Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres el 30 de agosto de 1852. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 197, pp. 386-389) por la Escuela de marxismo, 2026. Los pasajes en francés se dan traducidos. Las notas son nuestras. Texto original.
30 de agosto de 1852. 28, Dean Street, Soho, Londres.
Querido Engels:
Por los documentos que te he mandado habrás visto cómo maniobran Kinkel-Willich. Hacen como si no existiera la destitución que les han impuesto los garantes de su entorno inmediato e intentan arrancar los votos uno a uno con malas artes; por eso también Schurz1 se ha ido a América justo después del 12. (Lleva además el propósito de fundar allí jardines de infancia de los Amigos de la Luz.)2 Lo que les importa a estos señores es llegar por fin, de verdad, a la administración del dinero, a la que amenazan con renunciar si no se les da el gusto. El point urgent3 es este: los tipos han gastado 200 libras esterlinas que aquí difícilmente les aprobarían. De ahí el intento de que desde América les autoricen directamente y «cuanto antes» a hacer gastos, o a incorporar a un tercer colega, para poder actuar como órgano constituido. Han atacado el asunto con su astucia de costumbre. Primero mandaron los documentos a América y a Suiza, a espaldas de los garantes de Londres. Luego, a estos les entregaron los escritos el día 26 (aunque estaban fechados el 11 y el 12), con la advertencia de que el silencio se tendría por conformidad.
Pero como los votos de los garantes, también en América y en Suiza, podrían salir por mayoría en contra de estos señores, han convocado con todo sigilo en Amberes, para el 14 o el 15 de septiembre, una reunión de garantes afectos a Kinkel, para asegurarse así contra cualquier eventualidad con un supuesto acuerdo de congreso.
Pero de qué clase son las «fuertes» organizaciones de Alemania de que presumen lo vas a ver por lo que sigue.
Sabes que Gebert4 se ha ido supuestamente a América. Tout le monde le croit.5 Pero el asunto es como sigue.
Kinkel-Willich mandaron a principios de este mes un emisario a Alemania, i. e., a Gebert, el oficial de sastre borrachín. En Magdeburgo reunió una llamada comunidad comunista; durante tres días seguidos hubo deliberaciones, con la participación de 26 a 30 miembros; presidía un tal Hammel; se debatió con gran encarnizamiento contra Marx y Engels, y, además de varias cuestiones de administración y de organización, se llegó a la pregunta: ¿cómo y de qué manera conseguir una imprenta? Se encontró un pobre impresor establecido en Magdeburgo o en sus alrededores; se firmó un contrato con él. Pone su office a disposición de la propaganda y se mantiene la antigua razón social. A cambio se le pagaron en el acto 100 táleros y un pagaré de 350 táleros a un año vista.
La policía lo sabía todo desde la partida de Gebert. Lo hace seguir constantemente. Tenía a su informante en la asamblea de menestrales de Magdeburgo. Solo piensa detenerlo cuando haya cumplido su misión y metido en el lío al mayor número posible de gente. El asunto es muy funesto para nuestros presos de Colonia. Si detienen a Gebert, etc., creo que será el momento de denunciar públicamente a estos tipos y de prevenir contra ellos, que, por una agitación de fachada y por darse importancia, hacen el juego desde su escondite seguro a los gobiernos alemanes, y en especial al prusiano. He informado enseguida a Colonia. Cómo me he enterado de la cosa solo puedo contártelo de palabra. El secreto postal también es aquí una cosa problemática.
