Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres el 28 de octubre de 1852. Se conserva completa; la copia de la carta de Stieber es de mano de Jenny Marx. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 221, pp. 418-424) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

28 de octubre de 1852.

28, Deanstreet, Soho.

He recibido el dinero y hoy el paquete con la carta. En mi último escrito a ti y a Weerth no había contado a propósito nada que, en caso de que abrieran las cartas, pudiera informar más al gobierno prusiano sobre los pasos dados contra él. Hoy te lo cuento en detalle. Creo que hemos puesto una contramina que va a hacer saltar por los aires toda la patraña del gobierno. Los señores prusianos van a ver qu’ils ont à faire à plus fort.1

El lunes Schneider II2 recibió por Düsseldorf (dirigida a un comerciante conocido de Freiligrath)3 una carta mía cuyo contenido, en resumen, es el siguiente: 1. En 1847, cuando yo estaba en Bruselas, Cherval fue admitido en la Liga en Londres por el señor Schapper y a propuesta de Schapper; no, pues, en 1848 por mí en Colonia.4 2. Desde finales de la primavera de 1848 hasta el verano de 1850, Cherval vivió continuamente en Londres, como pueden probar sus caseras. Así que durante ese tiempo no anduvo por París como propagandista. 3. Solo en el verano de 1850 se trasladó a París. Los papeles que se le incautaron y sus declaraciones ante el jurado de París prueban que era agente de Schapper y Willich y enemigo nuestro. Que Cherval es un espía de la policía se prueba por lo siguiente: 1. Su fuga milagrosa (junto con Gipperich) de la cárcel de París inmediatamente después de la condena.5 2. Su estancia sin molestias en Londres, a pesar de ser un delincuente común. 3. El señor de Rémusat (he autorizado a Schneider a nombrarlo si fuera necesario) me contó que Cherval se le había ofrecido como agente para el príncipe de Orleans.6 Él escribió entonces a París y recibió los documentos siguientes (que me enseñó en copia y me prestó unas horas para copiarlos), de los que se desprende que Cherval fue primero agente de la policía prusiana y ahora lo es de la bonapartista. La policía prusiana le niega una petición de dinero porque eso sería un double emploi7 y él ya cobra del lado francés. Por último, he hecho a Schneider algunas sencillas explicaciones teóricas con las que puede distinguir los documentos de Schapper y Willich de los nuestros y demostrar la diferencia.

Además de la carta a Schneider II que tú hiciste llegar, el mismo documento salió el martes por Fráncfort del Meno (donde el viejo Ebner lo echa al correo y recoge el reçu)8 para el abogado Von Hontheim. El mismo paquete contiene: 1. una carta de Becker a mí con matasellos de Londres y de Colonia, de la que se desprende que nuestra relación era ante todo de naturaleza editorial;9 2. dos notas de Daniels a mí metidas en la carta de Becker, en las que solo habla de su manuscrito;10 3. dos recortes de las actas de Hirsch;11 4. un recorte del People’s Paper en el que, por suerte, el propio Cherval da su domicilio; 5. las cartas (autógrafas) del señor Stieber a mí, de la época de la Neue Rheinische Zeitung, que van en la página 3 de esta carta.12

El martes por la noche llegó, por mano de alguien, una carta de Schneider de la que se desprende que la primera que envió por correo ha sido escamoteada. En cambio, había recibido una carta certificada de aquí que le hice escribir por Dronke, y en la que se le comunicaba que Hentze13 había estado aquí en casa de Willich hacía seis u ocho semanas, que Willich había vivido a su costa y que el propio Willich había presumido aquí de haber dado instrucciones a Hentze sobre cómo debía declarar él contra nosotros. Schneider escribe que todos los abogados están convencidos de que los documentos son falsos, y pide con urgencia pruebas, en particular de que la señora Daniels no me escribió nunca.

