Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres el 8 de septiembre de 1852. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 200, pp. 392-393) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

8 de septiembre de 1852.

28, Dean Street, Soho, Londres.

Querido Engels:

Tu carta de hoy ha llegado a un ambiente muy agitado.

Mi mujer está enferma, Jennychen está enferma, Lenchen tiene una especie de fiebre nerviosa.1 Al médico no he podido ni puedo llamarlo, porque no tengo dinero para medicinas. Desde hace ocho o diez días he alimentado a la family con pan y patatas, y todavía está por ver si hoy podré conseguirlos. Esta dieta no era, naturalmente, nada provechosa con el tiempo que hace.

Artículos para Dana no he escrito porque no tenía el penique para ir a leer los periódicos. Por lo demás, en cuanto hayas mandado el n.º XIX, te escribiré en una carta lo que pienso del XX, el resumen de la porquería actual.2

Cuando estuve contigo y me dijiste que podrías conseguirme para finales de agosto una suma algo mayor, se lo escribí a mi mujer para tranquilizarla. Tu carta de hace tres o cuatro semanas daba a entender que no había muchas esperanzas, pero aún dejaba alguna. Así que hasta comienzos de septiembre fui dando largas a todos los acreedores, a los que, como sabes, solo se les pagan siempre pequeños fragmentos. Ahora la tormenta es general.

Lo he intentado todo, pero en vano. Primero el perro de Weydemeyer me estafa 15 £. Escribo a Alemania, a Streit (porque él había escrito a Dronke, a Suiza).3 La bestia ni siquiera contesta. Me dirijo a Brockhaus y le ofrezco artículos de contenido inocuo para Die Gegenwart.4 Me dice que no en una carta muy cortés. Por último, la semana pasada me paso el día entero dando vueltas con un inglés que quería conseguirme el descuento de las letras contra Dana.5 Pour le roi de Prusse.6

Lo mejor y más deseable que podría pasar sería que la landlady7 me echara de casa. Así al menos quedaría libre de la suma de 22 £ esterlinas. Pero tanta amabilidad no cabe esperarla de ella. Encima, el panadero, el lechero, el tipo del té, el greengrocer8 y todavía una vieja deuda con el carnicero. ¿Cómo voy a salir de toda esta inmundicia del diablo? En fin, estos últimos ocho o diez días he pedido prestados a los Knoten9 unos chelines y unos peniques, que es lo que más me repugna, pero era necesario para no reventar.

Habrás visto por mis cartas que, como siempre que estoy metido en la mierda yo mismo y no me limito a oír hablar de ella de lejos, la vadeo con gran indiferencia. Pero, que faire?10 Mi casa es un hospital, y la c[risis] se vuelve tan molesta que me obliga a prestarle mi más alta atención. Que faire?

Mientras tanto, el señor Gögg11 vuelve a estar de viaje de placer a América, steamer first class.12 El señor Proudhon se ha embolsado unos cuantos 100 000 francos por su Anti-Napoleón,13 y el padre Massol tiene la magnanimidad de dejarme a mí el miner, fouiller,14 etc. Je le remercie bien.15

Tuyo, K. M.

  1. Jenny Marx, de soltera von Westphalen (1814-1881); Jennychen, la hija mayor, Jenny (1844-1883); Lenchen, Helene Demuth (1820-1890), la criada y amiga de la familia. ↩

  2. Los artículos de Engels para el New-York Daily Tribune, que se publicaban con la firma de Marx: Revolución y contrarrevolución en Alemania. La serie terminó con el XIX; el XX no llegó a escribirse. ↩

  3. Ernst Dronke (1822-1891), escritor, antiguo redactor de la Neue Rheinische Zeitung, emigrado. ↩

  4. La editorial Brockhaus, de Leipzig, publicaba la revista Die Gegenwart. ↩

  5. Letras de cambio giradas contra Dana por los honorarios de los artículos para la Tribune; el inglés era un tal Poenisch, según la MEGA¹. ↩

  6. «Para el rey de Prusia», es decir, para nada. ↩

  7. «La casera». ↩

  8. «Verdulero». ↩

  9. En la jerga de la emigración, los oficiales artesanos alemanes. ↩

  10. «¿Qué hacer?». ↩

  11. Amand Goegg (1820-1897), ministro de Hacienda del gobierno revolucionario de Baden en 1849, emigrado. ↩

  12. «En vapor, en primera clase». ↩

  13. Alusión irónica al último libro de Proudhon sobre Luis Bonaparte, La Révolution sociale démontrée par le coup d'État du 2 décembre (1852). ↩

  14. «Minar, excavar». ↩

  15. «Se lo agradezco mucho». ↩