Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita [en Manchester] el 6 de enero de 1852. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 140, pp. 303-304) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
Querido Marx:
Espero que by this time1 estés completamente repuesto de tus males, y espero igualmente que tu mujer no siga enfadada conmigo por el coup d'état que te sumió dos días en tan honda melancolía.2 En todo caso, te ruego que le des muchos saludos de mi parte, a ella y a tus hijos.
Para el vapor del próximo viernes prepararé un artículo para Weydemeyer, y espero recibir de ti alguna actualité para la Tribune, que traduciré en seguida. En ese periódico no hace falta esforzarse de verdad. Barnum3 se pasea por sus columnas de cuerpo entero, y el inglés es espantoso; por lo demás tiene también algunas buenas cualidades, que a nuestra line4 no le atañen, por cierto. Si puedes hacérmelo llegar para el jueves, aunque sea con el segundo correo, tendrás la traducción en Londres a tiempo para el vapor del sábado, i. e., con el segundo correo, que llega ahí el viernes. La semana que viene se reanudarán los artículos sobre Alemania,5 y hay que terminarlos pronto.
La simpleza con que los austriacos imitan a Luis Napoleón y abolen en seguida también su Constitución6 es de verdad muy fuerte. Ahora se va a armar una buena en Prusia: no cabe duda de que Austria ha traicionado y vendido a Prusia, y si esta no abole también la Constitución, puede ser aplastada con mucha facilidad por una alianza ruso-austro-francesa.
En 1851 la industria algodonera inglesa ha consumido 32 000 balas por semana, frente a 29 000 en 1850. Todo el excedente, y bastante más, ha ido a las Indias Orientales y a China; la saturación de estos dos mercados y el home trade7 alimentan ahora casi solos a Manchester, porque al continente va muy poco. Esto no puede durar mucho más. La cosa se está llevando aquí muy al extremo, y que, por ejemplo, los precios del algodón estén en plena subida ante una cosecha de una magnitud inaudita, solo a la espera de un consumo todavía mayor, es ya bastante significativo.
Hoy he tenido unas líneas de Weerth desde Bradford: pregunta por el zafio Lüders,8 que le ha escrito. Si puedes decirme algo de si este viejo burro ha participado, y hasta qué punto, en las intrigas de ahí, te lo agradeceré, y quizá resulte útil. Por lo demás, aquí nada nuevo, business with us slack,9 niebla y humo a montones.
Tu F. E.
6 de enero de 1852.
«Para estas fechas». ↩
Engels había pasado en casa de Marx, en Londres, los últimos días de 1851. Jenny Marx le contestó hacia el 8 de enero que no estaba enfadada con él por aquella «pequeña juerga», sino solo un poco con su marido, que se había enfriado en el paseo nocturno y estaba enfermo desde entonces. ↩
Phineas Taylor Barnum (1810-1891), empresario de espectáculos y gran maestro del reclamo, cuyos anuncios llenaban la prensa neoyorquina. ↩
«Línea». ↩
Los artículos de Revolución y contrarrevolución en Alemania, interrumpidos desde diciembre. ↩
Por las patentes imperiales del 31 de diciembre de 1851, Francisco José derogó la Constitución austriaca de marzo de 1849. ↩
«Comercio interior». ↩
«Hanebucher Lüders»: Engels juega con hanebüchen, «zafio, inaudito». Lüders era un demócrata alemán de la emigración de Londres. En su respuesta, Jenny Marx copió el retrato burlesco que Marx hacía de él. ↩
«El negocio está flojo para nosotros». ↩