Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 28 de enero de 1852; al dorso, el borrador de una carta al director del Times, escrito por Engels en inglés y firmado por Marx «A Prussian». Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 146, pp. 312-314) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
Querido Marx:
Te adjunto el asunto para el Times. Tú escribes sencillamente: Sir, I believe the publication of the scandalous facts contained in the annexed letter will contribute to throw some lights upon the state of things on the Continent. — The correctness of these facts I guarantee,1 etc. Nombre y dirección.
Lo mío para el Daily News sale esta noche con el segundo correo; así que, si despachas en seguida lo tuyo, las dos cartas llegarán casi a la vez a las respectivas redacciones y podrán salir en el número del viernes. Pero echa la carta en Charing Cross; en las oficinas secundarias hay demasiado retraso.
Te devuelvo adjuntas las dos cartas de Cluß y de Bermbach. En tu carta del sábado, otra vez el sello en un estado lamentable; te lo mando adjunto. ¿Qué pasa con eso?2
En el Daily News firmo sencillamente: A German Merchant.3
Escribe pronto.
Tu F. E.
Manchester, 28 de enero de 1852.
[Al dorso:]4
Al director del Times.
Señor:
La destrucción de los últimos restos de prensa independiente en el continente ha impuesto a la prensa inglesa el honroso deber de dejar constancia de todo acto de ilegalidad y de opresión en aquella parte de Europa. Permítame, por tanto, exponer al público a través de sus columnas un hecho que muestra que los jueces de Prusia están completamente a la altura de los lacayos políticos de Luis Napoleón.
Usted sabe qué valioso moyen de gouvernement5 puede resultar una conspiración bien montada, si se saca a relucir en el momento oportuno. El gobierno prusiano, para hacer dócil a su Parlamento, necesitaba un complot así a comienzos del año pasado. En consecuencia, se detuvo a muchas personas y se puso a trabajar a la policía por toda Alemania. Pero no se sacó nada en limpio, y al final solo unos pocos individuos quedaron retenidos en la cárcel de Colonia, con el pretexto de que eran los jefes de una extensa organización revolucionaria. Los principales son el Dr. Becker y el Dr. Bürgers, dos caballeros relacionados con la prensa; el Dr. Daniels, el Dr. Jacobi y el Dr. Klein, médicos, dos de los cuales habían desempeñado honrosamente las arduas tareas de médico de la beneficencia, y el señor Otto, director de una importante fábrica de productos químicos y bien conocido en su país por sus conocimientos de química. Como, sin embargo, no había pruebas contra ellos, se esperaba su puesta en libertad de un día para otro. Pero mientras estaban en la cárcel se promulgó la «ley disciplinaria», que permite al gobierno, mediante un procedimiento muy breve y sencillo, librarse de cualquier funcionario judicial molesto. El efecto de esta disposición sobre el proceso, hasta entonces lento y lánguido, contra los mencionados caballeros fue casi instantáneo. No solo se les incomunicó, se les privó de todo contacto entre sí y con sus amigos, incluso por carta, y se les quitaron los libros y el material de escribir (que en Prusia se permiten al más vil ratero antes de la condena), sino que el procedimiento judicial tomó un giro completamente distinto. La Chambre du Conseil6 (ya sabe usted que en Colonia se nos juzga por el Código de Napoleón) se mostró al punto dispuesta a formular cargos contra ellos, y el asunto pasó a la sala de acusación, un cuerpo de jueces que cumple las funciones de un Grand Jury inglés. Es sobre la resolución sin precedentes de este cuerpo sobre la que le ruego que preste especial atención. En esta resolución figura, traducido literalmente, el siguiente extraordinario pasaje:
«Considerando que no se ha presentado ninguna prueba fehaciente y que, por tanto, al no haberse establecido cargo alguno, no existe motivo para mantener la acusación» —(se ordena poner en libertad a los presos, ¿supone usted que es la conclusión necesaria? Nada de eso)— «todas las actas y documentos han de devolverse al juge d'instruction7 para una nueva instrucción».
Esto significa, pues, que tras diez meses de detención, durante los cuales ni la actividad de la policía ni la perspicacia del fiscal de la Corona han podido establecer ni la sombra de un cargo, todo el procedimiento ha de empezar de nuevo desde el principio para, quizá después de otro año de instrucción, ¡ser devuelto por tercera vez al juez de instrucción!
La explicación de semejante atropello flagrante de la ley es esta: el gobierno está preparando ahora la organización de un Tribunal Supremo formado con los materiales más serviles. Como ante un jurado la derrota sería segura, el gobierno tiene que retrasar el juicio definitivo de este asunto hasta que pueda llevarse ante este nuevo tribunal, que naturalmente dará todas las garantías a la Corona y ninguna a los presos.
¿No sería mucho más honroso para el gobierno prusiano condenar de una vez a los presos por real decreto, como ha hecho el señor Luis Bonaparte?
Quedo, señor, su más obediente servidor.
Un prusiano.8
Londres, 29 de enero de 1852.
«Señor: creo que la publicación de los hechos escandalosos que se recogen en la carta adjunta contribuirá a arrojar alguna luz sobre la situación en el continente. Garantizo la exactitud de estos hechos». ↩
Marx y Engels sospechaban que la policía abría su correspondencia. ↩
«Un comerciante alemán». ↩
El borrador está escrito en inglés; lo traducimos. ↩
«Medio de gobierno». ↩
Sala del Consejo, tribunal que decidía, en el procedimiento francés vigente en Renania, si había lugar a proseguir la causa. ↩
«Juez de instrucción». ↩
La firma, A Prussian, la añadió Marx. ↩