El miércoles no se habría podido hacer nada por falta de dinero si por suerte no hubieran llegado tus 2 libras. Así que, ante el Police Court de Marlboroughstreet (before Mr. Wingham, magistrate of the Metropolitan District,14 que se hizo contar el asunto y se declaró furieusement a favor de nosotros y en contra del gobierno prusiano), he hecho autentificar dos cosas:

  1. La letra de Rings y de Liebknecht, que, según escribe Schneider II, firmaron casi todas las actas de Hirsch.15 Ya sabes que Rings apenas sabe escribir; famosa elección de Hirsch para secretario de actas.

  2. He hecho que el dueño de nuestro local de reunión declare que desde marzo la «Society of Dr. Marx» (el tipo solo me conoce a mí), unos 16 a 18 hombres, se reúne regularmente y solo una vez por semana, a saber, el miércoles, y que ni él ni sus waiters16 nos han visto nunca escribir una línea. Lo del miércoles lo ha atestiguado además uno de sus vecinos, un maestro panadero alemán, propietario de su casa.

Los dos documentos, con el sello del Police Court, están extendidos por duplicado. El primer ejemplar se lo mandé por [. . . ]17 a G. Jung,18 que por suerte me había escrito hace tres días diciendo que vive en Fráncfort del Meno y dándome su dirección. Jung llevará él mismo las cosas a Colonia o mandará a un expreso. La carta que ha recibido va dirigida a Schneider II y contiene, además de los documentos legalizados por la policía y el juzgado que te he dicho: a. Una copia de la primera carta a Schneider, con otros dos recortes de las actas de Hirsch. b. Un recorte de una carta de Becker a mí, que por suerte lleva al dorso matasellos de Londres y de Colonia. Becker escribe en ella textualmente lo siguiente (el trozo que he mandado no contiene nada más): «Willich me manda las cartas más divertidas: no contesto, pero no se deja disuadir de exponerme sus nuevos planes revolucionarios. ¡¡¡Me ha encargado revolucionar la guarnición de Colonia!!! El otro día nos partimos de risa. Con sus tonterías todavía va a meter en un lío a x personas, porque una sola carta podría asegurar durante tres años el sueldo a cien jueces de demagogos. Si yo tuviera lista la revolución de Colonia, él no tendría inconveniente en asumir la dirección de las operaciones posteriores. Demasiado amable. Un saludo fraternal. Tu Becker.» c. Tres cartas de Bermbach a mí, de las que se desprende la naturaleza de nuestra correspondencia, y una de las cuales (de marzo) contiene además la respuesta a mi escrito sobre Hirsch y sobre la denuncia contra la señora Daniels y el registro de su casa. Esta carta prueba que ella no mantenía correspondencia conmigo. d. Copia de la carta de Stieber. e. Instrucciones para Schneider, en las que le comunico, entre otras cosas, que los documentos legalizados (o el duplicado) saldrán el jueves (28 de octubre) en carta certificada de Londres dirigida a él directamente, a su dirección, y que al mismo tiempo recibirá por Düsseldorf, del comerciante Wetter, el resguardo del certificado. Así que, si esta vez el gobierno lo escamotea, lo pillamos de manera demostrable au flagrant délit,19 sin que logre sustraer a la defensa más que un duplicado.

En el Advertiser del próximo sábado (30 de octubre) encontrarás una breve declaración sobre los infames artículos del Times y del Daily News. Va firmada: «F. Engels, F. Freiligrath, K. Marx, W. Wolff».20 Lo mismo en varios semanarios.

Creo que esta vez el gobierno prusiano va a quedar en ridículo como ni siquiera a él le ha pasado nunca, y se convencerá de que no tiene que habérselas con esos zoquetes de demócratas. Con la intervención de Stieber ha salvado a la gente. Hasta la detención de Bermbach es una suerte. Sin ella no se podrían haber mandado allí sus cartas. Él se habría resistido, para que no lo metieran en prisión preventiva. Ahora que está dentro, todo está all right.

