Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres el 22 de marzo de 1853, con una posdata del 23. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 244, pp. 459-462) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

22 de marzo de 1853.

Querido Engels:

Tu artículo sobre Turquía, estupendo. Enviado.

No sé si has leído las siguientes noticias en uno de los últimos números del Economist sobre el «value of Turkey»:1

«While our commerce with Austria and Russia is either stationary or on the decline, with Turkey it is rapidly increasing. We are not able to state what proportion of our exports may find their way to Austria through Germany, but we believe it only small. Our direct trade with Austria is absolutely insignificant. Our exports of british products to her Adriatic ports (the only ones she has) were not given separately from those to the rest of Italy till 1846, when they reached 721 981 £. In 1850 they had fallen to 607 755 and in 1851 had risen to 812 942 £. Our exports to Russia were on the average of 1840 and 1841: 1 605 000 £ in 1846 and 1847, 1 785 000 £; and in 1850 and 1851, 1 372 000.» «Our exports to the Turkish dominions, including Egypt, Syria, Palestina, Moldavia and Walachia, have progressed as follows:2

£££
18401 440 59218443 271 33318483 626 241
18411 885 84018453 134 78918493 569 023
18422 068 84218462 707 57118503 762 480
18432 548 32118473 530 58918513 548 591

Our exports are therefore threefold those to Russia and nearly double those to Russia and Austria together.» Hasta aquí el Economist.

En el propio ministerio inglés tiene que haber una gran trifulca sobre la «Turkish question», porque el periódico de Palmerston, el Morning Post, toca exactamente la música contraria que el Times.

Disraeli ha sido felizmente destituido de su leadership del «great conservative party», y Sir John Pakington, a mournful man otherwise,3 ha ocupado su lugar. Es la primera vez desde 1828 que el partido tory tiene un «leader» tan cerrado como su grueso.

Ya habrás visto que en la última votación sobre la Clergy Reserve Bill, en la que el digno Russell, de las tres clauses que había propuesto, proposed él mismo the omission of the third clause,4 el ministerio solo obtuvo la victoria gracias a los votos de la minoría conservadora. Mala señal.

Mazzini está aquí desde hace unos días, aunque de momento todavía de incógnito.

Que el «good Aberdeen» está muy dispuesto a buscarles las cosquillas a los refugiados lo puedes ver en que la semana pasada la policía inglesa levantó una especie de estadística de refugiados. Dos o tres detectives, in plain clothes,5 fueron de square en square y de calle en calle y tomaron notas, en la mayoría de los casos en casa de los vecinos o de los taberneros cercanos. Pero excepcionalmente (por ejemplo, en casa de Pulszky; el sinvergüenza está ahora en América), con el pretexto de que se había cometido un robo, etc., entraron en los domicilios de los propios refugiados y examinaron sus papeles.

El honorable Barthélemy ha salido del paso con dos meses de cárcel.6 El desvergonzado tipo mandó decir a Ledru-Rollin que lo mataría a tiros como a un perro. Ledru-Rollin le mandó contestar que jamás se batiría con un hombre semejante. Barthélemy replicó a su vez que, si quería hacer batirse a alguien, ya sabía cómo: bofetadas en público, escupir en la cara y cosas así eran remedios probados. A lo que Ledru-Rollin le hizo saber que, en tal caso, Barthélemy conocería su bastón y al magistrate inglés. Este Barthélemy quiere a toda costa llegar a ser el Rinaldo Rinaldini7 de la emigración. También es una ambición.

El padre Willich ha desembarcado en Nueva York. El amigo Weitling le organizó un banquete de trescientas personas, en el que Willich se presentó con una enorme faja roja, pronunció un largo discurso cuyo contenido era que el pan vale más que la libertad, y recibió de manos de Weitling una espada. Luego salió Weitling y demostró que Jesucristo fue el primer comunista y que su sucesor no es otro que el conocido Wilhelm Weitling.

He recibido una carta de Schabelitz, que te adjunto. De ella se desprende: 1. que, aunque no me ha traicionado políticamente, ha procedido con infinita estupidez; 2. que por lo menos comercialmente quería engañarme, y todavía quiere. Originalmente, y por contrato, solo debía tirar 2000 ejemplares. De su carta se deduce que ha tirado más. ¿Cuántos? Tampoco lo dice ahora. Al mismo tiempo, el doctor Feddersen ha contestado a Dronke, que le había escrito sobre el asunto. Confirma la carta de Schabelitz, pero comunica a la vez que, en su opinión, no se dará más curso a la instrucción judicial contra Schabelitz. La cuestión es: ¿qué hacer ahora? El gobierno prusiano desea enterrar completamente la cosa,8 hasta el punto de que el ministro de Asuntos Exteriores busca una «Teoría del comunismo» que yo habría publicado en Basilea. O sea, que hasta el título debe quedar oculto al público. Que faire?

