niño. ¡Qué puede salir de estas ridículas elecciones del domingo en ocho días,12 si es que llegan a celebrarse! Ni prensa, ni mítines, estado de sitio a mansalva y, encima, la orden de presentar un diputado en el plazo de quince días.
Pero ¿en qué va a parar todo este tinglado? «Si nos situamos en el punto de vista de la historia universal», se nos ofrece un tema estupendo para la declamación. Por ejemplo: se ha de ver si el régimen pretoriano de la época imperial romana, que tenía por condición un Estado extenso y organizado de modo enteramente militar, una Italia despoblada y la ausencia de un proletariado moderno, es posible en un país geográficamente concentrado y densamente poblado como Francia, que tiene un proletariado industrial numeroso. O bien: Luis Napoleón no tiene partido propio; ha pisoteado a los orleanistas y a los legitimistas, ahora tiene que dar un giro a la izquierda. Un giro a la izquierda implica una amnistía, una amnistía implica un choque, etc. O si no: el sufragio universal es la base del poder de Luis Napoleón, no puede atacarlo, y el sufragio universal es ahora incompatible con un Luis Napoleón. Y otros temas especulativos por el estilo, que se podrían devanar estupendamente. Pero después de lo que vimos ayer, no hay que contar para nada con el peuple, y de verdad parece como si el viejo Hegel, desde la tumba, dirigiera la historia en calidad de espíritu universal y, con la mayor escrupulosidad, hiciera desarrollarse todo dos veces, una vez como gran tragedia y la segunda como farsa piojosa:13 Caussidière por Danton, L. Blanc por Robespierre, Barthélemy por Saint-Just, Flocon por Carnot, y el engendro con la primera docena de tenientes cargados de deudas que encontró, por el pequeño cabo y su tabla redonda de mariscales.14 Así que ya habríamos llegado al 18 Brumario.
El pueblo de París se ha comportado con una estupidez infantil. Cela ne nous regarde pas; que le président et l'assemblée s'entretuent, peu nous importe!15 Pero que el ejército se arrogue el derecho de imponer a Francia un gobierno, y encima semejante gobierno, eso sí que les atañe, y la chusma se va a llevar una sorpresa con ese sufragio universal y «libre» que ahora van a ejercer «por primera vez desde 1804».16
Hasta dónde llevará esta farsa el espíritu universal, que evidentemente está muy enojado con la humanidad; si en el plazo de un año veremos desfilar Consulado, Imperio, Restauración, etc.; si también a la dinastía napoleónica habrá que darle una paliza en las calles de París antes de que se vuelva imposible en Francia: eso solo lo sabe el diablo. Pero a mí me parece que la cosa está tomando un giro singularmente disparatado y que los crapauds van al encuentro de un envilecimiento asombroso.
Aun suponiendo que Luis Napoleón se consolide por el momento, semejantes estupideces no pueden durar, ni siquiera con el más hondo abatimiento posible de los franceses. Pero ¿y luego? La cosa tiene condenadamente poco de rojo, eso está bastante claro, y si los señores Blanc y Ledru-Rollin hicieron ayer a mediodía su equipaje, ya pueden deshacerlo hoy. La voix tonnante du peuple ne les rappelle pas encore.17
Aquí y en Liverpool, el asunto ha parado en seco el comercio, pero en Liverpool hoy ya vuelven a especular con brío. Y los fondos franceses solo han bajado un 2 %.
En estas circunstancias, naturalmente, habrá que esperar con los intentos de intervenir en la prensa inglesa en favor de los de Colonia.
En cuanto a los artículos para la Tribune, que por lo visto han aparecido en ella, escribe en inglés al director de la Tribune; Dana quizá esté ausente, y una carta de negocios recibirá sin duda respuesta. Tell him that he must distinctly state per next returning steamer what has become of these papers, and in case they have been made use of, he is requested to send by the same opportunity copies of the Tribune containing them, as no copy has been kept here and without having the articles already sent, again before our eyes, we cannot, after such a lapse of time, undertake to go on with the following numbers of the series.18
El efecto de las noticias francesas en la chusma de la emigración europea ha debido de ser divertido. Me habría gustado verlo.