El padre Barthélemy, nacido para el presidio, conocerá esta vez, para variar, la tierra de Van Diemen.21 Una canallada del muchacho es que se niega obstinadamente a reconocer los hechos y así hunde todavía más al padrino. Pero dos han declarado ya que fueron padrinos de Cournet. El tercero, en cuanto vea más cerca la perspectiva de la horca, pondrá fin a su dévouement22 y se dará a conocer también como padrino.

Hace unos días, reunión de los garantes en casa de Reichenbach, todos juntos salvo Kinkel y Willich, más o menos expulsados: Reichenbach, Löwe de Calbe, Imandt, Schimmelpfennig, Meyen, Oppenheim.23 Reichenbach, y con él los demás, decidieron devolver el dinero a los donantes. Reichenbach dio como motivo principal el siguiente: «Willich y Kinkel cometen una estafa directa. Circulan todavía en América miles de bonos con su firma (la de Reichenbach), que ellos hacían colocar con descuento por sus agentes, cobraban directamente y empleaban para fines privados». Solo la disolución de toda esta porquería le daba el pretexto necesario para revelar públicamente esa estafa que se hacía en su nombre y adelantarse a nuevos robos de bolsa. Ya ves adónde han llegado esos hombres de bien, Willich y Kinkel: des escrocs... voilà le dernier mot.24

Muchos saludos a Weerth.

Tu K. M.

Sobre direcciones seguras aquí, la próxima vez.

[De mano de Jenny Marx]25

En el n.º 177 de la Neue Rheinische Zeitung figura una correspondencia de Fráncfort del Meno, del 21 de diciembre, con la infame mentira de que yo había ido a Fráncfort como espía de la policía para averiguar quiénes eran los asesinos del príncipe Lichnowsky y del general Auerswald.26 Es verdad que el 21 estuve en Fráncfort, pero solo me detuve allí un día y, como verán ustedes por el certificado adjunto, no tuve más que arreglar un asunto privado de la señora von Schwezler, de esta ciudad; hace tiempo que he vuelto a Berlín, donde hace tiempo que he reanudado mi actividad de defensor. Les remito además a la rectificación oficial ya publicada sobre este asunto en el n.º 338 de la Frankfurter Oberpostamtszeitung del 21 de diciembre y en el n.º 248 de la Nationalzeitung de esta ciudad. Creo poder esperar de su amor a la verdad que inserten en seguida en su periódico la rectificación adjunta y que me den el nombre de quien les envió la noticia falsa, conforme a la obligación que la ley les impone, porque no puedo dejar sin castigo semejante calumnia, y de lo contrario me vería obligado, muy a mi pesar, a emprender acciones contra la propia Honorable Redacción.

Creo que en los últimos tiempos la democracia no le debe a nadie más agradecimiento que precisamente a mí. He sido yo quien ha sacado a cientos de demócratas acusados de las redes de la justicia penal. He sido yo quien, todavía en el estado de sitio de aquí, cuando los tipos cobardes y miserables (los llamados demócratas) hacía tiempo que habían abandonado el campo, se ha enfrentado sin miedo y con celo a las autoridades, y lo sigue haciendo hoy. Si los órganos democráticos lo tratan a uno de esta manera, es poco estímulo para nuevos esfuerzos.

Pero lo mejor del asunto, en este caso, es la torpeza de los órganos democráticos. El rumor de que yo iba a Fráncfort como agente de policía lo difundió primero la Neue Preußische Zeitung de aquí, ese famoso órgano de la reacción, para socavar mi actividad de defensor, que le molesta. Los demás periódicos de Berlín lo rectificaron hace tiempo. Pero los órganos democráticos son tan torpes que repiten una mentira tan estúpida. Si yo quisiera ir a Fráncfort como espía, ciertamente no lo publicarían antes todos los periódicos; y además, ¿por qué iba Prusia a mandar a un funcionario de policía a Fráncfort, donde hay funcionarios competentes de sobra? La estupidez fue siempre un defecto de la democracia, y sus adversarios vencieron por astucia. Es igualmente una mentira infame que hace años yo estuviera en Silesia como espía de la policía.27 Entonces era funcionario de policía públicamente nombrado y como tal cumplí con mi deber. Se han difundido sobre mí mentiras infames. Que se presente alguien y me demuestre que me introduje en su casa con engaño; mentir y afirmar puede cualquiera.

