Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres el 30 de abril de 1852. Se conserva completa; un desgarro del papel se suple con la conjetura de los editores, entre corchetes. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 168, pp. 344-346) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

Londres, 30 de abril de 1852. 28, Dean Street, Soho.

Querido Frederic:

A la vez que esta carta recibes un envío colosal de América. Hoy he recibido también una carta de Cluss,1 de la que te doy extractos más abajo, pero que todavía necesito hasta la semana que viene.

Dronke ha llegado aquí saint et sauf.2 Me gusta más de lo que me temía. Ha crecido, y también a lo ancho, y con ello ha ganado aplomb. De momento se aloja en casa de Anschütz, que lo ha recibido con los brazos abiertos. Va a montar aquí un pequeño negocio, porque tiene el encargo de París de vender aquí petacas y monederos. Un 10 % de comisión. Y gracias a Anschütz entra en seguida en las relaciones necesarias para este trade.3

Por él me he enterado de que el «bravo» Techow4 ha mandado a Suiza un retrato de nosotros en el que nos ponía de vuelta y media, sobre todo a ti. Los militares te tienen envidia de competidores. Et je pense que algún día justificarás leurs pressentiments.5 Además: Schily6 pidió desde Ginebra que esos señores se reconciliaran con nosotros. A lo que siguió un dictamen, firmado por Willich, Techow, Schapper y Schimmelpfennig,7 en el que se decía, entre otras cosas: 1.º, que se había roto por completo con ese partido totalmente impotente; 2.º, que entre nosotros había espías de la policía que se lo denunciaban todo al Gobierno prusiano.

No sé si ya te lo escribí o si lo oíste estando todavía aquí: que en total los señores Kinkel y compañía solo tienen 3000 dólares en efectivo, que todos los respetables, como Löwe von Calbe, se han retirado, que Willich está muy tirante con Kinkel y Reichenbach y que toda la mierda está en plena descomposición.8

El memorándum sobre la Alemania teutona lo recibirás.9

Ayer los perros tuvieron aquí reunión de garantes. Eligieron un comité definitivo. El señor Ruge10 escribió una carta de protesta. Willich no estuvo. Reichenbach se negó de entrada a seguir participando en esa porquería. El comité estará pagado. Los elegidos son: Kinkel, Willich (no es seguro que acepte), Löwe von Calbe (de todas formas no aceptará), Fickler, Ronge, Schütz de Maguncia y uno más.11 Se completan por cooptación. Ruge, en su escrito, ataca a Kinkel como agente del príncipe de Prusia12 y como francmasón.

De la carta de Cluss, lo siguiente:

Huzel (no confundir con Huzzelwitt, amigo de Cluss, [que estuvo presente como garante] en el congreso de Kinkel en Cincinnati)13 escribe a Cluss, entre otras cosas: «Kinkel quiso aplastarme con infamias contra Marx y Engels. Lo que yo quería, lo he conseguido; lo puse tan contra las cuerdas que lo tengo en el bolsillo para mucho tiempo. Quiso asegurarse pidiéndome mi palabra de honor de que callaría el incidente y no le armaría “ningún follón” con una publicación. Un tal Tellering echa pestes como un carretero en una carta a Anneke…»14

Y el propio Cluss escribe: «En Nueva York, en aquella preciosa asamblea cuyo informe te mandé en mi última carta, las muy numerosas asociaciones gimnásticas15 se han constituido por separado y se han declarado a favor de mi protesta y del artículo de Weydemeyer contra el memorial de Kinkel».

¡A propósito! Le había dado a Bangya,16 para Szemere,17 unos cuantos bosquejos a pluma de los grandes hombres alemanes de Londres. Esa carta, no sé cómo, se le ha leído a un librero alemán, sin que le dijeran mi nombre. Ahora pide «semblanzas» de esos señores y, según dice Bangya, está dispuesto a dar 25 libras esterlinas por unos cuantos pliegos. Naturalmente, anónimos o con seudónimo. Bueno, qu'en penses tu?18 En realidad, tendríamos que hacer juntos una humorada de ese tipo. Yo tengo algunos reparos. Si crees que debo meterme en esa mierda, tienes que hacer una colección de mis cartas y de las demás cosas que tengas en las que haya fragmentos para retratar a esos perros. En todo caso, tendrías que mandarme algunas glosas sobre Willich «en acción» y «en Suiza».19

Entre las cosas que te mando encontrarás el borrador de un reclamo publicitario del viejo Szerelmey20 para su obra de láminas y relatos de batallas. Quiere que se lo pulamos un poco y lo convirtamos en un anuncio en inglés, a cambio de lo cual promete a cada uno de nosotros un ejemplar de la obra. Je crois que ça vaut la peine de faire un petit Puff.21

Que el señor Carey publicaría un libro de economía sobre la Harmony of Interests lo preví en cuanto vi su primer impreso.22

Mais que dis-tu, mon cher,23 de que Ruge, en el Janus que te he mandado,24 intente apropiarse el comunismo como el producto más reciente de su «pensamiento humanista», ¡y de qué manera! Mon Dieu!

¿Has leído la pelea de gallos entre Harney y Jones?25 Si no, te mando sus filípicas recíprocas. Los dos, uno por gusto y el otro a la fuerza, descienden aquí al nivel de la polémica de la emigración alemana.

Tuyo, K. M.

