Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el martes 7 de septiembre de 1852. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 199, pp. 390-392) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
Querido Marx:
La traducción de Pieper me está dando mucho trabajo. El comienzo es justamente muy difícil de traducir, y l'aimable candidat P[ieper]1 ha dado rienda suelta a su encantadora ligereza. Si puedo, la tendrás el jueves.
Aquí ha pasado una novela con Pindar.2 El otro día voy a su casa —no sé si te lo escribí— y me encuentro allí con su madre, a very respectable old English lady,3 y con una joven que tenía un aire muy poco inglés y a la que por eso tomé por rusa. El viernes pasado le pregunté a Pindar si esa krasávitsa4 (beauté) era su mujer o su hermana: ni l'un ni l'autre,5 fue la respuesta. El lunes se presenta su madre en mi casa: su querido Edward se había ido, había desaparecido. Yo no estaba, pero me enteré y fui en seguida. Je trouve la digne mère en pleurs6 y me entero de lo siguiente: Pindar se enamoró en Petersburgo de una sueca (o finlandesa) y, al parecer, se escapó con ella cuando murió su padre. Se casó con ella en Inglaterra: es la krasávitsa de arriba. En Londres conoce a una francesa que, según afirma la vieja, que naturalmente la pone por los suelos, había sido puta en París y querida de un fabricante inglés de comedias llamado Taylor. Le da clases, y el callado candidato se enreda con ella en amoríos. Su mujer descubre el asunto (la vieja había venido entretanto de Kronstadt, había traído dinero y se había reconciliado con la sueca), y, para apartar a P[indar] de la francesa, toda la familia se marcha a Liverpool. También allí hace venir a la lorette,7 y la sueca, que parece tener mucha paciencia y mucho aguante, lo vuelve a descubrir. Nueva emigración, a Manchester, donde la vieja por fin amuebla casa y hasta compra dos (vive de las ruinas de la fortuna de los Pindar, hecha en el Timber and Biscuit Trade8 y dilapidada en sus manos). Pero P[indar] hace venir a su francesa también aquí —ha estado aquí por lo menos tres veces, lo sé porque entonces me pedía dinero con toda regularidad y luego me lo devolvía con no menos regularidad—. Y, para acabar con el asunto, el sábado pasado se escapa con ella; según su madre, a Australia; según me parece más probable, a Nueva York o simplemente a París. Ha sacado de los funds9 190 £ que eran suyas y se las ha llevado, pero en el ómnibus perdió en seguida 20 £ (el camarero del hotel donde se alojaba la francesa cree que se las birló ella). El tipo tenía dinero de sobra: su madre se lo pagaba todo y tenía 100 £ para sus gastos.
La sueca salió ayer tras él hacia Liverpool; tengo curiosidad por ver en qué para la cosa.
El pobre diablo vive terriblemente perseguido, y de por vida, por su tonto matrimonio de juventud con el ideal sueco: voilà ce qui a toujours pesé sur lui.10 Con un poco más de mundo y de maña, con sus 100 £ habría podido mantener aquí estupendamente a la francesa; pero ¿de dónde va a sacar mundo un tipo que a los veintiún años se enamora de una sueca, se escapa con ella y se casa con ella como un buen burgués? ¡Si el muy bobo me hubiera contado la historia, habría sido una nadería arreglarlo! Pero meterse con una francesa à l'étranger11 en una segunda historia, plus ou moins de por vida y en todo caso seria, y escaparse con ella, quelle bêtise! Elle lui en fera voir, ma foi!,12 sobre todo si de verdad se ha ido a Australia. Y encima su vieja es una persona terriblemente bondadosa y débil, con la que habría podido hacer Dios sabe qué. Pero así como Kinkel13 ve la verdadera esencia de todo amorío en el noviazgo, Pindar parece verla en la fuga.
Tus noticias sobre Vetter14 etc. y los de Londres son estupendas. Te devuelvo la carta de Massol,15 y también la de Weydemeyer; las de Cluss16 me las quedo aquí jusqu'à nouvel ordre.17 ¿Qué hay de los artículos para Dana? La ausencia de Pindar me deja más tiempo; ahora me dedico al ruso más con amore sine ira et studio,18 y ya sé algo. Lo militar está de momento at a discount.19 El trabajo de oficina, muy animado.
En cuanto pueda, es decir, dentro de un par de días, te mando dos libras; es todo lo que puedo sacar por el momento.
Tuyo, F. E.
Martes, 7 de septiembre de 1852.
«El amable candidato». ↩
Pindar, inglés criado en Rusia, que daba clases de ruso a Engels en Manchester. ↩
«Una anciana dama inglesa muy respetable». ↩
Ruso krasávitsa, «belleza»; Engels escribe Krasnávitza y Krasnavitza. ↩
«Ni lo uno ni lo otro». ↩
«Encuentro a la digna madre llorando». ↩
En el París de la época, mujer mantenida, de costumbres ligeras. ↩
«Comercio de madera y galletas». ↩
Los fondos públicos ingleses, títulos de la deuda del Estado. ↩
«Eso es lo que siempre le ha pesado». ↩
«En el extranjero». ↩
Plus ou moins: «más o menos»; quelle bêtise!…: «¡qué tontería! ¡Ella le hará pasar las de Caín, a fe mía!». ↩
Gottfried Kinkel (1815-1882), poeta y profesor de Bonn, uno de los «grandes hombres» de la emigración democrática en Londres. ↩
Antal Vetter (1803-1882), general húngaro de la revolución de 1848-1849, emigrado. Marx había contado sus andanzas en la carta Marx a Engels, 30 de agosto de 1852. ↩
Alexandre Massol, antiguo sansimoniano, amigo de Proudhon, que había escrito a Marx. ↩
Adolf Cluss (1825-1905), miembro de la Liga de los Comunistas emigrado a los Estados Unidos, que desde Washington informaba a Marx de la emigración alemana en América. ↩
«Hasta nueva orden». ↩
«Con amor, sin ira ni parcialidad»: Engels junta la expresión italiana con amore con el sine ira et studio de Tácito (Anales, I, 1). ↩
«De capa caída» (literalmente, «por debajo de la par»). ↩