Espero, pues, de usted, a quien tengo por un hombre honrado y decente, una respuesta satisfactoria a vuelta de correo. Los periódicos democráticos se han desacreditado entre nosotros por sus muchas mentiras; no persiga usted el mismo fin.

Su seguro servidor

Stieber, doctor en derecho, etc., Berlín, Ritterstraße 65.

Berlín, 26 de diciembre de 1848.

Certifico por la presente que el señor doctor Stieber viajó la semana pasada por encargo mío a Fráncfort y a Wiesbaden para arreglar allí un pleito privado.

La viuda del presidente von Schwezler von Lecton, dama de la Orden de Luisa.

[Sello]

[De mano de Marx]

Te pido ahora que, por la tercera vía que indicas en tu carta, escribas a Schneider a Colonia las siguientes líneas y se las hagas llegar en seguida.

«Stieber, en efecto, compró los 14 a 16 documentos pertenecientes a la camarilla de Willich y Schapper, pero al mismo tiempo los robó. Indujo, en efecto, a robarlos, a cambio de dinero contante, a un tal Reuter.28 Reuter no era desde hacía tiempo precisamente un “funcionario de policía”, pero sí un spy29 de la legación prusiana pagado occasionally y à la tâche.30 Nunca perteneció a una sociedad comunista, ni siquiera a las asociaciones obreras alemanas públicas de Londres. Reuter vivía en la misma casa que Dietz, secretario y archivero de la Autoridad Central de Willich y Schapper.31 Reuter forzó el escritorio de Dietz y entregó los papeles a alguien, Stieber o Schultze. El asunto se había descubierto mucho antes de la vista ante el jurado de Colonia. En efecto, durante su prisión en Hannover el juez de instrucción presentó a Stechan32 varias cartas que él había dirigido a Dietz como secretario del comité de refugiados que presidía Schapper. Stechan, como se sabe, se fugó de la cárcel. Llegado a Londres, escribió a Hannover reclamando esas cartas para poder perseguir a Reuter ante los tribunales ingleses:

  1. Por robo con fractura.

  2. Por falsedad. Afirma, en efecto, que en su carta (que Stieber ha presentado ahora también a los jurados de Colonia) la frase «530 táleros, 500 para los jefes» está interpolada, escrita por la policía. Él solo mandó entonces 30 táleros a Londres y no dijo una palabra de jefes.

El tribunal de Hannover, naturalmente, no atendió la petición de Stechan. El mismo Reuter robó todos los documentos forzando el escritorio de Dietz. Dietz y la camarilla de Schapper no descubrieron el asunto hasta que llegó aquí Stechan.»

Ahora mismo, querido Engels, recibo vuestro paquete. Así que no hace falta que copies lo anterior. Lo mandaré yo mismo directamente en uno de los sobres que me habéis hecho llegar.

Dile a Weerth que ahora tiene asegurado para siempre uno de los puestos de «ministro» que Stieber ha puesto a mi disposición, si no prefiere el puesto de embajador en París que le tienen reservado.

Tu K. M.

Si tienes cosas importantes que escribirme, hazlo a esta dirección: A. Johnson, Esq., (Bullion Office, Bank of England).

  1. «Que tienen que habérselas con alguien más fuerte». ↩

  2. Karl Schneider II, abogado defensor en el proceso de los comunistas de Colonia, que se celebraba desde el 4 de octubre de 1852 ante el jurado de esa ciudad contra once miembros de la Liga de los Comunistas detenidos en 1851. La acusación se apoyó en buena parte en pruebas fabricadas por la policía prusiana; siete acusados fueron condenados a penas de tres a seis años de fortaleza y cuatro absueltos. ↩