En attendant tes nouvelles19
Tu F. E.
3 de diciembre de 1851.
«¡Representantes de Francia, deliberad en paz!». En la mañana del 2 de diciembre de 1851, Luis Bonaparte, presidente de la República, disolvió la Asamblea Legislativa, hizo detener a sus jefes y declaró el estado de sitio en París. ↩
Cazadores de Vincennes, batallones de infantería ligera. ↩
El 18 Brumario del año VIII (9 de noviembre de 1799), Napoleón Bonaparte, tío de Luis Bonaparte, derribó el Directorio con un golpe de Estado. Marx retomó la comparación en el título y en el análisis de El 18 Brumario de Luis Bonaparte, escrito entre diciembre de 1851 y marzo de 1852. ↩
Adolphe Thiers (1797-1877), jefe orleanista; André Dupin (1783-1865), presidente de la Asamblea Legislativa. Thiers, Cavaignac y Changarnier fueron detenidos en sus casas en la noche del 1 al 2 de diciembre. ↩
Wilhelm Löwe («león» en alemán), diputado por Calbe, presidió en junio de 1849 en Stuttgart el «Parlamento rabadilla», resto de la Asamblea Nacional de Fráncfort, que fue disuelto por la tropa. Odilon Barrot (1791-1873), jefe de la oposición liberal dinástica y luego ministro de Bonaparte, figuraba entre los diputados reunidos en el distrito X. ↩
Ferdinand Wolff (1812-1895), llamado «el Wolff rojo», miembro de la Liga de los Comunistas y redactor de la Neue Rheinische Zeitung. ↩
El 2 de diciembre era el aniversario de la coronación de Napoleón I (1804) y de la batalla de Austerlitz (1805). Una de las proclamas de Luis Bonaparte proponía una constitución a imitación de la del Consulado. ↩
Los diputados reunidos en la alcaldía del distrito X votaron la destitución de Bonaparte; el legitimista Berryer arengó a la calle desde la ventana. Fueron detenidos y conducidos al cuartel del Quai d'Orsay. ↩
«¡El Consulado sin el primer cónsul!». ↩
En 1800 Napoleón Bonaparte, primer cónsul, cruzó los Alpes por el paso del Gran San Bernardo y venció a los austriacos en Marengo. ↩
«Pero ¿y el pueblo, el pueblo?» — «Al pueblo le importa un bledo todo este tinglado». ↩
El plebiscito sobre el golpe de Estado, convocado para el 14 de diciembre y celebrado finalmente el 20 y 21 de diciembre de 1851. ↩
Marx retomó esta idea al comienzo de El 18 Brumario de Luis Bonaparte: «Hegel observa en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal se producen, por así decirlo, dos veces. Se olvidó de añadir: una vez como tragedia y la otra como farsa». ↩
Marc Caussidière, prefecto de policía de París en 1848; Louis Blanc, miembro del Gobierno Provisional; Emmanuel Barthélemy, obrero blanquista emigrado en Londres; Ferdinand Flocon, miembro del Gobierno Provisional; frente a Danton, Robespierre, Saint-Just y Lazare Carnot, hombres de la Convención de 1793. El «engendro» es Luis Bonaparte; el «pequeño cabo», Napoleón I. ↩
«Eso no va con nosotros; ¡que el presidente y la asamblea se maten entre ellos, poco nos importa!». ↩
En 1804 los franceses habían aprobado en plebiscito el Imperio de Napoleón I. ↩
«La voz tonante del pueblo aún no los llama de vuelta». ↩
«Dile que debe indicar claramente con el próximo vapor de regreso qué ha sido de esos papeles y que, en caso de que se hayan utilizado, se le ruega que mande en la misma ocasión ejemplares de la Tribune que los contengan, ya que aquí no se ha guardado copia, y sin tener de nuevo ante los ojos los artículos ya enviados no podemos, después de tanto tiempo, comprometernos a seguir con los números siguientes de la serie.» Se trata de los artículos de Revolución y contrarrevolución en Alemania. ↩
«En espera de tus noticias». ↩