Willich está completamente arruinado. Ya nadie le presta un céntimo a cuenta de que «la cosa» va a estallar. Su amigo Schärttner le declaró hace unos días coram publico6 que el comer y beber «gratis» tenía que acabarse. Se puso rojo como un pavo, y el inexorable Schärttner, llevando la teoría a la práctica en el acto, le obligó a pagar al contado las pintas que se acababa de beber. Algún apoyo, aunque insuficiente, encuentra todavía Willich en tirarse a la vieja filistea de su patrona, en cuya casa vive. También eso se ha hecho notorio. Ya nadie cree en esa ascética de Sancho Panza. Cuando escribe con Johann h.7 que «el tiempo de la pluma ha pasado, ha llegado el tiempo de la espada», este último pasaje quiere decir, en plain German:8 «Ha llegado el tiempo de fechten».9
El general revolucionario Techow10 no se va a Australia hasta dentro de unos días, con madame Stirner11 y con su prometida. Resulta que, como sabes, llevaba bastante tiempo viviendo aquí en casa de la Stirner. Pero ahora llega su prometida, una persona con fortuna. Cuando la Schmidt se da cuenta, declara que se retira. Pero entonces la prometida, al enterarse de que Techow ha vivido con la Schmidt, declara que ya no lo quiere y hace venir a su prometido eventual, un farmer de Prusia Oriental. Con todo, él vive en casa de ella, y el prometido (el otro) a una hora de Londres. ¡Pobre Techow, el de Buridán!12
Hace unos días Pyat (Félix)13 convocó a los franceses que van con él a una reunión y les presentó un programa que ahora se va a imprimir. Como es natural, «Dios» rondaba por allí. Uno de los presentes protestó contra la idea de dar cobijo a «Dios» en un programa revolucionario. Pyat, conforme al gouvernement direct,14 lo somete a votación. «Dios» pasa por siete votos de mayoría. El Ser Supremo se ha salvado una vez más.15 Antes se decía: Dios no abandona a los suyos. Ahora se dice: los suyos no abandonan a Dios. Una mano lava la otra.
El general Vetter16 había desaparecido de Londres durante bastante tiempo. Nadie sabía adónde. El mystère se ha aclarado. Vetter viajaba con un pasaporte norteamericano en el que figuraba como pintor, con su querida, una cantante llamada Ferenczi. Pasaba por artista. Ella daba conciertos en todas las plazas importantes, y así ha ido él de Génova y Milán hasta Roma, Nápoles y Palermo. Llevaba las contraseñas y las recomendaciones de Mazzini-Kossuth.17 Así tenía acceso a los círculos secretos italianos, mientras que su trade aparente le abría los cercles más altos.18 Hace algún tiempo que ha vuelto aquí y ha rendido informe al Comité Central «Europeo».19 (Notabene: Darasz20 ha muerto y lo enterraron la semana pasada.) El resumen, para gran pesar del «piadoso» Mazzini: Italia se ha materializado por completo. No se habla allí más que de comercio, negocios, sedas, aceites y otras miserias mundanas. Los burgueses calculan de una manera terriblemente positiva las pérdidas que les ha hecho sufrir la revolución de marzo21 y no piensan más que en resarcirse con el presente. En cuanto a la iniciativa insurreccional, están encantados de dejársela a los franceses, ese pueblo frívolo y sensualista. Lo único que temen es que los franceses se den demasiada prisa.22
Ya te figurarás, mi querido amigo, qué mazazo para el arcángel Mazzini. El general Vetter, nombrado ya comandante supremo de las fuerzas mazziniano-kossuthianas, les ha declarado que, siendo así las cosas, lo mejor que puede hacer es marcharse a América con su querida. Al fin y al cabo, el desdichado Mazzini ha acordado con Kossuth tener a bien dejar a los franceses la iniciativa insurreccional.23
Pero no a la vile multitude,24 sino a Bonaparte.
De París me escriben sobre esto, entre otras cosas:
«Kiss,25 el enviado de Kossuth, no solo ha entrado aquí en contacto con los orleanistas, sino también con los bonapartistas. Kiss tiene trato con los hijos de Jérôme.26 Apoyándose en ese trato de sociedad, supo llenarle la cabeza a Kossuth con la idea de entrar en tratos con el gobierno francés en favor de Hungría. El fantasioso agitador cayó en la trampa y para ello mandó aquí a París a Kiss provisto de florines. Kiss se divierte en los cafés y en otras casas, hace antesala de vez en cuando en casa de Pierre Bonaparte,27 le vende humo, escribe magníficos informes a Kossuth, y ya no cabe duda de la liberación de Hungría. Estos revolucionarios par excellence mandan agentes para cerrar con el «tirano» una alianza a vida o muerte.»