  3. Según los editores de la MEGA¹, A. Wetter. ↩

  4. Joseph Cherval, seudónimo de Joseph Crämer, agente provocador; la acusación lo presentaba como emisario de Marx en París. Karl Schapper (1812-1870) dirigía con August Willich la fracción que se había escindido de la Liga en septiembre de 1850. ↩

  5. Cherval había sido condenado en París en febrero de 1852, en el llamado «complot franco-alemán», y se fugó poco después. ↩

  6. Charles de Rémusat (1797-1875), político orleanista, ministro con Luis Felipe, desterrado tras el golpe de Estado de diciembre de 1851. ↩

  7. «Doble empleo». ↩

  8. «Recibo». Hermann Ebner, periodista de Fráncfort, amigo de Marx; mucho después se supo por los archivos austriacos que informaba a la policía de Viena. ↩

  9. Hermann Becker (1820-1885), uno de los acusados, editor en Colonia; preparaba una edición de escritos de Marx. ↩

  10. Roland Daniels (1819-1855), médico de Colonia, otro de los acusados. ↩

  11. Wilhelm Hirsch, agente de la policía prusiana, autor del falso «libro original de actas» de las reuniones del grupo de Marx en Londres que la acusación presentó como prueba. ↩

  12. Las cartas de Stieber a la Neue Rheinische Zeitung de diciembre de 1848, cuya copia va más abajo. ↩

  13. Albert Hentze, miembro de la Liga, testigo de cargo en el proceso. ↩

  14. «Ante el señor Wingham, magistrado del Distrito Metropolitano». Engels lo llama Windham en su carta del 16 de octubre. ↩

  15. Las actas falsas aparecían firmadas por los emigrados Rings y Wilhelm Liebknecht, entre otros. ↩

  16. «Camareros». ↩

  17. El papel está dañado. ↩

  18. Georg Jung (1814-1886), demócrata de Colonia, uno de los fundadores de la Rheinische Zeitung en 1842. ↩

  19. «En flagrante delito». ↩

  20. La declaración de Marx, Engels, Freiligrath y Wilhelm Wolff a los periódicos ingleses sobre el proceso de Colonia, que apareció en el Morning Advertiser el 30 de octubre de 1852. ↩

  21. El 19 de octubre de 1852 Barthélemy había matado en duelo, cerca de Londres, a Frédéric Cournet, antiguo oficial de marina francés también emigrado; Barthélemy y los padrinos fueron juzgados por ello. La tierra de Van Diemen (Tasmania) era una colonia penitenciaria británica. ↩

  22. «Abnegación». ↩

  23. Los garantes del empréstito revolucionario de Kinkel: el conde Oskar von Reichenbach, su tesorero; Wilhelm Löwe, llamado de Calbe, último presidente del Parlamento de Fráncfort en Stuttgart; Peter Imandt, Alexander Schimmelpfennig, Eduard Meyen y Heinrich Bernhard Oppenheim, emigrados demócratas. ↩

  24. «Unos estafadores... esa es la última palabra». ↩

  25. Jenny Marx copió aquí la carta que Wilhelm Stieber, entonces abogado defensor en Berlín, había escrito a la redacción de la Neue Rheinische Zeitung el 26 de diciembre de 1848, con el certificado adjunto. ↩

  26. El príncipe Felix Lichnowsky y el general Hans von Auerswald, diputados de la derecha en el Parlamento de Fráncfort, fueron muertos por la multitud durante el levantamiento de Fráncfort del 18 de septiembre de 1848. ↩

  27. En 1845, Stieber se había infiltrado en Silesia entre los artesanos y obreros radicales y había denunciado a varios. ↩

  28. Max Reuter, confidente de la policía prusiana en Londres. ↩

  29. «Espía». ↩

  30. «Ocasionalmente» y «a destajo». ↩

  31. Oswald Dietz, secretario de la Autoridad Central de la fracción Willich-Schapper en Londres. ↩

  32. Gottlieb Ludwig Stechan, ebanista de Hannover, miembro de la fracción Willich-Schapper, detenido en Hannover en 1851; se fugó de la cárcel y en Londres se acercó al grupo de Marx. ↩