Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres el 27 de febrero de 1852. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 155, pp. 324-326) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
27 de febrero de 1852. 28, Deanstreet, Soho.
Querido Engels:
Veo que la otra vez me olvidé de la carta de Reinhardt. El artículo, enviado a Dana, de quien todavía no tengo respuesta a mi petición de que me indique una casa en Londres donde cobrar.1 Mi vieja,2 a pesar de su promesa, todavía no ha dado señales de vida. A las cartas a conocidos de Alemania tampoco he recibido respuesta hasta ahora. Desde hace una semana he llegado al agradable punto en que, por falta de las levitas, que están en la casa de empeños, ya no salgo, y por falta de crédito ya no puedo comer carne. Todo esto es una mierda, pero temo que esta porquería acabe un día en escándalo. La única buena noticia la hemos recibido de mi cuñada la ministra,3 la noticia de la enfermedad del indestructible tío de mi mujer. Si el perro se muere ahora, salgo del atolladero.
Hoy no escribo por extenso, porque estoy ocupado dictando un artículo para Weydemeyer4 y despachando y corrigiendo las demás colaboraciones para él.
En la Augsburger Zeitung he visto (gracias a los servicios de peón de Seiler) que el señor Stirner ha publicado una «Historia de la contrarrevolución».5 Demostrará que la revolución sucumbió porque era «lo sagrado», y que la contrarrevolución triunfó porque se comportó «egoístamente».
El 25 de febrero los franceses celebraron un banquete de febrero, o más bien un mitin seco con acompañamiento de té y sándwiches. Mi mujer y yo estábamos invitados. El resto del público tenía entrada por un franco. Como yo ni podía ni quería ir, mandé a mi mujer con un frenchman. Ledru-Rollin, Pyat, Thoré, Martin Bernard,6 etc., en suma, toda la camarilla rollinista, de la que había partido la cosa, no apareció, porque la entrada a beneficio de los refugiados les parecía demasiado vulgar. L. Blanc también se había excusado. Solo estaba allí la hez más baja de la emigración, que en gran parte se llama blanquista. Pero en cuanto el pequeño y falso corso,7 que aguardaba en algún parlour de las cercanías, apareció, después de que sus espías le aseguraran la ausencia de Ledru-Rollin y compañía, y como no había allí talento ni autoridad ninguna, el coqueto frac azul acero fue recibido con rapturous applause.8 Su discurso, tras el cual se retiró en seguida, embelesó a sus enemigos. Los arrebató. Los conquistó. ¿Y qué dijo that little man, este Johnny Russell del socialismo? Que en el extranjero la gente se asombraba de los extraños sucesos de Francia, pero que él creía más firmemente que nunca en la estrella de la patrie. ¿Y por qué? Je veux, dijo, vous expliquer le mouvement historique,9 etc. A saber: en la vida de todos los grandes militares, por ejemplo de Frédéric le Grand, de Napoléon le Grand, se encuentran des grandes victoires et des grands revers. Eh bien! la France est une nation militaire.10 Tiene sus élans y sus catastrophes. Quod erat demonstrandum. Lo que ha querido, siempre lo ha conseguido: en 1789 expulsó al feudalismo, en 1830 a los reyes. ¿A quién quería derribar en 1848? Quizá pienses que a la burguesía. ¡Ni por asomo! La misère, la hideuse misère.11 Sigue un torrente de lágrimas socialistas sobre la misère. La misère, ce n'est pas quelque chose de fixe, quelque chose de saisissable,12 pero aun así la nación francesa vencerá en la nueva revolución a la misère, y entonces la mère ne détruira plus de ses propres mains le fruit de ses entrailles, la petite fille de sept ans ne se «groupera» plus sous la machine,13 y otras burradas por el estilo. Además, derrochó en su discurso tres chistes enteros. Llamó a Bonaparte 1. un aventurier, 2. un bâtard y 3. le singe de son oncle.14 Esta última novedad provocó en los presentes verdaderos bailes de San Vito. Qu'en dis-tu? Es para desesperar de los crapauds. Su historia, a gran escala, es epigramática, una verdadera obra de arte dramática, ¡pero los tipos! Mon dieu! La ocurrencia del señor Blanc me recuerda un chiste que me contó Massol. Bonaparte está borracho por regla general a partir de las doce de la noche, en compañía de los mâles y de las femelettes15 que reúne a su alrededor en sus orgías. Entonces jura y perjura. Una de las damas de su trato lo disculpa con estas palabras: Mais c'est un militaire!!16
Addio!
Tu K. Marx.
Marx pedía a Charles A. Dana, de la New-York Daily Tribune, que le indicara una casa de Londres en la que cobrar los honorarios de los artículos. ↩
La madre de Marx, Henriette Marx. ↩
Louise von Florencourt, mujer de Ferdinand von Westphalen, ministro prusiano del Interior y medio hermano de Jenny Marx. El tío era Heinrich Georg von Westphalen, de Brunswick, de cuya herencia esperaban algo los Marx. ↩
Un capítulo de El 18 Brumario de Luis Bonaparte, que Marx escribía para Die Revolution de Weydemeyer. ↩
El título real era Geschichte der Reaction (Berlín, 1852). Max Stirner (1806-1856), autor de El único y su propiedad (1845), que Marx y Engels habían criticado en La ideología alemana. III. San Max. ↩
Félix Pyat, Théophile Thoré y Martin Bernard, republicanos franceses emigrados en Londres. ↩
Louis Blanc, nacido en Madrid, de madre corsa. ↩
«Aplausos entusiastas». ↩
«Quiero explicaros el movimiento histórico». ↩
«Grandes victorias y grandes reveses. ¡Pues bien! Francia es una nación militar». ↩
«La miseria, la horrible miseria». ↩
«La miseria no es algo fijo, algo que se pueda agarrar». ↩
«La madre no destruirá más con sus propias manos el fruto de sus entrañas, la niña de siete años no se "agrupará" más bajo la máquina». ↩
«Un aventurero, un bastardo, el mono de su tío». ↩
«Machos» y «mujercitas». ↩
«¡Pero es un militar!». ↩