Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita [en Manchester] el 22 de enero de 1852. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 144, pp. 309-311) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

Querido Marx:

Te adjunto el séptimo artículo para la Tribune.1 El octavo, etc., se hará mañana por la noche; hoy terminaré algo para Weydemeyer. Para Weydemeyer me reservo de momento Inglaterra, porque no me decido a leer periódicos alemanes y a hacer algo sobre Alemania. ¿No podrías convencer a Lupus, que espero que también esté de nuevo bien plantado sobre sus piernas, de que mande algo «del Imperio»? Weerth hará algo para Weydemeyer la semana que viene; esta semana no puede. Pasado mañana espero verlo aquí, y quizá vaya a Londres dentro de ocho o quince días, porque otra vez la impaciencia le quema como brasas bajo el trasero.

Como ayer llegó de Nueva York el Pacific, podría ser que mañana recibiera los números prometidos de Weydemeyer;2 pero no cuento con ello, porque quizá haya esperado al vapor correo inglés regular. Por lo demás, tiene que mandar menos; 50 números es demasiado y costará probablemente un dineral; ¡y a quién se los íbamos a mandar todos! Veré lo que cuesta y, si hace falta, si no puede arreglarlo más barato por medio de agencias de envío de paquetes, bastan 10 ejemplares, porque con suscriptores en Europa no puede contar. Quizá un par en Londres, y si no, como mucho en Hamburgo. Para eso haría falta además una agencia, y no compensaría.

Espero que ahora me mandes pronto también un artículo para la Tribune para traducir.

Jones me ha escrito y pide colaboraciones.3 Haré lo que pueda y se lo he prometido. Con todo esto se me va un trozo de tiempo libre para empollar tras otro, y eso es malo. Tengo que ver cómo me organizo y le hago trampas a la oficina. Jones escribía de una bajeza de Harney contra él, y de 15 libras de las que lo habían estafado, sobre lo que podrías contarme algo más: ¿qué es eso? Naturalmente estaba very busy4 y escribía en frases muy entrecortadas y con signos de admiración.

En cuanto al dodge5 de la letra de Pieper, naturalmente toda la especulación me resultó muy clara, y monsieur le bel homme6 habrá notado que tiene que afinar más si quiere sacarme ocho libras del bolsillo. Como sabía muy bien cómo andaba de billetes de banco el 2 de enero, me burlé de su pretendida falta de dinero, le previne contra los agentes de cambio fraudulentos y poco serios de Londres, le declaré que la letra, sin embargo, tenía que salir lo antes posible, y le aconsejé al final que la hiciera cobrar por medio de Weydemeyer, con lo que volvería a pasar por tus manos y, a la llegada del flete de retorno, que naturalmente vendría otra vez a ti o a mí, se ofrecería con toda naturalidad ocasión para un nuevo negocio de descuento con esta joven casa de comercio. Le debo dos libras, que también quería cobrar, y esas también se las he prometido para comienzos de febrero.

Que el bueno de Luis Napoleón tiene que empezar una guerra está más claro que el agua, y si puede entenderse con Rusia, la emprenderá seguramente con Inglaterra. Eso tendría sus lados buenos y sus lados malos. La fantasía de los franceses de poder conquistar Londres e Inglaterra en cinco horas es muy inofensiva. Lo que sí pueden ahora son golpes de mano piratas con 20 000, a lo sumo 30 000 hombres, que en ninguna parte podrían conseguir gran cosa. Brighton es la única ciudad seriamente amenazada; Southampton, etc., están protegidas, más que por todas las fortificaciones, por su situación en bahías profundas, que solo se pueden navegar con marea alta y con prácticos del lugar. El máximo esfuerzo que podría lograr un desembarco francés sería la destrucción de Woolwich;7 pero aun entonces tendrían que guardarse muy mucho de ir a Londres. Para cualquier invasión seria, el continente entero tendría que dar a los ingleses por lo menos a years notice,8 y seis meses bastan para poner a Inglaterra en estado de defensa contra cualquier ataque. La alarma actual está exagerada adrede, y los whigs ayudan a ello todo lo que pueden. Que los ingleses llamen a una docena de navíos de línea y vapores, armen otra docena de cada clase de los que están a medio hacer en los puertos, mantengan 25 000 hombres más de tropa, organicen batallones de cazadores voluntarios con fusiles Minié9 y, además, algo de milicia y algo de instrucción para la yeomanry,10 y estarán seguros por el momento. Pero la alarma es muy buena; el gobierno había dejado la cosa arruinarse de verdad estupendamente, y eso se acabará; y luego, si se llega a algo, estarán tan preparados que podrán rechazar cualquier intento de desembarco y tomarse en seguida la revancha.

Por lo demás, solo veo dos posibilidades para Luis Napoleón de empezar una guerra: 1.º contra Austria, es decir, contra toda la Santa Alianza, o 2.º contra Prusia, si Rusia y Austria la dejan caer. Pero esto último es muy dudoso, y está por ver que se atreva con la Santa Alianza. Piamonte, Suiza y Bélgica no se los dejarán, sea Inglaterra, sea la Santa Alianza. La cosa se está embrollando tan bien que al final tendrá que decidir el puro azar.

¡Y à l'intérieur,11 qué desarrollo tan estupendo! Los atentados se vuelven ya completamente cotidianos, y las medidas cada vez más bonitas. ¡Ojalá saliera volando de una vez el señor de Morny, que todavía hace un poco de héroe de la virtud, y confiscara el noble varón los bienes de los Orleans!12

No se le puede preparar mejor el terreno a un gouvernement Blanqui13 de lo que lo hace este burro.

Tu F. E.

22 de enero de 1852.

  1. De la serie Revolución y contrarrevolución en Alemania, escrita por Engels y publicada con la firma de Marx en el New-York Daily Tribune. ↩

  2. Los números de Die Revolution, el semanario de Weydemeyer en Nueva York. ↩

  3. Ernest Jones pedía colaboraciones para sus Notes to the People. ↩

  4. «Muy ocupado». ↩

  5. «Truco», «maniobra». ↩

  6. «El señor guapo». ↩

  7. Woolwich, a orillas del Támesis, aguas abajo de Londres, sede del arsenal y de la academia militar. ↩

  8. «Un año de aviso». ↩

  9. El fusil rayado del capitán francés Claude-Étienne Minié, de 1849. ↩

  10. Caballería voluntaria inglesa, reclutada entre los propietarios rurales. ↩

  11. «En el interior». ↩

  12. Charles de Morny (1811-1865), medio hermano de Luis Bonaparte, ministro del Interior tras el golpe. El 22 de enero de 1852 un decreto confiscó los bienes de la familia de Orleans, y Morny dimitió con otros ministros. ↩

  13. Auguste Blanqui (1805-1881), revolucionario francés, entonces preso en Belle-Île. ↩