Pero eso no es todo.28
Sé de fuente segura que en nombre de la «Centralización» polaca29 han estado aquí el viejo loco de Lelewel30 y Thaddäus Gorzowski. Han presentado a Kossuth-Mazzini un plan de insurrección cuyo pivot31 es la colaboración de Bonaparte. Estos viejos burros de conspiradores se meten cada día en la trampa de nuevo. Como agente aquí tienen y han tenido a un tal conde Lanckoroński, o algo parecido. Este sujeto (vive en el n.º 7 de Harrington Street, Hampstead Road) es agente ruso, y su plan de insurrección tuvo el honor de ser corregido antes en Petersburgo.
Tuyo, K. M.
Carl Schurz (1829-1906), que en 1850 había liberado a Kinkel de la fortaleza de Spandau; emigró en 1852 a los Estados Unidos, donde hizo después carrera política. ↩
Los «Amigos de la Luz» (Lichtfreunde), movimiento protestante racionalista de los años cuarenta. La mujer de Schurz, Margarethe Meyer, discípula de Fröbel, fundaría años después en Wisconsin uno de los primeros jardines de infancia de los Estados Unidos. ↩
«El punto urgente». ↩
August Gebert, oficial de sastre, miembro de la fracción Willich-Schapper. ↩
«Todo el mundo lo cree». ↩
«En público». ↩
Según los editores de la MEGA¹, Kinkel (Johann Gottfried Kinkel). ↩
«En alemán llano». ↩
Fechten, «esgrimir», «combatir», era también en la jerga de los oficiales artesanos «pedir limosna»: el tiempo de ir de gorrón. ↩
Gustav Adolf Techow (1813-1890), antiguo oficial prusiano, jefe del estado mayor del ejército revolucionario del Palatinado en 1849; en 1852 emigró a Australia. ↩
Marie Dähnhardt (1818-1902), separada de Max Stirner, cuyo verdadero nombre era Johann Caspar Schmidt; de ahí «la Schmidt». Emigró a Australia. ↩
Alusión al asno de Buridán, que se moría de hambre entre dos haces de heno iguales sin saber por cuál decidirse. ↩
Félix Pyat (1810-1889), periodista y dramaturgo, diputado de la Montaña en 1848-1849, emigrado en Londres. ↩
«Gobierno directo»: la legislación directa por el pueblo, que defendía una parte de los demócratas franceses en el exilio. ↩
En el original, en francés. Alusión al culto del Ser Supremo de Robespierre. ↩
Antal Vetter (1803-1882), general del ejército revolucionario húngaro en 1849, emigrado. ↩
Lajos Kossuth (1802-1894), jefe de la revolución húngara de 1848-1849, emigrado en Londres; Giuseppe Mazzini (1805-1872), dirigente del movimiento nacional italiano. ↩
Trade: «oficio»; cercles: «círculos». ↩
El Comité Central Democrático Europeo, fundado en Londres en 1850 por Mazzini, Ledru-Rollin, Darasz y Arnold Ruge. ↩
Albert Darasz (1808-1852), demócrata polaco, miembro del Comité Central Democrático Europeo. ↩
La revolución de marzo de 1848 en Italia. ↩
Desde «Italia se ha materializado», en francés en el original. ↩
Todo el párrafo, en francés en el original. ↩
«La vil muchedumbre»: expresión de Thiers en la Asamblea Legislativa, en mayo de 1850, en el debate de la ley que recortó el sufragio universal. ↩
Miklós Kiss (1820-1902), coronel húngaro, agente de Kossuth en París. ↩
Jérôme Bonaparte (1784-1860), hermano menor de Napoleón I y tío de Luis Bonaparte. ↩
Pierre Bonaparte (1815-1881), hijo de Lucien Bonaparte y primo de Luis Bonaparte. ↩
En el original, en francés: Mais ce n'est pas tout. ↩
La Centralización de la Sociedad Democrática Polaca, órgano dirigente de la emigración democrática polaca. ↩
Joachim Lelewel (1786-1861), historiador y demócrata polaco, emigrado en Bruselas. ↩
«Eje». ↩