Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres el 14 de diciembre de 1855. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/2, Berlín, 1930, carta n.º 371, pp. 100-101) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
14 de diciembre de 1855. 28, Dean Street, Soho.
Querido Engels:
El arresto domiciliario empieza a hacerse molesto. Todavía no he respirado ni un sorbo de aire libre. Pero ayer se despacharon otros 1000 Germans. Jones va a venir por fin hoy, según dicen.
Anteayer por la noche recibí una visita que no adivinarías. Edgar Bauer —al que no veía desde hacía un año, más o menos— vino y con él… Bruno.1 Lleva ya quince días aquí y quiere quedarse about 6 months,2 «para poner a prueba su afirmación», cosa que, tal como lo enfoca, no puede de ningún modo salirle mal. El hombre ha envejecido visiblemente, la frente le ha crecido, y ahora da más o menos la impresión de un viejo profesor pedante. De momento se aloja en casa de Edgar, en una choza somewhere about3 al final de Highgate, y está allí metido en plena miseria pequeñoburguesa, sin ver ni oír nada. Eso es lo que toma por Londres, y cree que, salvo 30 000 privilegiados, todos los ingleses viven como Edgar Bauer. De ahí su odio y su «desprecio» del país, enormes. Le parece que vive «en Treuenbrietzen».4 Londres es una verdadera «cárcel» cuando uno viene de «Berlín». Con este motivo salió también a relucir que su ideal actual es el campesino «de Frisia oriental», el «de Altenburgo» y, en parte, el «de Westfalia»: esos verdaderos nobles. Está convencido, además, de que a esos patanes no hay manera de hacerlos desaparecer a fuerza de cavilaciones, y de que la moderna canallada niveladora, de la que se lamenta el hombre de la «disolución», se estrellará contra esas rocks. Era muy curious oír a la «Crítica» hacer la confession de que, en última instancia, su fundamento real es Berthold Auerbach.5 Según él, salvo algunas «ciudades puramente comerciales», las ciudades de Alemania se hunden, pero «el campo» florece de maravilla. Del auge industrial no sabía una palabra, pero se lamentaba en silencio de que ahora en Alemania no se hace más que «improvements».6
La «lengua inglesa» es «miserable», completamente romanizada. Entonces, para consolarle, le expliqué que holandeses y daneses dicen lo mismo de la lengua alemana, y que los «islandeses» son los únicos tipos verdaderos, no corroídos por lo latino.
El viejo se ha ocupado mucho de lenguas. Habla polaco y por eso declara la lengua polaca «la más hermosa de todas». Su estudio de las lenguas parece haber sido muy poco crítico. Tiene, por ejemplo, a Dobrovský por alguien mucho «más importante» que Grimm y lo llama el padre de la lingüística comparada.7 Además, los polacos de Berlín le han hecho creer que el viejo Lelewel ha refutado en un escrito reciente la Historia de la lengua alemana de Grimm.8
¡A propósito! Contó también que en Alemania ha salido un grueso volumen (de parte alemana) contra el diccionario de Grimm. El volumen entero consiste en los disparates que se le han demostrado a Grimm.9
Pese a todos sus esfuerzos por mostrarse humorístico, dejaba traslucir un gran malhumor y melancolía por el «presente». En Alemania —horrible indeed!— ya no se lee ni se compra nada más que míseras compilaciones de ciencias naturales. Cuando vengas, nos divertiremos mucho con el viejo.
Köppen lleva años trabajando en un libro sobre el budismo.10 Rutenberg es el editor del Staats-Anzeiger.11 El señor Bergenroth, que ha andado rodando por América (del Norte y del Sur) como comisionista (comercial), ha vuelto sans argent12 y enfermo.
Todavía espero la segunda edición del Times o del Morning Post. Quizá las noticias obliguen a plantear lo de Kars de manera algo más hipotética. Para ello, de todos modos, bastarían cambios muy pequeños (un par de palabras en condicional). Yo, por mi parte, creo que Kars ha caído.13
Hoy hay en el Herald —según me cuenta mi mujer— un artículo nada desdeñable sobre los misgivings de Bona as to the true intentions of Viscount Palmerston.14 Que Pam está muy mal con la Corte lo ves por el artículo del Times contra el príncipe Alberto. Al mismo tiempo, otra vez la vieja maniobra de presentar al príncipe Alberto como un peso que oprime al «ministerio».
Salut.
Tu K. M.
Bruno Bauer, el joven hegeliano contra el que Marx y Engels habían escrito La sagrada familia (1845), y su hermano Edgar, emigrado en Londres. ↩
«Unos seis meses». ↩
«Por algún sitio hacia». ↩
Pequeña ciudad de Brandeburgo, sinónimo de provincia. ↩
Berthold Auerbach, autor de las populares Historias de aldea de la Selva Negra. «La Crítica», la «crítica crítica» de Bruno Bauer. ↩
«Mejoras». ↩
Josef Dobrovský (1753-1829), filólogo checo, fundador de la filología eslava. El filólogo Jacob Grimm. ↩
Joachim Lelewel, historiador y revolucionario polaco, emigrado en Bruselas. Jacob Grimm, Geschichte der deutschen Sprache (1848). ↩
El Deutsches Wörterbuch de los hermanos Grimm, cuya primera entrega había salido en 1852. ↩
Karl Friedrich Köppen, amigo de Marx de los tiempos del Club de los Doctores de Berlín. Su obra Die Religion des Buddha se publicó en 1857-1859. ↩
Adolf Rutenberg, antiguo joven hegeliano, redactaba el Preußischer Staats-Anzeiger, el diario oficial prusiano. ↩
«Sin dinero». ↩
Kars había capitulado el 28 de noviembre de 1855 (véase la carta de Engels del 12 de diciembre de 1855). ↩
«Recelos»; «sobre las verdaderas intenciones del vizconde Palmerston». Bona: Luis Bonaparte. ↩