Schabelitz me ha mandado dos ejemplares, uno directamente a mí y otro a Freiligrath, por los que tuve que pagar en total 15 chelines. Bonito ingreso. Hasta ahora no me ha sido posible arrancarle los ejemplares a la camarilla. Pero para el miércoles (mañana) pienso tener uno, junto con el paquete que hace tiempo tengo preparado para ti.

Zerffi está aquí. Huyó de París con la redada contra los corresponsales extranjeros. Cree que el amigo Bangya (al que, dicho sea en passant, le va mal y que en mayo quiere volver aquí) lo ha denunciado como autor de unos artículos de la Kölnische Zeitung comprometedores para la «Blonde Souveraine».9 Zerffi es un charlatán, pero sobre la situación de Hungría tiene opiniones más independientes y más acertadas que las que he oído a otros refugiados de allí. Puede deberse a que de origen no es magiar, sino un «suabo»,10 y no solo un suabo, sino hijo de un judío de Hannover que probablemente se llamaba Cerf y se magiarizó en Zerffi.

Nuestra gente de Alemania son unos perros miserablemente flojos. Ni una palabra de esos tipos ha llegado hasta aquí. Han visto en los periódicos que ha salido un folleto sobre su asunto. Pero ni siquiera preguntan. No hay reacción ni empuje en esos tipos. Viejas: voilà tout.

Seguramente no habrás visto en Manchester una noticia cómica de la Nation.11 El ángel Montijo padece, en efecto, un mal de lo más indelicado. Es apasionadamente dada a los pedos e incapaz de reprimirlos, incluso en sociedad. Antes empleaba como remedio la equitación. Ahora que Bonaparte se lo ha prohibido, se «desahoga». Ce n’est qu’un bruit, un petit murmure, un rien, mais enfin, vous savez, que les Français ont le nez au plus petit vent.12

¿Se sabe algo de Weerth en Manchester?

Tu K. M.

23 de marzo. Ayer, a raíz de nuestro llamamiento, de tres líneas con todos nuestros nombres, llegó al tesorero Freiligrath un envío de 20 libras y 17 chelines para los de Colonia de la Sociedad Gimnástica de Washington.13

Schimmelpfennig ha heredado 1000 libras esterlinas de la Brüning.

  1. «Valor de Turquía». Lo que sigue: «Mientras nuestro comercio con Austria y Rusia está estancado o en retroceso, con Turquía crece rápidamente. No podemos decir qué proporción de nuestras exportaciones llega a Austria a través de Alemania, pero creemos que es pequeña. Nuestro comercio directo con Austria es absolutamente insignificante. Nuestras exportaciones de productos británicos a sus puertos del Adriático (los únicos que tiene) no se dieron por separado de las del resto de Italia hasta 1846, cuando alcanzaron 721 981 £. En 1850 habían bajado a 607 755 y en 1851 habían subido a 812 942 £. Nuestras exportaciones a Rusia fueron, como media de 1840 y 1841, 1 605 000 £; en 1846 y 1847, 1 785 000 £, y en 1850 y 1851, 1 372 000.» ↩

  2. «Nuestras exportaciones a los dominios turcos, incluidos Egipto, Siria, Palestina, Moldavia y Valaquia, han progresado como sigue». Y tras el cuadro: «Nuestras exportaciones son, pues, el triple de las que van a Rusia y casi el doble de las que van a Rusia y Austria juntas». ↩

  3. «Por lo demás, un hombre lúgubre». Sir John Pakington había sido ministro de las Colonias en el gobierno Derby. ↩

  4. «Propuso la supresión de la tercera cláusula». La ley sobre las tierras reservadas al clero en Canadá. ↩

  5. «De paisano». ↩

  6. Por el duelo en que, en octubre de 1852, Barthélemy había matado al emigrado francés Frédéric Cournet. ↩

  7. El bandido protagonista de la novela de Christian August Vulpius Rinaldo Rinaldini, capitán de bandidos (1798). ↩

  8. Las Revelaciones sobre el proceso de los comunistas de Colonia, cuya edición había sido confiscada en la frontera de Baden. En el proceso, celebrado en octubre y noviembre de 1852, siete miembros de la Liga de los Comunistas fueron condenados con pruebas fabricadas en parte por la policía prusiana. ↩

  9. «La soberana rubia», la emperatriz Eugenia de Montijo, casada con Luis Bonaparte en enero de 1853. ↩

  10. Nombre que los húngaros daban a los alemanes. ↩

  11. La Nation, periódico de Bruselas. ↩

  12. «No es más que un ruido, un pequeño murmullo, una nada, pero en fin, ya sabe usted que los franceses tienen nariz para el más pequeño viento». ↩

  13. Para ayudar a los condenados en el proceso de los comunistas de Colonia y a sus familias. ↩