Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres el 25 de octubre de 1852. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 218, pp. 414-416) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

25 de octubre de 1852.

28, Deanstreet, Soho.

Querido Engels:

Tenemos que tomar otras medidas para nuestra correspondencia. Es seguro que tenemos un lector en el ministerio Derby.1 Además, vuelve a apostarse, al menos a modo de ensayo, una guardia (por la noche) delante de mi casa. Así que no puedo escribirte absolutamente nada que no considere conveniente que el gobierno prusiano sepa en este momento.

Dana se porta muy mezquinamente conmigo.2 Le escribí hace unas seis semanas diciéndole exactamente cómo estoy y que necesito a vuelta de correo el dinero de los artículos enviados. Ha publicado los artículos con regularidad, pero el dinero no lo ha mandado todavía. Naturalmente, a pesar de todo tengo que seguir con puntualidad. Si no, al final el castigado vuelvo a ser yo.

Ahora bien, hace ya cinco semanas que había calmado al landlord3 con esa perspectiva americana. Hoy se presenta el tipo y nos ha armado a la housekeeperin4 y a mí un escándalo espantoso. Hoy se ha retirado, después de que yo recurriera por último a la ultima ratio, es decir, a la grosería, con la amenaza de que, si no le consigo dinero esta semana, me pondrá en la calle, no sin antes meterme en casa a un broker.5

De Cluß han llegado hace cuatro o cinco días 130 ejemplares del Brumario.6 Pero hasta ahora no he podido sacarlos de la aduana, porque con ese motivo tengo que pagar 10 chelines y 9 peniques. En cuanto salga esa porquería, los mando al sitio que sabes y giraré en seguida una letra contra ellos. Con este asunto y el de Dana tengo ahora más de 30 libras por cobrar, y por un chelín tengo que perder a menudo el día entero. Te aseguro que, cuando veo los sufrimientos de mi mujer y mi propia impotencia, me dan ganas de echarme en las fauces del diablo.

Han detenido a Kothes y a Bermbach porque, por medio del primero, había mandado yo al segundo un trabajo necesario para la defensa que era algo voluminoso (a pesar del papel fino y de la letra menuda).7 El gobierno creyó haber hecho una captura famosa. Pero el jeune Saedt,8 mirándolo mejor, seguro que ha removido cielo y tierra para echar tierra al asunto, porque el documento contenía curiosas strictures9 sobre el talento, etc., del jeune Saedt y, comunicado a los jurados, solo podía contribuir a la absolución de los accusés.

En la Neue Preußische Zeitung figura «G. Weerth» como miembro de la Autoridad Central en Colonia, y eso citado además del acta de acusación.

Dile a Weerth que no sé nada de Duncker.

Tu K. M.

En cuanto termine el proceso, salga como salga, tenemos que hacer imprimir los dos uno o dos pliegos: «Al público, para su esclarecimiento». No volverá a haber un momento más favorable para hablar a la nation en large.10 Además, no podemos tolerar la apariencia de ridículo, que ni siquiera la dignidad moral y la profundidad científica del manso Heinrich11 son capaces de disipar.

El propio Cherval ha escrito a la Asociación Obrera Alemana de Londres que «es espía, pero en el noble sentido del “espía” de Cooper».12 Por una vía segura he hecho llegar a uno de los abogados las aclaraciones necesarias.

Para la publicación sobre el «proceso de Colonia» que te propongo más arriba hay que buscar ya. Me parecería lo mejor que escribieras a Campe13 para que te indique un comisionista sólido, en caso de que él mismo tenga demasiado miedo. Como tú eres un hombre solvente, al comisionista se le puede decir que recibirá el dinero, por ejemplo, a tres meses (con una letra), si entretanto no se ha resarcido ya (cosa segura) con la venta. Por lo demás, los gastos de imprenta de una porquería así no pueden pasar de 25 táleros.

Vale!,14 y piénsate el asunto. Callar no podemos, y si no nos ocupamos a tiempo de tener dónde imprimir, otra vez llegaremos tarde. Naturalmente, habría que procurar que el comisionista no sea un puro estafador, porque la cosa tendrá incluso valor «comercial».

  1. El gobierno tory de lord Derby (febrero-diciembre de 1852). En 1844 se había descubierto que el ministerio del Interior británico abría la correspondencia de emigrados. ↩

  2. Charles A. Dana (1819-1897), redactor del New-York Daily Tribune, para el que escribía Marx. ↩

  3. «Casero». ↩

  4. La «ama de llaves» de la casa. ↩

  5. El agente encargado de embargar los muebles. ↩

  6. El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, publicado en mayo de 1852 en Nueva York, como primer cuaderno de la revista Die Revolution de Joseph Weydemeyer (véase nuestra traducción). Adolf Cluß (1825-1905), miembro de la Liga de los Comunistas, vivía en Washington. ↩

  7. Kothes, comerciante, y Adolph Bermbach, ambos de Colonia. El trabajo era material para los defensores en el proceso de los comunistas de Colonia, que se celebraba desde el 4 de octubre de 1852 ante el jurado de esa ciudad contra once miembros de la Liga de los Comunistas detenidos en 1851; la acusación se apoyó en buena parte en pruebas fabricadas por la policía prusiana. ↩

  8. El fiscal Saedt, que sostenía la acusación junto con el fiscal general Von Seckendorff. Jeune: «joven». ↩

  9. «Críticas». ↩

  10. «Nación en general». ↩

  11. Heinrich Bürgers (1820-1878), uno de los acusados. ↩

  12. El espía (1821), novela de James Fenimore Cooper cuyo protagonista espía por patriotismo. Joseph Cherval (seudónimo de Joseph Crämer), agente provocador al servicio de la policía, había sido condenado en París en febrero de 1852 en el llamado «complot franco-alemán» y se había fugado. ↩

  13. Julius Campe, editor de Hamburgo (Hoffmann & Campe). ↩

  14. «¡Adiós!». ↩