Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres el 4 de febrero de 1852 (Marx la fechó por error en 1851). Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 149, pp. 316-319) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
4 de febrero de 1851. 28, Deanstreet, Soho.
Querido Engels:
Weerth se ha marchado esta mañana a Holanda. ¿Adónde irá desde allí? No lo sé, y quizá Weerth tampoco. Estaba, como siempre, enemistado a muerte con su destino, y en cuanto al nuestro, lo único incómodo que parecía verle era que tuviéramos que estar en Londres en vez de en Cádiz, en Zaragoza o en cualquier otro maldito lugar de España. Porque, desde que Weerth ha vuelto a vivir en Yorkshire, declara que pasó en España la mejor época de su vida. Afirma que no soporta el clima inglés, y el holandés, por tanto, lo encontrará sin duda muy comfortable. Deseémosle le bon voyage y attendons1 a ver si cumple su palabra y se acuerda de Weydemeyer.
El jueves pasado, il y a donc presque une semaine,2 mandé al Times la letter to the Editor. Parece que este periódico, ahora que ha hecho un oficio de la polémica contra Bonaparte, cree necesario tratar con miramientos a Prusia. Tienes que dirigirte, pues, al Daily News. Si también eso falla, cosa que no creo, queda el Spectator. Il est presque sûr.3
Ayer me mandó G. J. Harney el primer número de su resucitado y algo ampliado Friend of the People.4 Para eso se había retirado del mundo durante ocho meses y enterrado en la profunda Escocia; pero un seul passage suffira pour te faire goûter cette fruit délicieuse:5 «Justice — Immuable, Universal — Eternal proclaims the sublime principle which will be, at once, our guiding star, the rule of our conduct, and the test etc.»6 En voilà assez!7 A Bonaparte, en cambio, lo ha castigado de sobra llamándolo «Louis the Base».8
No sé si el ex dear9 me ha mandado la hojita para arrancarnos compasión o si por malicia contra nosotros se ha vuelto todavía más ramplonamente democrático de lo que habríamos creído posible. Por lo demás, junto a la ramplonería y la justice immuable, se encuentran los desvergonzados trucos del trading demagogue.10 Contra Jones: por medio del spirit of freedom, el spouter11 Massey, secretario de la asociación de sastres de Castle Street, lameculos de los curas que mantienen ese shop, heraldo à tort et à travers12 de los petits grands hommes que el continente ha escupido, calumniador de Jones, marido de una saltimbanque13 que le ha hecho creer que es clarividente; por medio de este Massey hace publicar una apología de las asociaciones en general y de la Amalgamated Society14 en particular, que amenaza con prolongarse durante muchos números. Y el Radamanto Harney le ha dicho al propio Jones que au fond comparte su opinión sobre las asociaciones. Al mismo tiempo anuncia: «Kossuth's Reception and Progress in America», aunque en una carta a Jones calificó a Kossuth de humbug. Así son los señores del «sublime principle». Je ne sais que c'est que des principes, sinon des règles qu'on prescrit aux autres pour soi.15 Harney se ha retirado un tiempo y ha dejado que Jones, con su tempérament fougueux,16 escupiera en la sopa de la popularidad, para comérsela él. Pero aunque quizá perjudique a Jones, él mismo no llegará a nada. El tipo está completamente acabado como escritor y, según me dice Lupus, que le oyó soltar un discurso en Jones Street, también como orador, y sobre todo como homme. Que el diablo se lleve estos movimientos populares, y más aún cuando son pacifiques. En esta agitación cartista, O'Connor se ha vuelto loco (¿has leído su última escena ante el tribunal?), Harney se ha vuelto insulso y Jones está en bancarrota. Voilà le dernier but de la vie dans tous les mouvements populaires.17
Ayer estuvo en mi casa el «coronel Bangya».18 Contó, entre otras cosas: «Kossuth dirigió la siguiente alocución a los refugiados húngaros reunidos en su casa de Londres: Cuidaré de todos vosotros, pero exijo que me seáis todos fieles, leales y adictos. No soy tan necio como para alimentar a gente que intrigue con mis adversarios. Exijo que cada uno se declare sin reservas». Así hablaba este humilde Kossuth entre bastidores. Supe además por Bangya que Szemere, Kasimir Batthyányi y Perczel (le général)19 vienen a Londres y van a formar un anticomité contra Kossuth. Por último: el director de todo el dodge es signore Mazzini. Usa a Kossuth como portavoz y se cree él mismo, en su gabinete, un poco Maquiavelo. Tiene los hilos en la mano. Solo que el señor no sabe que los muñecos que hace saltar solo representan a héroes en su propia imaginación y en ninguna otra. Así, ha escrito a Kossuth que entre en relaciones íntimas con Kinkel. Él personalmente no ha podido hacerlo, pues tiene a su cargo (sur le bras) la otra porción de hombres importantes alemanes,20 y Kossuth está ahora, al parecer, de verdad en trato amistoso con Kinkel, y Kinkel, en cada una de sus cartas, escribe de su digno, de su eminente, de su amigo «de igual rango» Kossuth. Kossuth, por su parte, se figura que se apoya, de un lado, en el dictador de Alemania, Kinkel, y de otro en el dictador de Italia, Mazzini, y que tiene asegurado a la espalda al dictador aliado de Francia, Ledru-Rollin. El pobre diablo ha caído muy bajo.