¿Has leído alguna vez una estupidez mayor que el artículo de B. Bauer en la Tribune, «La decadencia de Inglaterra»?26 Lo más característico del incorregible viejo teólogo es este pasaje: «Mientras que el Parlamento inglés seguía hasta ahora la política romana y utilizaba los impulsos vitales del pueblo, el espíritu emprendedor de la nación, para fundar su dominio mundial, mientras que, con el mismo espíritu de la antigua Roma, utilizaba las diferencias internas británicas, como por ejemplo la diferencia de la Iglesia alta, del presbiterianismo escocés y del catolicismo irlandés, para formar y desarrollar su arte aristocrático del dominio, ahora, en la lucha continental entre los pueblos y los gobiernos, se ha convertido en partido y se presenta como partido del constitucionalismo en el mismo momento en que este marcha hacia su innegable decadencia». Si esto no es mano de santo contra chinches y piojos, ya no sé qué lo será.

  1. Adolf Cluss (1825-1905), ingeniero, miembro de la Liga de los Comunistas, emigrado a los Estados Unidos en 1848; trabajaba en Washington y mantenía correspondencia con Marx y Weydemeyer. ↩

  2. «Sano y salvo» (en francés se dice sain et sauf; Marx escribe saint, «santo»). ↩

  3. «Negocio», «ramo». ↩

  4. Gustav Adolph Techow (1813-1890), antiguo oficial prusiano, jefe de estado mayor del ejército revolucionario del Palatinado en 1849; emigrado en Suiza y luego en Londres, cercano a Willich. ↩

  5. «Y pienso»; «sus presentimientos». ↩

  6. Victor Schily (1810-1875), abogado de Tréveris, miembro de la Liga, que había participado en la campaña del Palatinado y vivía emigrado en Suiza. ↩

  7. August Willich (1810-1878) y Karl Schapper (1812-1870), jefes de la fracción Willich-Schapper (la «Sonderbund»), que se había separado de la Liga en septiembre de 1850; Alexander Schimmelfennig (1824-1865), antiguo oficial prusiano, combatiente de 1849 en el Palatinado. ↩

  8. El poeta Gottfried Kinkel (1815-1882) había recorrido los Estados Unidos en 1851-1852 para recaudar un «empréstito nacional alemán» destinado a la futura revolución. Wilhelm Loewe, llamado Löwe von Calbe (1814-1886), había sido vicepresidente del Parlamento de Fráncfort; el conde Eduard von Reichenbach (1812-1869), diputado demócrata silesio, era el tesorero del empréstito. ↩

  9. El que Engels le pedía en la carta del 29 de abril de 1852 para los últimos artículos de Revolución y contrarrevolución en Alemania. ↩

  10. Arnold Ruge (1802-1880), antiguo hegeliano de izquierda y codirector con Marx de los Deutsch-Französische Jahrbücher (1844); en Londres era rival de Kinkel en la emigración. ↩

  11. Joseph Fickler (1808-1865), demócrata de Baden; Johannes Ronge (1813-1887), fundador del movimiento católico alemán disidente. ↩

  12. Guillermo, hermano y heredero de Federico Guillermo IV, futuro rey Guillermo I. ↩

  13. Corchetes de los editores de la MEGA, que suplen un desgarro del papel. ↩

  14. Probablemente Eduard von Müller-Tellering, antiguo corresponsal de la Neue Rheinische Zeitung en Viena, que en 1850 había publicado un libelo contra Marx y Engels; Fritz Anneke (1818-1872), antiguo oficial prusiano, combatiente de 1849, emigrado a los Estados Unidos. ↩

  15. Los Turnvereine, sociedades gimnásticas de los emigrados alemanes, de tradición democrática. ↩

  16. János Bangya (1817-1868), oficial húngaro emigrado que se presentaba como enlace de Kossuth y Szemere y que resultó ser un espía de la policía. ↩

  17. Bertalan Szemere (1812-1869), ministro del Interior y luego presidente del Gobierno de la Hungría revolucionaria en 1849; emigrado en París. ↩

  18. «¿Qué te parece?». ↩

  19. Así nació el panfleto Los grandes hombres del exilio, que Marx y Engels escribieron en mayo-junio de 1852; el manuscrito, entregado a Bangya, fue a parar a la policía prusiana y no se publicó en vida de sus autores. ↩

  20. Nicholas Szerelmey, emigrado húngaro, que preparaba una obra ilustrada sobre la guerra de Hungría de 1848-1849. ↩

  21. «Creo que vale la pena hacerle un poco de bombo». ↩

  22. Henry Charles Carey (1793-1879), economista estadounidense, apóstol de la armonía de intereses entre las clases y del proteccionismo; The Harmony of Interests, Agricultural, Manufacturing, and Commercial (Filadelfia, 1851). ↩

  23. «Pero ¿qué dices tú, querido mío?». ↩

  24. Revista de los emigrados alemanes en Nueva York, en la que colaboraba Ruge. ↩

  25. George Julian Harney (1817-1897) y Ernest Jones (1819-1869), dirigentes cartistas. Harney se había hecho con el Northern Star, al que Jones aspiraba, y Jones lanzó en mayo de 1852 su propio semanario, el People's Paper. ↩

  26. Bruno Bauer (1809-1882), amigo de juventud de Marx en Berlín, jefe de los «críticos críticos» de Berlín, colaboraba entonces en el New-York Daily Tribune. ↩