Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 20 de septiembre de 1852. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 204, pp. 396-397) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

20 de septiembre de 1852.

Querido Marx:

No sabía que tuvieras tanta prisa con la traducción; dejé pasar un poco la cosa porque, como te dije, no me encontraba bien, y luego porque P[ieper] me apremiaba tanto, para fastidiarle un poco. Pero ayer mismo me puse a ello, y la habría terminado si a eso de las dos de la tarde no hubiera entrado en mi cuarto el ya talludito señor Schily,1 que quiere montar en Liverpool, con una supuesta patente de sosa, una fábrica que ha de dar un 400-500 por ciento de beneficio neto y puede rendir, según las circunstancias, 4½ millones de táleros al año. Quería discutir conmigo ese plan aventurero: estaba a punto de meterse en esa estafa con unos miles de táleros que le va a procurar su hermano. El señor Heise2 también está en ello, pero no pone más que su talento. Con toda probabilidad, el noble Schily, siguiendo el consejo frío que recibió aquí, no meterá las manos en eso y aprovechará la ocasión que se le presenta de hacerse en Liverpool agente vendealmas de un estafador de emigrantes de El Havre. El señor Heise tuvo una vez el lindo planecito de emplear en esta estafa de la sosa el dinero del Empréstito Nacional,3 con lo que se habría trabajado democráticamente y, con los millones que había que abrazar,4 se habría liberado Europa. Es una lástima que no saliera nada de ese proyecto; la cosa parece haber fracasado sobre todo porque no se pudieron encontrar treinta refugiados capaces de callarse.

Naturalmente, tuve la obligación de emborrachar al noble Schily: il n'y avait pas moyen à y échapper.5 Hacía mucho tiempo que no me topaba con un animal tan inofensivo. La estupidez, la ignorancia y la despreocupación de un hombre de principios así lo superan todo. Cuando ya estaba algo achispado y yo discutía con un tercer alemán, un primo de Charles,6 no paraba de gritar, aunque muy bonachón: ¡No se lo crea usted! El Engels no cree en ná, en ná de ná cree el E[ngels]; los tipos de la Neue Rheinische Zeitung no creen en ná, nadie puede sacar nada en claro de ellos. ¡En ná de ná cree el E[ngels]! Yo le dije, naturalmente, que los tipos de la Neue Rheinische Zeitung, en cambio, no tenían la menor dificultad para sacar en claro en seguida a los de su calaña. Esta mañana el buen hombre ha vuelto a zarpar para Liverpool tras un sincero apretón de manos, y esta noche se termina la traducción. Pero la cosa me retrasa terriblemente, porque tengo que traducir de nuevo, sin excepción, todos los pasajes algo difíciles: P[ieper] sale del paso siempre con una traducción literal, de la que resulta un puro disparate. Algunos pasajes, por lo demás, son casi imposibles de traducir.

Pero haré todo lo posible para terminar esta noche, de modo que la recibas mañana.

Tuyo, F. E.

Si es posible, uno de estos días te mando otra libra.

  1. Viktor Schily (1810-1875), abogado de Tréveris, que había participado en la campaña de Baden y el Palatinado de 1849; emigrado. ↩

  2. Hermann Heise, demócrata de Kassel, emigrado en Inglaterra. ↩

  3. El empréstito revolucionario alemán que Kinkel había recaudado en 1851-1852 entre los emigrados y en América. ↩

  4. Burla con el verso de Schiller «Seid umschlungen, Millionen!» («¡Abrazaos, millones!»), de la Oda a la alegría. ↩

  5. «No había manera de escapar». ↩

  6. Charles Roesgen, empleado de la casa Ermen & Engels en Manchester. ↩