Me ha visitado un francés llamado Massol.21 Colaboró un tiempo en la Réforme bajo Lamennais. Antes estuvo entre los civilisateurs que Mehmet Alí se hizo traer de la Galia.22 Es uno de los pocos hommes d'esprit23 que aún se encuentran entre los franceses. Según él, la estancia de Sazónov24 en París (que, por lo demás, ahora tiene que abandonar) se explica perfectamente por un pasaporte falso muy sólido y por relaciones con algunas femmes galantes que tienen influence en los círculos más altos. Massol te gustará.
He visto además a les citoyens Vallières (viejo barbesista y oficial de barricadas), Bianchi y Sabatier. Este último, muy fino, pero en général no por encima del nivel medio.
Dronke, según oigo, está en Saboya.
Bangya me ha ofrecido colaboraciones de Szemere y de Perczel para Weydemeyer. ¿Sobre qué puntos de la historia húngara (de la guerra o de otra cosa) habría que pedir aclaraciones sobre todo a estos señores? Se entiende que no pueden escribir con su nombre, porque no queremos identificarnos con ninguna camarilla. Pero Perczel es du moins bon républicain25 y sabe muchas cosas.
Hazme el favor —pero no te olvides— de mandarme las Tribunes. Johnson, el amigo de Freiligrath, quiere leer los artículos sobre Germany. Lupus quiere escribir contra Kossuth para Weydemeyer.
En cuanto a la cuestión comercial, ya no saco nada en claro. Tan pronto parece que la crisis está a la puerta, con la City abatida, tan pronto todo vuelve a estar arriba. Sé que todo esto no quita nada a la catástrofe. Pero para seguir el movimiento actual, Londres no es en este momento el lugar.
Salut.
Tu K. M.
Lo del sello es muy sospechoso. Devuélveme el actual, que he examinado con todo detalle.
«Buen viaje»; «esperemos». ↩
«Hace, pues, casi una semana». Era la carta redactada por Engels sobre los presos de Colonia (véase la carta de Engels del 28 de enero de 1852). ↩
«Es casi seguro». ↩
George Julian Harney reanudó en febrero de 1852 su semanario The Friend of the People, interrumpido en 1851. ↩
«Un solo pasaje bastará para hacerte saborear este fruto delicioso». ↩
«Justicia, inmutable, universal, eterna, proclama el principio sublime que será a la vez nuestra estrella guía, la regla de nuestra conducta y la piedra de toque, etc.». ↩
«¡Ya basta!». ↩
«Luis el Vil». ↩
«Querido»: Harney había sido amigo íntimo de Marx y Engels hasta su ruptura en 1851. ↩
«Demagogo de oficio». ↩
«Espíritu de libertad»; «charlatán». ↩
«A tontas y a locas». ↩
«Saltimbanqui», «titiritera». ↩
La Amalgamated Society of Engineers, sindicato de los mecánicos fundado en 1851, entonces en lucha contra un cierre patronal. ↩
«No sé qué son los principios, sino reglas que uno prescribe a los demás en provecho propio». ↩
«Temperamento fogoso». ↩
«Ese es el fin último de la vida en todos los movimientos populares». ↩
János Bangya (1817-1868), oficial húngaro emigrado, que se ganó la confianza de Marx y resultó ser un espía al servicio de varias policías. ↩
Bertalan Szemere, ministro del Interior y jefe del gobierno húngaro en 1849; el conde Kázmér Batthyány, ministro de Asuntos Exteriores en 1849; el general Mór Perczel. Todos ellos, adversarios de Kossuth en la emigración. ↩
Arnold Ruge y su «Comité Central Democrático Europeo», rival del grupo de Kinkel. ↩
Alexandre Massol, periodista francés, antiguo sansimoniano, amigo de Proudhon. ↩
Mehmet Alí (1769-1849), bajá de Egipto, que llamó a técnicos e ingenieros franceses, entre ellos varios sansimonianos. ↩
«Hombres de ingenio». ↩
Nikolái Sazónov (1815-1862), publicista ruso emigrado en París. ↩
«Por lo menos un buen republicano». ↩